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La mesa verde
Iniciamos en este número una serie de textos
alrededor de piezas clásicas de la danza del
siglo XX. Nada mejor para abrir esta nueva
sección que la obra más emblemática del
expresionismo alemán, un alegato anti-bélico
estrenado por Kurt Joos, en 1932.
Texto:
Carlos Paolillo /
Foto: Roger Wiolett
La
danza expresionista alemana constituyó un
movimiento que fue más allá de la
esencialidad artística para llegar a las
complejidades de lo social. La nueva danza
de Alemania surgida a principios del siglo
XX al amparo del expresionismo como
ideología y como estética, bajo las
trascendentes aportaciones sobre movimiento
y espacio de Rudolf von Laban, determinó un
revelador abordaje del cuerpo y sus
posibilidades de comunicación. Un nuevo
formalismo se hizo necesario para recrear
situaciones de extrema violencia y agudas
crisis existenciales, para interpretar al
ser humano de tiempos de conflictos bélicos
sofisticados e inquietante desarrollo
tecnológico. Una danza alternativa emergió
como consecuencia de cambios radicales en
los paradigmas del arte, no complaciente y
evasivo, sino crítico y comprometido.
Mostrar la realidad de una manera
estéticamente exagerada para, precisamente,
enfatizarla y despertar conciencia de
espectador activo dentro de los públicos,
fue un imperativo de los expresionistas,
creadores de un arte para la reflexión, no
para la emoción.
Las voces contundentes de Mary Wigman y Kurt
Joos contribuyeron a la modificación
definitiva de los ideales y los valores
preexistentes alrededor de la danza
escénica. Testigos de su época, dieron
evidencia a través de sus obras de un
individuo aislado y un colectivo desvastado.
Wigman, espartana e introspectiva. Jooss,
animador y militante.
El coreógrafo resume en si mismo al creador
político y visionario, no al mero esteta.
Fue Joos heredero y entusiasta divulgador
de los preceptos de Laban sobre la
composición en la danza y las múltiples
direcciones que puede tomar el movimiento en
el espacio, también fundador del Neue
Tnazbühne, su primera agrupación
perteneciente primero al Teatro Municipal de
Munster y luego a la Ópera de Essen e
igualmente de la renombrada Escuela Folkwang.
La mesa verde,
es quizás la más celebrada creación de Jooss,
un satírico alegato sobre el belicismo y el
poder político internacional. Estrenada el 3
de julio de 1932 en el Théâtre des Champs-Elysées
por el ya denominado Ballet Jooss, había
ganado el Concurso Internacional de
Coreografía celebrado en París. La
actualidad y pertinencia de su temática la
convirtió en su claro referente de su tiempo
y un incunable de la danza universal del
siglo XX.
Jooss sin pretender construir la narración
lineal de una historia, estructura en La
mesa verde una singular dramaturgia
contentiva del espíritu crítico
expresionista y de la personal visión de su
país y del mundo de su tiempo. Un prólogo y
un epílogo de similar carácter dan inicio y
redondez final a la obra. La proverbial
cúpula de la política internacional decide
en un claustro el destino de la humanidad.
La corrosiva pantomima determina el
elocuente lenguaje corporal de estas
secciones de la pieza.
El cuerpo del relato escénico está dividido
en actos que sugieren los distintos ámbitos
de la guerra y sus protagonistas: los
soldados y las mujeres que los acompañan
desde distintos roles y situaciones. Dos
personajes símbolo profundizan el discurso
dramático: La muerte, rectora de todas las
acciones y el clown, perturbador
histrión que recurrentemente distancia
emoción y razón. La mesa verde
remarca el gran principio rector de Kurt
Joos, la danza como exaltación crítica y
síntesis plena de los sentimientos del
hombre.
Su mensaje anti-bélico sigue intacto, y no
resulta casual que en tiempos de guerra
antiterrorista haya vuelto, en 2004, a
compañías tan distintas como el Milwakee
Ballet, de Estados Unidos, o Introdans,
compañía juvenil de Holanda.
Publicado en
Susy Q-19 (marzo/abril 2009)
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