Publicado en Susy Q  9 -  Julio/Agosto  2007

¡Bendito seas!

Críticas

 

                                                                          Foto:  Chris Van der Brught

Damaged Good / Eira

Blessed!

Coreografía: Meg Stuart

Teatro: Volksbühne am Rosa Luxemburg Platz (Berlín)

24 de abril de 2007

 

Meg Stuart sigue apostando por la cooperación e integración. En eso anda desde que, en los noventa, iniciara su quehacer coreográfico con su compañía Damaged Goods. A una década y media de oficio, esta coreógrafa estadounidense residenciada en Bruselas sigue demostrando con maestría lo creativo, nutritivo y divertido de juntar talentos en torno a un proyecto artístico. Blessed (Bendito), un solo creado para al coreógrafo y bailarín portugués Francisco Camacho, es prueba contundente y ha visto su prémiere alemana el pasado mes de abril en el prestigioso teatro de vanguardia Volksbühne de la plaza Rosa Luxemburg, de Berlín.

Ambos coreógrafos se conocen desde la postmoderna Nueva York de finales de los ochenta. A este nuevo encuentro han traído como equipaje las ganas, el respeto al otro, sus particulares plataformas de producción (Damaged Goods y EIRA) y la fascinación por el intercambio de ideas. La excelente música del también norteamericano Hann Rowe y el fascinante espacio escénico de la alemana Doris Dziersk se unen al combo.

Blessed es como un pastel de matrimonio: va cargado de ilusiones y su destino es efímero; es también un día de playa con sol, palmera, un cisne enorme y hasta un chiringuito al que una impertinente lluvia pone fin. Las figuritas (el espacio escénico de Dziersk) se desvanecen irremediablemente y sin tregua erosionadas por la lluvia. Si al principio de la pieza todo está servido, al final no hay donde refugiarse, ni donde colgar los sueños y la esperanza, salvo en el alma, a pesar del desastre. Han creado Stuart y Camacho, un personaje enajenado en su alegría plástica, que es mueca dramática de quien es demasiado feliz como para permitirse pérdidas. Y llueve. Llueve todo el tiempo, durante toda la pieza. Y es el tiempo que necesita la escenografía para ser llevada por el agua y que Camacho tratará, sin éxito, de componer. Pero la  lluvia no es todo el tiempo tragedia, también quietud, tiempo para construir. MANUEL PÉREZ TORRES

 

 

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