Publicado en Susy Q 10 -  Septiembre/Octubre 2007
 

Jesucristo Superstar y John Travolta se renuevan

En los 70 bailábamos Travolta

(y Judas se convirtió en héroe)

 

Texto:  Margarita Fraguas

 

Si hay dos iconos de la cultura popular de los años setenta, ésos son John Travolta y Jesucristo Superstar. Han pasado más de tres décadas y ambos siguen vigentes. Esta temporada coinciden en España. Un nuevo montaje, hecho en casa, del célebre musical, y Hairspray, la película con la que Travolta vuelve a bailar, se estrenan en septiembre. Revisamos los orígenes de estos dos fenómenos de aquélla década.

 
 

Los setenta arrancaron al ritmo enloquecido de la música disco. Era algo más que música para bailar, suponía una revolución social en la que ciertas minorías reclamaron su lugar en el mundo de la cultura pop. Al menos en Estados Unidos, el rock & roll, la gran herencia revolucionaria de los sesenta, se había convertido en una industria blanca y clase media, bajo el control y dictamen de grandes casas discográficas y emisoras de radio que no permitían que se colara la llamada música racial con sus percusiones afro y sus cantantes negros. Sin embargo, todo cambiaba rápidamente. La lucha por los derechos civiles de los negros, la voz a gritos de las mujeres luchando por la igualdad de género, la proliferación de los latinos y el naciente movimiento gay que se hacía visible y ruidoso tras los disturbios en el bar Stonewall, de New York en 1969, que dio inicio al mundialmente popular Orgullo Gay, fueron importantes sacudidas sociales que no tardaron en cambiar el estado de las cosas. Y de los suburbios de la ciudad de la manzana y otras como Miami o Philadelphia surgió el furor por las discotecas. El rock no era bailable. Propiciaba espasmos, provocaba histeria y permitía dar botes y guitarrazos al aire pero no bailar. En la disco, en cambio, todo era distinto. El dj ponía música que permitía a la gente desmelenarse y pronto blancos, negros y latinos se entregaron encantados al desmelene. La música disco creció en popularidad creando su propia industria alternativa donde reinaron divas negras como Donna Summer (con su orgásmico hit I love you babe) y Gloria Gaynor poniendo a todos a viajar en su tren de medianoche a Georgia, mientras que grupos como Village People subían en las carteleras hasta el primer lugar en ventas con temas ampliamente bailables como Y.M.C.A., el himno gay del momento. En este contexto apareció de repente un líder, un gran héroe a imitar. Su nombre de ficción era Tony Manero. Su nombre real, John Travolta. Y su mérito propagar por el mundo el virus de la fiebre del sábado noche.

 

Meneos pélvicos

El productor y músico negro Van McCoy había intentado codificar y patentar el baile de la música disco, creando un patrón para bailar su hit Do the Hustle, pero no trascendió los circuitos reducidos de las discotecas de New York. El auténtico manual, la verdadera lección de danza para el pueblo llegó en forma de película. Fiebre de sábado noche (John Badham, 1976) impuso el estilo y las reglas del baile disco. Inspirada en el artículo Tribal Rites of the New Saturday Night, publicado por el periodista rockero Nick Cohn en la prestigiosa New York Magazine, la película narraba cómo Tony Manero, un humilde chico de Brooklyn que trabajaba durante la semana como un anónimo vendedor de pinturas, se convertía cada sábado por la noche en el rey de la disco local con sus meneos pélvicos, su impecable y hortera traje blanco y una forma de bailar que sería imitada por millones. La música de los Bee Gees, la bola de espejitos y la pista de baile iluminada por cuadritos de colores se convertirían en iconos no ya de la película, sino de los mismísimos setenta. El impacto del baile travolta estaba en que quizá por primera vez la gente normal, los espectadores de a pie, podían bailar igual que el héroe de la película. Por mucho que alguien vea Cantando bajo la lluvia no puede bailar como Gene Kelly pero un par de visionados a Fiebre… bastaba para aprenderse los pasos y reinar en la disco el próximo sábado.

¿Era John Travolta un buen bailarín? Claro que sí pero solo cuando bailaba travolta. El actor, nacido en 1954, había tomado lecciones de danza con Fred Kelly, hermano del genial Gene, pero no había ahondado mucho. Su baile discotequero seguía un sencillo trazado que se iniciaba como el de la pareja de baile de salón, introduciendo variantes pélvicas, trabajo de suelo y unas cuántas sencillas y vistosas manipulaciones a la pareja que animaron al planeta entero a menear las caderas como Travolta. El impacto fue incalculable. El disco del los Bee Gees vendió 30 millones de copias y la proliferación de discotecas se multiplicó diez veces en Nueva York después del estreno de la película.

