Publicado en Susy Q 2 -  Mayo/Junio  2006

 

Críticas

Un coche atropella a un bailarín en el escenario del Teatro Albéniz

 
 

COMPAÑÍA ALIAS

Le Poid des esponges

Coreografía: Guilherme Botelho

Festival: Madrid en Danza

Lugar: Teatro Albéniz (Madrid)

Fecha: 7 de abril de 2006

 

No hay duda de que la propuesta de Guilherme Botelho, creador de origen brasileño anclado en Ginebra desde hace muchos años, tiene claras influencias del llamado teatro físico inventado por DV8, célebre agrupación británica que dirige Lloyd Newson. Pero si los ingleses intentan reproducir los movimientos y acciones de la vida cotidiana desde una danza técnicamente compleja, rigurosa y sofisticada, Botelho prefiere irse más a la naturalidad, pegarse más a la realidad. Todo es bailado, ciertamente, pero aquí las acciones son mucho más teatrales y el efecto, muchísimo más cómico y muchísimo menos cínico y crítico. Más ligereza y diversión, digamos. Porque si algo tiene Le Poid de esponges es humor. Intenta contarnos los avatares de una familia pero las pinceladas surrealistas están a la orden del día, lo que confiere al conjunto un aire de farsa y caricatura, acentuado, cómo no, por los colores estridentes y planos de los acertados trajes, la exagerada gestualidad de los intérpretes, esa música rítmica tan de samba que, por otro lado, desvela los orígenes brasileños de su autor, y una cadena de situaciones absurdas planteadas desde un supuesto realismo (el nadador que cruza el escenario desde proscenio haciendo “piscinas”, la mujer inerte, que es uno de los más grandes aciertos de la pieza, y la conversión repentina de todo el escenario en salón de baile a lo El Gran Vals). Botelho hace gala de un gran sentido de la composición, es indudablemente ingenioso a la hora de pensar su puesta en escena y, sobre todo, conoce las claves del gran espectáculo. Visualmente potente, su obra tiene momentos francamente memorables como ese coche que irrumpe en escena y atropella a un bailarín, el levantamiento de la alfombra o el espectacular grand finale con esa cascada de agua que convierte el escenario en piscina y a los intérpretes en nadadores en competencia. Pero no es un gran coreógrafo ni sus intérpretes grandes bailarines. Quizá por eso, la obra cae en baches cada vez que intenta hacer danza pura sin apoyo de ningún artilugio teatral. Afortunadamente esos momentos son pocos y los otros son muchos. Una revelación. OMAR KHAN

 

<<Críticas 2006

 

 

 
 
 

 

danza@susy-q.es                                                                                                                                 WEB MASTER:  ALBA ANZOLA