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Nos ha dicho adiós Julio Bocca con un dramón
romeojulietoso con final tarantinesco
llamado Adiós hermano cruel, que
firma la coreógrafa argentina Ana María
Stekelman, a quien ya habíamos visto en
tándem con su padrino Bocca, perpetrando
El hombre de la corbata roja. Ballet
narrativo, Adiós hermano cruel cuenta
cómo unos hermanos, tras diez años sin
verse, se enamoran y cometen incesto. Ella
queda embarazada y aún así se va al altar
con un amigo de la infancia que no tarda en
descubrir la verdad. El hermano accede a
matar a su hermana-amante y el marido
enfurecido aparece con una suerte de
batallón ninja que se carga a todo ser vivo
que pulule por la escena, con el truco
rancio de ponemos las luces rojas que emulen
la sangre. La coreografía, en exceso
narrativa y con dificultad moderna, intenta
ser como un ballet romántico con concesiones
al sexo escabroso. Ampulosa, pretenciosa y
argentina, no consigue arrancar ni
dramatismo ni romanticismo. Su gran hallazgo
probablemente esté en la escenografía
digital que con inteligencia suple con
high tech los viejos telones de fondo
sin mancillar su esencia. El elenco cumple
pero no se ve a un sucesor de Bocca pese a
que el hierático y acartonado Lucas Oliva,
que hace del marido, parece convencido de
que él es el hombre.
Stekelman ha sido incapaz de regalarnos un solo o una escena
que nos dejara llevarnos una idea de lo
grande que ha sido Bocca. Resulta penoso que
se retire porque sigue en plenas
condiciones. Ya no puede hacer aquellas
piruetas de infarto que arrancaban ovaciones
cuando superaba con brío las inalcanzables
proezas de El Quijote o El
Corsario pero no hace demasiado tiempo
vino por España y parecía que su compañía
había tomado una línea que podría ser
pasaporte al éxito: retomaba clásicos del
siglo XX, piezas de Graham, José Limón Twyla
Tharp o Alvin Ailey, que venían perfectas a
sus actuales posibilidades. Por ese camino,
quizá aún le quedara mucho por decir en
escena. Sin embargo, se decantó por hacer
mutis con creadores argentinos como
Stekelman y bueno, pasa lo que pasa. Lo
cierto es que ya no le veremos más y mejor
que la memoria haga esfuerzos por quedarse
con sus piruetas de antes y que mande al
archivo del olvido cosas como éste
hermano cruel con el que Bocca ha
decidido decirnos adiós, ya no bailo más.
ALBERTO IBARRA. |