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El Nederlands Dans Theater (NDT) ha venido a Madrid con un
programa singular y emotivo. Dos piezas muy
distintas entre sí que demuestran la
amplitud y pluralidad del legendario
colectivo holandés. Silent Screen, la
primera de ellas, es pieza sombría y bella,
obra de luto cerrado que habla de la muerte.
Nunca desde el desgarramiento ni los
desbordamientos emocionales. Siempre desde
el recogimiento, desde el dolor privado por
la ausencia, desde el vacío dejado por los
que se han ido. En este sentido, resulta no
solamente acertada sino ciertamente
espectacular esa triple pantalla de efecto
panorámico donde los coreógrafos Paul
Lightfoot y Sol León atrapan lo intangible:
los recuerdos, los paisajes del alma, el
universo todo. La rigurosa e inteligente
selección del amplio y aparentemente
monótono repertorio del compositor Philip
Glass es en buena medida responsable del
clima de sobriedad y serenidad de esta pieza
que discurre con delicadeza, casi en cámara
lenta, en un escenario enorme e insondable
que hace a los bailarines pequeños. El
efectivo y eficaz efecto del traje negro que
baña el escenario de oscuridad, sus guiños
sutiles pero directos al cine mudo, su
estructura cerrada y circular, y el buen
hacer de sus bailarines en todo momento a la
altura de las exigencias físicas y
emocionales hacen de Silent Screen
una verdadera experiencia. También emotiva,
pero desde otra óptica, Bella Figura
(1995), la segunda del programa, es menos
directa y más abstracta. Habla del rostro y
la máscara de Pirandello, del cómo somos en
realidad y cómo nos mostramos al mundo. Con
verdadera astucia, Jiri Kylian, quien fuera
director del NDT durante 25 años, usa
telones que caen y suben para subdividir el
espacio, reinventarlo, y como si de cine se
tratara, obligar a la mirada a focalizar
hacia puntos determinados. El deslumbrante
segmento de las faldas rojas y el fuego del
final, en conjunción con su particular,
reconocible y fascinante manera de hacer
bailar a sus intérpretes, más el añadido de
la música en directo, cerraron la noche con
merecidas ovaciones en esta emocionante
velada de danza.
SEBASTIÁN ALARCÓN |