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Madrid ha realizado un homenaje a la legendaria Maya
Plisetskaya, a imagen y semejanza del que le
organizó Moscú hace dos años con motivo de
sus 80 años. La gala tuvo de todo: clásicos,
contemporáneos, estrellas, grand finale,
la presencia de los Príncipes y un vídeo
lamentablemente editado. El acento fue muy
ruso y balletómano, claro, destacando la
inconmesurable Natalia Osipova en Don
Quijote. Tamara Rojo sorprendió con una
delicada y emotiva interpretación “a la
manera de Isadora Duncan”, según Ashton, una
pieza sorprendente para su registro
habitual, y más tarde, junto al cubano
Carlos Acosta, acometió el trágico final de
Mayerling, de McMillan, en una
ejecución un poco atropellada. Se colaron
también un par de osadías: el fantástico
solo surrealista La Reine, de Doctor
DA, y La muerte del cisne, un título
con el que Plisetskaya escuchó ovaciones,
pero esta vez en el cuerpo peludo, fornido y
en puntas de Bernd Burgmaier, de Les Ballets
Trockadero de Montecarlo. Lola Grego puso el
toque español, mientras que la apoteosis
final la puso la mismísima Maya que, a sus
82 años, bailó una miniatura de Béjart que
le permitió (dos veces porque, pletórica, la
repitió) volver a aquellos tiempos de
escenarios, focos y, sobre todo, públicos
rendidos a sus pies.
ALBERTO IBARRA |