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La ciudad, lo urbano y lo urbanita fue el tema de la
destacada Bienal de la Danza de Lyon el año
pasado. El festival, a través de una
representación de 29 ciudades, dejó por
sentado que lo metropolitano y la danza
forman un feliz matrimonio en estos tiempos.
De alguna manera todas las propuestas traían
un componente urbano pero si alguna encajaba
a la perfección, por ser toda urbanidad en
su depurado discurso alrededor de danza,
arquitectura y ciudadanía, ésa era la del
belga Frèdèric Flamand que, al frente del
Ballet Nacional de Marsella, estrenaba en la
ciudad francesa Metapolis II, cuarta
parte de una tetralogía sobre el asunto y
secuela de la primera de ellas, que se
remonta al año 2000. Daba pena que no
estuviese todo el compendio en el festival
pero la oportunidad, a medias, se tuvo ahora
en Sevilla, por decisión del Teatro La
Maestranza que se arriesgó programando las
dos últimas, La cite radieuse y
Metapolis II, en un afortunado fin de
semana para los sevillanos. Para cada una de
sus piezas, Flamand ha convocado a un
arquitecto de renombre que le ha diseñado la
escenografía. Zaha Hadid, la premio Pritzker,
nada menos, se ha ocupado de las
metapolis y el californiano Thom Mayne
de La cite radieuse. La colaboración,
en ninguno de los casos, se limita a crear
un armatoste escénico ornamental. Con la
libertad y juego que le puede dar a un
arquitecto la creación de un espacio
“falso”, escénicamente habitable por
bailarines, ambos se han decantado por
estructuras metafóricas. Hadid, con un
módulo que se multiplica, creando así
obstáculos, invasiones del espacio diáfano,
que son salvados con habilidad por los
bailarines desde una propuesta coreográfica
ingeniosa que los obliga a la interacción.
La cite radieuse, en cambio,
circunscribe su acción a los no-espacios,
zonas públicas de las ciudades como
aeropuertos o centros comerciales, donde la
aglomeración de personas es mucha y la
comunicación entre ellas poca. Unos
aparentemente sencillos módulos que
subdividen una y otra vez el espacio, sirven
a Flamand para crear rupturas físicas y de
comunicación entre sus diestros y atléticos
bailarines.
OMAR KHAN |