 

Evangelio rockero

Travolta siempre tuvo vocación de artista. Cuando tenía 17 años quiso ingresar por la puerta grande en Broadway y audicionó para el musical Jesucristo Superstar, y estuvo a punto de ganar el papel del Mesías rockero que terminó haciendo Jeff Fenolt. Y es que, mientras las discotecas desataban su fiebre, en los escenarios de Broadway también se vivían importantes transformaciones, especialmente con la aparición de las llamadas óperas rock y la revolución que supuso, en 1968, Hair, un musical que llevó a los escenarios la filosofía hippie y su reacción virulenta contra Vietnam. El tándem Andrew Lloyd Weber y Tim Rice disfrutaba por entonces del éxito de su musical Joseph y su manto de sueños technicolor, de inspiración bíblica, pero estaban buscando algo más acorde con los tiempos. Se fijaron entonces en la hiper-libre versión del Nuevo Testamento que había escrito John O’Horgan, en la que el verdadero protagonista era Judas, que había sido usado por Dios en su plan de redención de los hombres. Inicialmente sacaron un disco con las canciones, que fueron interpretadas por el rockero Ian Gillan (vocalista de la banda heavy Deep Purple) en el papel de Jesús e Yvonne Elliman en el de María. Más tarde, el 12 de octubre de 1971 se estrenaba la versión teatral en el Teatro Mark Hellinger de New York, donde cumplió con unas modestas 711 representaciones si se comparan con las 3385 (ocho años) que se mantuvo en la versión de Londres, estrenada un año más tarde.

Jesucristo Superstar, que conoció una versión cinematográfica en 1973 dirigida por Norman Jewison, rápidamente despertó la ira de grupos católicos histéricos que intentaron boicotear el musical tildándolo de blasfemo. El paralelismo entre Cristo con un pop star en declive, la resurrección simultánea y redentora de Judas, las insinuaciones de una relación con María y el uso de música rock, considerada demoníaca, para contar los últimos días de Cristo, desataron furia e hicieron más ruido que sus verdaderas cualidades, entre las que se cuentan un puñado de emocionadas y pegadizas canciones como Hosanna!, I Don’t Know How To Love Him y, muy especialmente, Getshemani.

 

De vuelta

Desde entonces y hasta ahora son muchas las versiones que se han visto y oído de Jesucristo Superstar, emblemático musical de los setenta. Es memorable la producción de Tokio traducida al japonés y popular la española que hizo Camilo Sesto y Ángela Carrasco. Celebridades como Roger Daltrey, de The Who, han cantado el papel de Judas y Tony Hadley, de Spandau Ballet, el de Jesús. El musical, con mejores y peores producciones, ha seguido con vida propia en estos 26 años y paralelamente, también John Travolta con una carrera llena de altibajos. Sin embargo, como el fénix que renace de sus propias cenizas, ambos coinciden esta temporada en España. Jesucristo Superstar reaparece por todo lo alto con una versión hecha en casa, dirigida por Stephen Rayne y con coreografías de Ángel Rodríguez, que espera tener larga vida en la cartelera de la Gran Vía Madrileña. Travolta, que no hacía un musical desde hace 30 años, regresa delirante en el remake de Hairspray (primero película, de John Waters, en 1988, y luego musical en Broadway, hace un par de años), la historia de una chica de Baltimore en los años 60, que sueña con ser triunfar en un concurso de baile de la tele. En esta reaparición, Travolta viene irreconocible como la gorda y divertida madre de la chica, un papel que fuera hecho en la película anterior por el travesti Divine, actor fectiche de Waters en sus primeras y gamberras películas. Como recordando viejos tiempos, Travolta, ahora de señora gorda, se pega varios números de canto y baile, siendo destacable su dueto imposible con un (también) irreconocible Christopher Walken.

 

Hairspray. Director: Adam Shankman. Con: John Travolta, Michelle Pfeiffer, Christopher Walken, Queen Latifah. Se estrena el 14 de septiembre en cines de toda España. www.hairspraymovie.com

 

 

 

Ángel Rodríguez / Jesucristo Superstar

Gran Vía Crucis

 

Sin túnica ni sandalias, y en una moderna y renovada versión realizada especialmente para su estreno en nuestro país, aterriza Jesucristo Superestar en la Gran Vía madrileña. Le ha tocado al joven coreógrafo Ángel Rodríguez poner movimiento a este evangelio rock

 

Texto:  Mercedes L. Caballero

 

Joven coreógrafo de ecléctica formación y trayectoria, Ángel Rodríguez firma la coreografía de la nueva versión española del musical más célebre del tándem Andrew Lloyd Weber y Tim Rice, Jesucristo Superestar, estrenado a principios de los 70 en Nueva York y Londres, y en el 75 en nuestro país con Camilo Sesto de mártir. No es la primera incursión de Rodríguez en este género. El musical On Broadway, también de la productora Stage Enterteiment, lo confirma, ni tampoco la primera vez que trabaja fuera de un montaje exclusivamente de danza. El cine, con diversos cortometrajes y la película Arritmia (Vicente Peñarrocha, 2007), protagonizada por Natalia Verbeke y pendiente de estreno, también testifica su trabajo como creador. Sin embargo, su carrera como bailarín, coreógrafo y director está dibujada con algunos de los nombres más destacados del panorama de la danza de nuestro país. La Compañía Nacional de Danza, donde ha bailado y coreografiado y el Ballet de Carmen Roche, para el que ha estrenado algunos de sus últimos trabajos, son algunos ejemplos. Profesor del Instituto Superior de Danza Alicia Alonso en la actualidad, donde también ha mostrado diversas obras, Ángel Rodríguez habla de su incursión en esta versión de Jesucristo Superestar, que dirige Stephen Rayne, y de su labor como coreógrafo de este clásico de los musicales, que se estrena el 20 de septiembre en Madrid.

