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Para los amantes del ballet ver a una figura
de la danza como Ángel Corella- primer
bailarín del American Ballet y artista
invitado en las mejores compañías del mundo-
es un lujo; lujo que se suma a la emoción de
ver
a parte de los bailarines que integrarán su
futura compañía con sede en España. El
monográfico Celaje dedicado al
compositor Philip Glass abrió la velada en el Tívoli.
Sobre el escenario, 9 bailarines, entre los
que destacan
Carmen Corella y Matthew
Golding, bailan dictados por una música muy
vigorosa y trepidante en pasos a tres,
a dos y solos en los que
predominan los giros. La sensación final
acaba siendo un tanto repetitiva, salvo los
solos de Corella, en los que destaca
por sus increíbles piruetas y su
expresividad. En la segunda parte del
programa, formada por la suite del
Corsario,
el cuerpo de baile y unas jovencísimas
solistas intentaron dar la talla en una
coreografía que exige una técnica muy
depurada. Mientras, Corella y Kazuko Omori
se llevaron los aplausos más intensos de la
noche, tanto en sus solos como en sus
pasos a dos, llenos de emotividad y
consiguieron compensar una escenografía y un
escenario demasiado justos. Corella hizo
justicia a su nombre, pues además de una
técnica impecable y una fuerza y energía
deslumbrantes, el bailarín irradia un
ángel que llega hasta la última butaca y
consigue emocionar. El resultado: la platea
en pie aplaudiendo eufórica y gritando un
sincero y merecido: ¡bravo!
XENIA GUIRAO |