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Meg Stuart sigue apostando por la cooperación e integración.
En eso anda desde que, en los noventa,
iniciara su quehacer coreográfico con su
compañía Damaged Goods. A una década y media
de oficio, esta coreógrafa estadounidense
residenciada en Bruselas sigue demostrando
con maestría lo creativo, nutritivo y
divertido de juntar talentos en torno a un
proyecto artístico. Blessed (Bendito),
un solo creado para al coreógrafo y bailarín
portugués Francisco Camacho, es prueba
contundente y ha visto su prémiere alemana
el pasado mes de abril en el prestigioso
teatro de vanguardia Volksbühne de la plaza
Rosa Luxemburg, de Berlín.
Ambos coreógrafos se conocen desde la postmoderna Nueva York
de finales de los ochenta. A este nuevo
encuentro han traído como equipaje las
ganas, el respeto al otro, sus particulares
plataformas de producción (Damaged Goods y
EIRA) y la fascinación por el intercambio de
ideas. La excelente música del también
norteamericano Hann Rowe y el fascinante
espacio escénico de la alemana Doris Dziersk
se unen al combo.
Blessed
es como un pastel de matrimonio: va cargado
de ilusiones y su destino es efímero; es
también un día de playa con sol, palmera, un
cisne enorme y hasta un chiringuito al que
una impertinente lluvia pone fin. Las
figuritas (el espacio escénico de Dziersk)
se desvanecen irremediablemente y sin tregua
erosionadas por la lluvia. Si al principio
de la pieza todo está servido, al final no
hay donde refugiarse, ni donde colgar los
sueños y la esperanza, salvo en el alma, a
pesar del desastre. Han creado Stuart y
Camacho, un personaje enajenado en su
alegría plástica, que es mueca dramática de
quien es demasiado feliz como para
permitirse pérdidas. Y llueve. Llueve todo
el tiempo, durante toda la pieza. Y es el
tiempo que necesita la escenografía para ser
llevada por el agua y que Camacho tratará,
sin éxito, de componer. Pero la lluvia no
es todo el tiempo tragedia, también quietud,
tiempo para construir.
MANUEL PÉREZ TORRES
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