 

¿Qué le animó a participar en este proyecto?

Bueno, hubo bastantes razones para aceptar. Yo ya trabajé anteriormente con Stage en el concierto musical On Brodway, y la experiencia me gustó mucho. Fue algo diferente. Hay motivaciones que normalmente no tienes cuando trabajas con danza solamente… en este caso el contar siempre con la música en directo y que los propios bailarines y actores sean instrumentos musicales con sus voces. Por otro lado, que una de las empresas de este género más grande en España y con más años y musicales hechos también en Europa, te ofrezca hacer una obra como Jesucristo Superstar, era un privilegio y un lujo. Así que fue prácticamente imposible decir que no.

 

¿Es diferente la actitud de un coreógrafo a la hora de enfrentarse a un musical?

Digamos que se tiene que tener en cuenta algunas cosas que con una pieza estrictamente de danza no es necesario. Hay que pensar que en muchos momentos de coreografía de grupo, los bailarines tienen que utilizar la voz cantando, y eso no es tan fácil. Así que en ocasiones no se puede meter tanto movimiento como se haría en otro tipo de pieza. Además se tiene que tener en cuenta el movimiento escenográfico, algo muy habitual en un musical, y mover a los artistas para que evolucionen sin problema ya suba o baje la escenografía.

 

¿Qué resaltaría de coreografiar para este tipo de trabajos?

Varias cosas. Es muy gratificante trabajar con la música en directo…Por otro lado, en un musical no se tienen a todos los bailarines con la calidad que quisieras, lo que hace que tengas que desarrollar un sexto sentido para sacar todo lo posible de los artistas, que se sientan cómodos y que se aprecie un buen trabajo. Todo esto hace que uno, como coreógrafo, también aprenda y se desarrolle al mismo tiempo.

 

¿Se ha preparado de alguna manera especial para desarrollar esta labor?

En mi caso, como ya había tenido algún contacto con este género, no ha sido necesario, si bien es cierto que es importante conocer más musicales y tratar con cantantes que son algo muy diferente a los bailarines.

 

La comunicación que se establece con bailarines y actores… ¿es la misma que en un montaje sólo de danza?

Creo que no hay tanta diferencia en la comunicación. Sí tal vez en las formas. En un montaje de danza el vocabulario y la manera de comunicarte va a ser siempre muy parecida y los bailarines ya están acostumbrados a ella, con lo que es tal vez menos pensada o meditada. En el caso del musical, sobre todo con los actores, las formas cambian. Hay que tener más paciencia y hay que pensar las cosas de otra forma para que entiendan bien lo que estás pidiendo y lo que quieres sacar de ellos.

 

¿Le ha servido la coreografía original estrenada en 1971, o de la versión española del 75 a la hora de crear la suya?

En absoluto, todo lo contrario. Ésta va a ser una versión distinta, mucho más actual. Inspirada en hechos que suceden en nuestra actualidad. Y se trata de la primera vez que Stage hace un musical en España sin comprarlo íntegramente. Todo será nuevo. Por eso es tan importante que hayan confiado en mí para esta labor, y como tal no he querido ver ni estudiar ninguna otra versión para buscar inspiración. He preferido inspirarme en lo que existe en estos momentos y utilizar mi forma habitual de trabajo, sin tener influencias de otras versiones.

 

¿Cuál es el personaje de este musical más interesante en cuanto a movimiento?

Creo que lo más interesante son los  grupos, los que hacen las partes de coros, aunque algunos de los personajes también entran a formar parte de esos grupos… pero Jesucristo y Judas se moverán poco a nivel de danza. Será más bien movimiento escénico o gestual

 

¿Y el que usted elegiría para interpretar y bailar?

Pues si fuera cantante seguramente elegiría el papel de Judas. Para mí sería el más interesante… y combinando la danza y el canto, lo más probable es que me quedara con Simón. Tiene un tema muy vivo, con mucha fuerza y uno de los más intensos en cuanto a movimiento

 

Un musical que le encantaría coreografiar…

Difícil de contestar, pero en principio creo que el estar en una producción como Jesucristo Superstar es realmente una suerte. Sé que mucha gente daría cualquier cosa por poder participar en él… Si me hubieran dicho en el momento que se estrenó la película en los cines madrileños en los 70, que algún día iba a coreografiar el musical para el teatro y que se iba a estrenar en plena Gran Vía de la capital, en uno de los mejores teatros de esta calle, no me lo hubiera creído. Hay musicales increíbles en los que se podrían hacer cosas maravillosas pero de momento no puedo pedir más. Es un placer y un honor poder hacer el que será el musical de la próxima temporada en Madrid.

Jesucristo Superstar. A partir del 20 de septiembre. Teatro Lope de Vega (Madrid) www.jesucristosuperstar.msn.es

 

 

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