Publicado en Susy Q  9 -  Julio/Agosto  2007

 

Críticas

Lago adentro

 
 

Ballet de Lituania

El lago de los cisnes

Coreografía: Marius Petipa

Festival: Feria de San Isidro

El Estanque del Parque El Retiro (Madrid)

13 de mayo de 2007

 

Aquí va la crónica de un intento frustrado por ver aunque fuera una manita de Tamara Rojo en el estanque del madrileño parque El Retiro. Como era de preverse una espectacular muchedumbre de miles cayó como manada de elefantes a las orillas del estanque al llamado del suculento anuncio de Tamara Rojo baila gratis El lago de los cisnes. Nadie diría que el estanque, en sí mismo, fuera tan grande y a nadie se le ocurrió tampoco pensar que el escenario iba a estar tan literalmente metido en el lago, lo más alejado posible de los miles de intrusos que vinieron a ver la transformación de las chicas del Ballet de Lituania en aves trémulas. Desde tempranas horas era imposible conseguir sentarse en las gradas centrales y los retrasados, que eran cientos, tenían dos opciones: lateral o las pantallas colocadas no muy estratégicamente a lo ancho del parque. La representación quedaba lejos para todos pero la posición lateral tenía un leve inconveniente añadido: las luces del escenario no fueron colocadas arriba sino a los lados y el fogonazo perenne hacía ver a los bailarines como aquellos marcianitos que bajaban de la nave iluminada en Encuentros en la tercera fase. Los intérpretes no es que lo tuvieran fácil. Llegar al escenario les obligaba a atravesar, a la vista de todos, una larga, aburrida e interminable pasarela. Aparecían por allá, detrás de un remoto monumento al menos cinco minutos antes de que les tocara entrar a escena, y a caminar. Las chicas del cuerpo de baile tenían todo tipo de actitudes. Unas agitaban los brazos como simulando cisnes, otras empezaban el ritual y a mitad de camino abandonaban y no faltaba la que pasaba de todo aprovechando que aquello estaba oscuro. Tchaikovsky también pasó lo suyo tratando de salir por unos absurdos altavoces con tamaño y calidad de mini-cadena que se quedaban mudos ante la mala educación de un público chillón que se creía de picnic por estar en el parque. Las pantallas, el último recurso de la noche para ver a Tamara, estaban colocadas en las frondosas avenidas del Retiro, de forma que entre la ballerina y sus fans se interponía ahora la rama de un árbol. Dicen que Tamara Rojo de verdad estuvo allí, que se convirtió en cisne, blanco primero y negro después. No podemos dar fe. Nosotros no lo vimos. SEBASTIÁN ALARCÓN.

 

<<Críticas 2007

 

 

 

Tamara Rojo 

Belleza clásica

El lago de los cisnes

El mito del cisne

 
 
 
 
 
 

 

danza@susy-q.es                                                                                                                                 WEB MASTER:  ALBA ANZOLA