Publicado en Susy Q  11 -  Noviembre/Diciembre  2007

 

Críticas

Luto y sobriedad

 
                                                                          Fotografía:  Joris-Jan Bos
 

Nederlands Dans Theater

Silent Screen / Bella Figura

Coreografía: Paul Lightfoot/Sol León; Jiri Kylián

Teatro: Real (Madrid)

5 de septiembre de 2007

 

El Nederlands Dans Theater (NDT) ha venido a Madrid con un programa singular y emotivo. Dos piezas muy distintas entre sí que demuestran la amplitud y pluralidad del legendario colectivo holandés. Silent Screen, la primera de ellas, es pieza sombría y bella, obra de luto cerrado que habla de la muerte. Nunca desde el desgarramiento ni los desbordamientos emocionales. Siempre desde el recogimiento, desde el dolor privado por la ausencia, desde el vacío dejado por los que se han ido. En este sentido, resulta no solamente acertada sino ciertamente espectacular esa triple pantalla de efecto panorámico donde los coreógrafos Paul Lightfoot y Sol León atrapan lo intangible: los recuerdos, los paisajes del alma, el universo todo. La rigurosa e inteligente selección del amplio y aparentemente monótono repertorio del compositor Philip Glass es en buena medida responsable del clima de sobriedad y serenidad de esta pieza que discurre con delicadeza, casi en cámara lenta, en un escenario enorme e insondable que hace a los bailarines pequeños. El efectivo y eficaz efecto del traje negro que baña el escenario de oscuridad, sus guiños sutiles pero directos al cine mudo, su estructura cerrada y circular, y el buen hacer de sus bailarines en todo momento a la altura de las exigencias físicas y emocionales hacen de Silent Screen una verdadera experiencia. También emotiva, pero desde otra óptica, Bella Figura (1995), la segunda del programa, es menos directa y más abstracta. Habla del rostro y la máscara de Pirandello, del cómo somos en realidad y cómo nos mostramos al mundo. Con verdadera astucia, Jiri Kylian, quien fuera director del NDT durante 25 años, usa telones que caen y suben para subdividir el espacio, reinventarlo, y como si de cine se tratara, obligar a la mirada a focalizar hacia puntos determinados. El deslumbrante segmento de las faldas rojas y el fuego del final, en conjunción con su particular, reconocible y fascinante manera de hacer bailar a sus intérpretes, más el añadido de la música en directo, cerraron la noche con merecidas ovaciones en esta emocionante velada de danza. SEBASTIÁN ALARCÓN

 

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Jiri Kylián

Delicado legado

 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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