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Moon Water
(Agua de Luna) es una pieza abstracta
de gran poética visual que dejó al público
embriagado, en un estado de placentera
anestesia. Y es que la fusión del tai-chi,
la meditación y la danza contemporánea
consiguen un resultado sorprendente:
transmitir una gran fuerza y a la vez
sutileza y fragilidad.
Tal es el
resultado, donde la danza parece ser el
estado natural de los 18 cuerpos que llenan
el minimalista escenario en momentos
corales, dúos y solos. El control corporal y
la fuerza interior se aúnan regalando al
público un equilibrio vibrante del
primer al último instante. El espectáculo
alcanza su punto álgido cuando el suelo de
linóleo empieza a llenarse de agua y los
bailarines se deslizan repetitivamente, a
modo de mantra, salpicando todo lo
que hay a su alrededor. Mientras los cuerpos
se reflejan en el agua, sus siluetas pueden
verse en un gran espejo colocado al fondo
del escenario. La imagen se triplica
consiguiendo un efecto de gran belleza
visual. El susurro del agua se suma a la
respiración no contenida de los bailarines y
a las Suites para violonchelo de Bach
que tan acertadamente acompañan sus
movimientos. Después de cinco minutos de
merecidos aplausos, la anestesia caduca y
volvemos al ritmo trepidante que caracteriza
nuestros días en occidente.
XÈNIA GUIRAO |