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La velocidad tremenda y virtuosa es de las que arrancan
ovaciones pero igual de compleja y loable es
también la lentitud en danza, y en este
sentido, el espectáculo Push es una
emocionada alabanza a la serenidad. Russell
Maliphant, gran descubrimiento, hace un
admirable ejercicio de control corporal,
trayéndose sin duda del tai chi y el yoga,
que practica con devoción, cierta
disposición emocional para este pequeño pero
espectacular programa conformado por tres
solos y un dueto, en el que cuenta con el
brillante e insustituible apoyo de Sylvie
Guillem, bailarina madura de cuerpo
inteligente y sensibilidad a prueba de
balas, que arrastra del clásico la línea y
la elegancia y pone de su propia y
fructífera cosecha todo un despliegue de
recursos interiores. No hay nada al azar en
esta ajustada y meditada propuesta, donde
las luces de Michael Hulls, usual
colaborador de Maliphant, tienen gran papel
dramático y la música de Andy Cowton deja de
ser un fondo para transformarse en una
presencia atmosférica relevante. La velada
abre con Solo, ocho minutos a solas
con Sylvie Guillem, moviéndose sinuosa al
ritmo inequívocamente flamenco de la
guitarra de Carlos Montoya. El contraste del
sonido flamenco con la danza libre de
Maliphant para su diva lejos de grosero o
transgresor, confiere una belleza extraña y
un gesto moderno a esta miniatura que, en
espíritu y propuesta resulta del todo
opuesta a Two, el segundo solo de
Guillem, un extenuante fluido de movimientos
sin desplazamiento que la mantiene atrapada
y frenética en un cuadrilátero de luz. Entre
medias, Russell Maliphant otorga Shift,
un solo masculino de extrema delicadeza,
fragilidad e hipnótica lentitud en el que
juega con su sombra multiplicada gracias a
un asombroso dispositivo lumínico (¡otra vez
Hulls!) que convierte a este solo en dueto,
trío y cuarteto virtual, de gran belleza y
tranquilo discurrir. Para cerrar, Push,
el dueto. El choque de sus sensibilidades,
ya ansiado desde la primera parte, es puro
beneficio para el espectador. La racional
serenidad y fuerza física de Maliphant se
enfrenta a la arrolladora personalidad
escénica de Guillem. Imágenes de perfecta
composición, cortadas por blackouts,
dan inicio a esta maravillosa reinvención
del tradicional pas de deux para el siglo
XXI, que fluye con asombrosa precisión y
lleva al espectador a terrenos emocionales
que se visitan con muy poca frecuencia
últimamente.
OMAR KHAN |