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Dedicada este año a las ciudades, la Bienal de la Danza de
Lyon supo cómo reflejar las preocupaciones
que sobre el tema urbano ocupan la cabeza de
un buen puñado de creadores procedentes de
las grandes metrópolis del mundo. Con
auténtico tino, la famosa cita bienal
francesa convocó piezas de todos los
formatos que coincidían en reflexionar sobre
la problemática de las ciudades o ser en sí
mismas, la representación de algunas. Una
vasta muestra de 29 ciudades planetarias
pasaron por Lyon entre el 9 y el 30 de
septiembre para dejar al numeroso público su
propia reflexión ciudadana. Estricto fue el
criterio de selección y rigurosa la
organización de este macro-evento de la
danza internacional que moviliza a toda la
ciudad, especialmente durante su ya célebre
desfile, una parada de danza con la
participación voluntaria de una treintena de
asociaciones locales que lanzan a bailar a
la calle a sus centenares de bailarines, que
convierten a la ciudad en enorme y generosa
coreografía. Por Madrid, la Compañía
Nacional de Danza presentó con éxito (cuatro
funciones agotadas en un local para casi
3000 espectadores) Multiplicidad: formas
de silencio y vacío, emblemática pieza
de Nacho Duato, que recogió ovaciones.
Frederic Flamand, con el Ballet Nacional de
Marsella, llevó su adecuada Metapolis II,
en la que a partir de recursos tecnológicos
asombrosos reflexiona sobre el estado
efímero de las ciudades, entes vivos en
constante proceso de transformación. La
paranoia post-11S fue el tema de la
perfeccionista y fría Already Elsewhere,
de Force Majeure, de Sydney, mientras que
Benjamín Millepied ofrecía la cara
nostálgica de Nueva York, reponiendo la
cándida Fancy Free (1944), de Jerome
Robbins. Las tremendas carencias de
Ouagadougou (con Faso Dance Théâtre), la
belleza del arrabal porteño (Unión Tanguera
de Buenos Aires), la violencia de Bogotá (L’explose)…
en general, cada una de las piezas que se
presentaron ofrecieron una aportación
distinta en torno al tema propuesto, lo que
al final de la jornada configuró un cuadro
más o menos ilustrativo de la naturaleza
metropolitana de la danza contemporánea y su
camaleónica capacidad para fundirse,
vincularse e interactuar con la
arquitectura, las nuevas tecnologías, los
espacios urbanos y los urbanitas que los
habitamos. Todo un acierto.
OMAR KHAN.
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