Publicado en Susy Q 1 -  Marzo/Abril  2006

 

Críticas

Geométrico Bach

 
 

BALLET DE ZURIC

In den Winden im Nichts

Coreografía: Heinz Spoerli.

Lugar: Gran Teatre del Liceu.

Fecha: 20 de enero

 

Era ésta una asignatura pendiente. Con In den Winden im Nichts el Ballet de Zuric cierra la segunda fase de la deuda largamente contraída por Spoerli con Bach. El coreógrafo suizo ya maravilló en junio de 1998 al público barcelonés con la interpretación coreográfica de unas Variaciones Goldberg de magistral desarrollo dancístico. Como en la composición de Bach, los bailarines se combinaban entonces en nuevas y variadas alienaciones. Las posibilidades devenían infinitas, con un impacto coreográfico y plástico construido siempre sobre el placer de los pequeños matices y detalles. Bach es un sistema de ecuaciones. Y a Spoerli le ha dado por buscarle y encontrarle equivalencias sobre el trazado escénico: idénticas geometrías, semejantes sistemas de abstracción de realidades.

Spoerli y el Ballet de Zuric no sólo han asumido retos formales. Cuando se enfrentan a clásicos como Giselle, por ejemplo, es en este mismo frío cálculo y precisión donde están sus principales virtudes. El suizo es un creador fascinado por los grandes clásicos de la música. Ha coreografiado Haydn, Brahms o Schubert con resultados de una gran luminosidad y atractivo. Bach, sin embargo, se ha llevado la parte del león. Tras las Variaciones Goldberg, Spoerli trajo sus Elementos al Liceu, en febrero de 2001, también como ahora con música de violonchelo en directo. Había entonces la tierra, el agua y el fuego. Faltaba el aire, que debió de parecerle que necesitaba desarrollo aparte, más extenso. Cada uno de los elementos ha connotado su propia coreografía. Un enorme anillo ha servido de elemento escenográfico común. Y, en el nuevo título, que viene a significar algo así como “en medio del aire en la Nada”, Spoerli insufla a la coreografía un cierto aire aéreo: los chicos cobran mucho protagonismo portador cuando acompañan a las bailarinas, levantadas por los aires, inusual en tanta medida en la danza contemporánea, al mismo tiempo que en solitario asumen protagonismos, partes y tonos gráciles muchas veces reservados a ellas. Por otra parte, la espiritualización implícita en la música y en algún fragmento contrasta en otros con cierto humor y flashes visuales que remiten de lejos a la gimnasia, el patinaje o la natación sincronizada, como en una especie de contraste entre tradiciones clásicas y contemporáneas. Spoerli exige a los intérpretes y estos le devuelven la pelota. La perfección prima sobre una expresión que es más intelectual que emotiva: límpida y transparente, por supuesto, pero también tan fría como el aire de las más altas atmósferas. JOAQUIM NOGUERO

 
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