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Publicado
en Susy Q 0
- Noviembre/Diciembre 2005
Ángel Corella,
La seducción
Texto:
Joaquim Noguero Foto: Xavier Sanfulgencio
Lleva más de
una década brillando como estrella del ABT. Sin embargo,
tiene planes de crear escuela y compañía clásica en España.
De momento, lo tendremos bailando por todo el país hasta
finales de año.
En España, ya
hace más de treinta años, en un pueblecito en las afueras de
Madrid, en Colmenar Viejo, empieza el flirteo y en seguida
el arrobamiento amoroso de un chico con el ballet, una
historia que en este lugar y en ese tiempo no podía adoptar
otro tono que el de una película como Billy Elliot.
Ángel Corella empieza a bailar en las mismas clases que su
hermana y siempre con el apoyo y la admiración de su madre,
pero lo conlleva con el tópico rechazo de sus compañeros de
escuela. Huye de los golpes del kárate, que le gusta en lo
atlético y en lo coreográfico de las katas, pero recae en la
violencia de las burlas escolares. Demasiada presión para un
niño que hubiera abandonado las zapatillas de baile a los 11
años si justo en ese momento no llega a becarlo Víctor
Ullate. Salvado por la campana, entra contento en la escuela
del prestigioso coreógrafo y a los quince años salta ya a su
compañía. En 1991 gana el primer premio en el Concurso
Internacional del Ballet de España. Y cuando, cansado de no
tener su oportunidad, se plantea volver a dejarlo para
montar una tienda de bricolage, en diciembre de 1994 obtiene
el gran premio y la medalla de oro en el Concurso
Internacional de Danza de París.Su vida galopa a partir de
entonces. En abril de 1995 se incorpora al American Ballet
Theatre, de Nueva York, como solista, promovido inusualmente
como bailarín principal ya enseguida, en 1996. Hasta hoy,
Corella ha abierto todas las temporadas del Metropolitan
Opera House y ha sido estrella invitada del Royal Ballet de
Londres, entre otras muchas grandes compañías. Se le
considera una estrella, heredero de primerísimos bailarines
como Nureyev y Barishnikov, que admira, y ya ha bailado para
los grandes dignatarios del mundo, ganador de los
principales premios otorgados a un bailarín. Físicamente
parece un chiquillo: dinámico, alegre, vital, entusiasta, un
nervio y un muelle con mucho fuelle. Pero es una estrella
porque no se necesita tamaño para ser uno de los grandes. Se
precisa limpieza técnica, clase y carisma, mucha energía,
expresividad y fuerza, se requiere saber comunicar y aún más
poder seducir. En el ballet se eleva uno soltando lastre,
dando y dando a la platea. Es así que Corella no tiene un
cuerpo grande y parece un adolescente, pero es un bailarín
inmenso, que no sólo llena teatros sino, antes que nada, el
escenario. Ha escuchado ovaciones en las exigentes
presentaciones del ABT pero ahora se dispone a escuchar
aplausos por toda España, con una gira que, junto a
bailarines de la agrupación norteamericana, inició en
Zaragoza el pasado mes de mayo y lo tendrá bailando hasta
finales de año en ciudades como Madrid, Barcelona, Murcia,
Cádiz, Alicante, Las Palmas, Tenerife y Sevilla intercalando
un programa dedicado a El Quijote y otro a
Shakespeare. Si alguien puede llevar adelante un proyecto
como el que se ha propuesto crear en Sant Feliu de Guíxols
(Costa Brava) y Barcelona, una fundación que llevará su
nombre y comprende escuela y agrupación de una gran compañía
de ballet, seguro que es él. Un gran embajador para la
danza. Porque se le ve enamorado de verdad. No vende motos.
Se sube a ellas para emprender viaje con nosotros.
Empezaste
a bailar por tu cuenta o te llevaron?
