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Mas, mas y mas… como si de un elástico se tratara el
repertorio del Ballet de la Opera de París
se estira en un amplio abanico de
proposiciones, un día presentando a
delicadas sylphides aplaudidas por
los puristas de la danza clásica y otro
proponiendo obras de Saburo Teshigawara o
Robin Orlyn, admiradas por los
contemporáneos. Esta vez le toca el turno a
la coreógrafa alemana Sasha Watz que nos
sorprende con una peculiar versión del mito
literario Romeo y Julieta. La base de
su proposición radica en la abstracción,
Waltz no cuenta la historia de los dos
amantes sino los símbolos de amor que
representan. Lo hace de dos maneras, primero
modificando la forma y luego transformando
la cronología de la historia. Gracias a la
creación de un espacio móvil e inestable, la
escenografía le ayuda a definir la
dramaturgia de la obra. Deliberadamente
aislados, los papeles de Romeo y Julieta,
interpretados por Hervé Moreau y Aurélie
Dupont, acarrean en esta versión con el
duelo de sus familias que, aunque presentes,
quedan poco definidos a pesar del código
cromático negro y blanco que la coreógrafa
les impone. Waltz seduce poniendo en
evidencia la parte oscura de la obra de
Shakespeare alejándose de todo romanticismo
de color pastel. La conexión que realiza
entre el sueño y la muerte es primordial así
como la posición a partes iguales entre el
odio y el amor. También es de destacar la
utilización de los 78 coristas que conforme
avanza la obra aparecen progresivamente
sobre el escenario hasta invadirlo
completamente en la escena final. La
posición central que Waltz otorga a su
Romeo y Julieta es a la vez el punto
fuerte y el punto flojo del espectáculo. Una
gran diferencia gestual se denota entre la
pareja de amantes y el cuerpo de baile que
sin personajes ni soporte, lejos del
movimiento contemporáneo de Waltz, queda
desarmado y errante descabalando la calidad
del conjunto. En oposición el profundo y
minucioso trabajo gestual ofrecido por los
dos bailarines estrella (que trabajaron en
Berlín con la coreógrafa y su compañía
durante dos meses suplementarios) da lugar a
varios dúos de altos vuelos dignos de la
estructurada y bien resuelta propuesta que
Waltz hace de la intemporal obra de
Shakespeare.
DAVID RODRIGO BALSALOBRE |