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Viatges a la felicitat,
primera producción propia del Teatre
Nacional de Catalunya para la danza, obligó
a seis coreógrafos a convertir en discurso
escénico danzado un libro científico. Cierto
es que de entrada parece poco viable. Sin
embargo, el texto homónimo de Eduard Punset
trata sobre un tema tan amplio como la
felicidad y la posibilidad de conseguirla
ahora que somos más longevos gracias a los
avances de la medicina. Le correspondió a
Sol Picó coordinar el proyecto en el que los
seis coreógrafos y bailarines invitados
abordaron con total libertad la obligada
fuente de inspiración. UNO.
Before. A Thomas Noone le debe haber
venido de maravillas este proyecto que,
lejos de obligarle a hacer un alto en su
investigación artística personal, le hizo
profundizar aun más. Imbuido con su compañía
en la creación de un díptico sobre la pareja
y sus conflictos, no es de extrañar que
eligiera bailar él mismo con Sol Picó un
inspirado dueto sobre la paradoja que supone
la infelicidad que produce el miedo a perder
la felicidad y entender que el amor es
difícil y efímero. DOS. El
último vuelo. Montse Sánchez
racionaliza el flamenco para invitarnos a
analizar y focalizar dónde está la emoción
que lo produce. Despojado de colores,
alegría y jaleo, y violentando alguna de sus
reglas (soberbio Thomas Noone en bata de
cola), su flamenco se interna en lo esencial
a través de cierto distanciamiento. TRES.
Striptease programat. El joven
Pere Faura se crea un solo que es una
reflexión emocionada sobre la soledad social
y la incomunicación en un ámbito de
felicidad impuesta como es una fiesta.
CUATRO. The Forest.
Germana Civera apostó por la performance,
por un cuadro viviente de seres aislados,
con más valor de forma que de fondo.
CINCO. Tara. Jordi Cortés
saca a Germana Civera del modo contemplativo
y la coloca como protagonista de su pieza,
un cabaret de la vida más bien triste, donde
ella se luce como bailarina. SEIS.
A 29º del Paraíso. Inés Boza, no
sin ironía, parece preguntarse para qué
queremos ser longevos en esta vida de
rutinas y aburrimientos, adaptando al
entorno doméstico el mito de Sísifo con un
sofá y colocando la televisión como intruso
que propicia incomunicaciones.
OMAR KHAN |