En realidad,
empezaron mis dos hermanas, porque mi madre no quería que
estuviéramos todo el día pegados del televisor al salir del
colegio. Era la época esa en la que la televisión parecía
que tuviera que provocarte cánceres cerebrales. Ella quería
que hiciéramos otras cosas, y lo típico era apuntar a mis
hermanas a ballet y al chico, a kárate. Hice kárate una
semana y media. Al principio me gustaba, porque era muy
coreográfico y gimnástico, pero un día le partieron la nariz
a un compañero, me asusté mucho y ya no quise volver. Lo del
ballet fue casualidad. Acompañaba a mi madre a buscar a mis
hermanas, y un día estaba ahí mirando, me levanté y empecé a
girar con deboulés, saltos y piruetas. La profesora quedó
impresionada porque allí había niñas que llevaban tiempo con
ella y aún no sabían hacer esos pasos, con lo que ya me
quedé como alumno. De todas formas, yo ya bailaba antes de
que mis hermanas empezaran ballet: dice mi madre que cuando
aún iba con el chupete, entrábamos en una tienda de discos,
eran los años en los que estaba de moda Fiebre del sábado
noche, y cuando yo oía la música de los Bee Gees me
movía con el ritmo e imitaba los movimientos de Travolta. El
bailarín casi siempre nace, no se hace.
De qué
crees que depende, del ritmo, de un punto de energía y
necesidad de moverse?
Es un modo de
expresión De hecho, todos tenemos un poco de bailarines: la
forma de mover las manos, los gestos del cuerpo, la
expresión corporal en general, ya son formas de danza. El
ballet tan sólo es una forma más ordenada, espiritual y
sublime de expresión y conexión entre humanos. Para mí es
una necesidad.
Fue tu
vocación de siempre?
Vocación, sí.
Pero no siempre lo vi como una profesión. Hubo una época en
la que quise montar una tienda de bricolage.
¿Crees que
ambas cosas tienen en común el cuidado del detalle, pasos a
seguir?
No me lo he
planteado. Me relaja mucho, esa es la principal razón. En
casa me lo hago todo: construyo armarios, reparo las
averías, me instalo la electricidad…
Para mi es un
tipo de concentración totalmente distinta, que me ayuda a
canalizar todo el estrés del escenario. Porque ahí sales con
cierta tensión: el público espera mucho de ti, te ha visto
hacer cosas que a veces ni tú mismo te acabas de creer que
hayas conseguido --tantas piruetas o el salto tan alto-- y,
claro, eso te impone un determinado listón. Cuando sales del
escenario, a veces intentas analizar lo que has hecho y no
puedes, porque apenas te acuerdas: cuando te sumerges en el
baile entras en una dimensión totalmente distinta. Al salir
de ese estado, estás agotado. Y el bricolage me permite
desconectar.
¿Buscas
más la expresividad que el virtuosismo?
Puedes llegar
a la expresividad a través del virtuosismo, pero tienes que
tener muy en cuenta que no puedes conformarte con eso,
porque entonces el baile se convierte en mero atletismo. Yo
creo que la danza es muy importante para el espíritu, no
solamente el espíritu del bailarín, sino también el de las
personas que lo están viendo: que llegue el sentimiento, que
el público pueda interpretarlo, que haya conexión: yo lo veo
como una especie de toma de contacto entre almas. Y eso es
bueno, porque con todos los problemas horribles y las
bestialidades a las que nos enfrentamos y de las que somos
testigos, día tras día, poder desconectar y entrar en una
dimensión distinta donde no hay problemas y estás de alguna
forma casi flotando, yo creo que eso se agradece.
El papel
del arte contemporáneo parecería más bien, al contrario, que
quiera hacernos conscientes de por dónde va el mundo. No
busca tanto la belleza como el conocimiento, entonces, si el
ballet persigue esta evasión estética que destacas, ¿te
parece escapista?
No creo que
sea evasivo: me parece soñador, descubre otros aspectos de
nosotros. Además, algunas de las obras del repertorio
descubren también aspectos negativos de los seres humanos.
