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El Palacio de Festivales de Santander fue el escenario
elegido para el estreno del nuevo
espectáculo de la Compañía Nacional de Danza
(CND), que, además, inaugura una nueva
relación artística entre el coreógrafo Nacho
Duato y el director teatral Tomaz Pandur.
Alas, construido en un solo acto y con
una duración de 75 minutos, parte de la
película El cielo sobre Berlín, de
Wim Wenders, cuyo argumento se centra en la
disyuntiva de un ángel dispuesto a renunciar
a la inmortalidad por vivir, sentir y
degustar las alegrías y las penas humanas.
Si el ángel protagonista de la obra se
encuentra ante el dilema de asumir o no el
riesgo de renunciar a la eternidad, no es
menos cierto que el propio Nacho Duato asume
el reto de abrir nuevos caminos dentro de su
fructífera creatividad. De esta manera, la
inclusión de fragmentos monologados
demuestra la novedosa senda abierta por la
colaboración del tándem Duato-Pandur. Ya en
el plano coreográfico destacan los pasos a
dos elaborados con maestría por el creador
valenciano. El conjunto final es un
espectáculo diferente a lo esperado de la
CND, pero no por ello menos sugerente.
Uno de los alicientes más interesantes de Alas es
constatar cómo se ha materializado la
colaboración entre el coreógrafo valenciano
y el artista esloveno. La mano de Tomaz
Pandur se percibe, sobre todo, en la
aparición de breves monólogos, así como en
el sentido cinematográfico general del
montaje. Duato, en el rol del dubitativo
ángel, transmite la angustia e importancia
de la decisión. A partir de una tumultuosa
escena discotequera, la obra va adquiriendo
un ritmo más notorio, hasta el clímax final
con miles de litros de agua inundando el
escenario. El líquido elemento se convierte
en una dificultad añadida a la hora de
dibujar los movimientos, de la que los
magníficos bailarines de la CND salen
airosos. A destacar también la marcada
gestualidad de brazos del ángel Duato,
emulando a un querubín. No es, sin embargo,
una obra complaciente y su calculado tono
desasosegante produce su impacto en el patio
de butacas. La primera colaboración entre
Duato y Pandur marca una diferencia,
introduce un estilo que no es comparable al
de otras obras del coreógrafo. Y mientras se
le revela el paraíso angelical, a Nacho
Duato el público cántabro dio su mejor
veredicto en la ovación que les dedicó a
unos bailarines-querubines totalmente
empapados con agua celestial.
Iratxe de Arantzibia
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