Lo hacen como en un cuento, pero estas historias revelan
igualmente aspectos muy distintos de nuestra personalidad,
aunque es cierto que lo hacen de una forma como más etérea,
idealizada, estilizada, como soñada. Puede mostrarnos la
cara humana más dura, pero siempre parece que al final se
nos diga que hay que salir adelante y se ve todo en
positivo.
Así como
el virtuoso sin expresividad no puede llegar a ser uno de
los más grandes, ¿no es cierto que lo contrario tampoco
existe? O sea, que en el ballet, por sensible y expresivo o
carismático que seas, el virtuosismo técnico es un
instrumento, pero un instrumento necesario?
Si te digo la
verdad, sí que hay y ha habido bailarines --quizás sin la
fama de Barishnikov y Nureyev, pero haberlos, los ha
habido-- que llegaron a ser muy populares gracias
simplemente a la técnica: sin ninguna gracia especial, pero
muy efectivos, con un virtuosismo técnico muy fuerte que
hacía volver loco al público igualmente. Al revés, también:
hay algunos bailarines de los que no te diré el nombre que
son casi actores en puntas, pienso en un par de intérpretes
que tienen fama mundial, no demasiado potentes técnicamente,
pero en ambos casos lo suple el hecho de ser grandes
comunicadores.
¿No es
finalmente un problema?
Hombre,
limita bastante no tener un domino técnico fuerte. Sobre
todo, en el hombre. La mujer, de alguna forma, puede dejar
que el hombre la lleve de un lado a otro del escenario. Pero
a un bailarín las limitaciones técnicas le recortan mucho
los roles y ballets que es capaz de interpretar. En este
momento, yo hago todos los ballets del repertorio. Hay muy
pocos bailarines que puedan abarcarlo entero, precisamente
por lo que has dicho, porque o les falta técnica para según
qué papel o pueden resultar demasiado inexpresivos y sin
gracia para otros roles. Con técnica, con fuerza, algunos se
quedan en El Corsario y El Quijote, ballets
con roles protagonistas muy exigentes técnicamente, pero que
no demandan la sutileza o capacidad expresiva de otros
papeles del repertorio. Junto a estos, yo interpreto también
El lago de los cisnes, Romeo y Julieta,
Giselle o La bella durmiente, un tipo de roles
más líricos que no exigen tanta fuerza y suelen encarnar
bailarines expresivos.
Cuando te
retires como intérprete, además de director de compañía y de
escuela, ¿quieres ser coreógrafo?
No creo que
me adentre en el mundo de la coreografía. Eso de poner pasos
conjuntos que tengan un sentido, que cuenten o digan algo,
no es tan fácil. Se hacen muchas coreografías prescindibles,
hoy día. Todo el mundo cree que puede coreografiar y no es
así, haber sido un buen e incluso un gran bailarín no es
ninguna garantía. En cambio, sí que tengo muchas ganas de
dirigir. Y no porque sea un mandón, todo lo contrario, pero
llevo muchos años aprendiendo y experimentado muchos
estilos, viendo como trabajan las principales compañías de
ballet del mundo y algunos de los más grandes intérpretes, y
todo esta experiencia me gustaría poder compartirla con los
bailarines de mi compañía y transmitirla a los más jóvenes.
Me va a llenar tanto como hasta ahora bailarlo yo.
Gira
española de Ángel Corella con estrellas del ABT:
15
al 19 de noviembre: Palau de la Musica, de Barcelona / 26 de
noviembre: Colmenar Viejo (Madrid) / 2 de diciembre:
Auditorio Villegas de Murcia /10 de diciembre: Gran Teatro
Falla de Cádiz / 13 de diciembre: Teatro Principal, de.
Alicante / 17 de diciembre: Auditorio Alfredo Kraus Las
Palmas / 19 al 21 de diciembre: Auditorio de Santa Cruz de
Tenerife / 27 y 28 de diciembre: Teatro Maestranza de
Sevilla / 21 de enero de 2006: Teatro Bretón, de Logroño.
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