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Delicado
o divertido. Místico o enigmático. Virtuoso,
complejo, inspirado. Puede ser sublime, puede
ser mordaz pero siempre lírico. El trabajo de
Jiri Kylián oscila entre estos polos pero lo que
nunca aspira ni consigue es ser críptico o
inaccesible. Hace danza para que todos, asiduos
al teatro o no, lloren, rían o se emocionen con
sus propuestas. Quizá por eso su danza fácil de
ver y difícil de hacer se ha ganado adeptos en
todo el mundo. Su catálogo extenso, variado y
ambicioso se formó básicamente durante los 25
años que permaneció como director artístico del
Nederlands Dans Theater (NDT), de Holanda,
importante agrupación a la que ha dejado atado
su nombre y una extensa producción. Aunque nació
en Praga, en 1947, y se inició en Alemania, en
el Ballet de Sttutgart, donde pasó de bailarín
(fue solista entre 1968-75) a corógrafo (en 1970
su primer trabajo) bajo la mirada atenta y
severa de su maestro y guía John Cranko, fue en
Holanda donde sentó las bases de su lenguaje y
desarrolló una larga y fructífera trayectoria
desde el momento en que fue invitado a ser su
director artístico en 1975, cargo que ocupó
hasta 1999 con más que notables resultados,
legando al mundo un modelo de compañía y gestión
que hoy está de lo más difundido.
Por una parte consolidó al colectivo holandés en
la escena internacional, redimensionando las
posibilidades del neoclásico con un enorme
repertorio de piezas, muchas de ellas referentes
importantes de la danza del siglo XX. Pero por
otra parte, ofreció una plataforma a jóvenes
bailarines de su compañía que demostraban
aptitudes para coreografiar, haciéndose guía y
apoyo de un puñado de destacados talentos que
hoy brillan con luz propia en el paisaje
internacional de la danza. Durante su gestión,
creó también el NDT II, agrupación junior, y el
NDT III, una compañía pensada para sus
bailarines de de más de 40 años. Bajo su égida
se formó el valenciano Nacho Duato, primero como
intérprete y más tarde como coreógrafo.
Sintiendo verdadera debilidad por su trabajo, a
fecha de hoy Duato ha conseguido incorporar al
repertorio de la Compañía Nacional de Danza, que
dirige en Madrid, una verdadera selección de
joyas de su repertorio conformada por dos de sus
clásicos (Return to the Strange Land,
1975, y Sinfonía de los salmos, 1978) y
un puñado de obras importantes entre las que se
cuentan Forgotten Land, 1981; Stamping
Ground, 1983; No more play, 1988;
Falling Angels, 1989; Petit mort,
1991; y Stepping Stones, 1991. Ahora,
acaba de incorporar Wings of Wax, 1996,
pieza tardía de tono reflexivo y depurada
estética.
Otro tanto ocurre con numerosas compañías del
mundo en la que está representado, mientras que
el NDT sigue manteniendo activo su repertorio y
este otoño, el importante colectivo holandés
traerá al Teatro Real de Madrid la reposición de
Bella Figura (1995), una de sus piezas
más inspiradas y aplaudidas, al tiempo que la
CND, que estrenó su pieza Wings of Wax la
temporada pasada en Valladolid, la pone a girar
en su apretada agenda. Jiri Kylián no parece
pasar nunca de moda.
¿Qué puede decirnos de
Bella Figura?
Es una pieza que se hace una pregunta
fundamental: ¿dónde empieza y dónde termina la
representación? Y concluye que todo es una
representación. Tu has venido a verme y te has
puesto esa chaqueta que combina con esa camiseta
y te da un determinado look, y yo estoy
aquí, intentando crear este discurso y hablar
bien para que tu te lleves la idea de que soy
inteligente. Todo es parte de la performance.
La gente misma que viene al teatro, arreglada de
esta manera o haciendo tal comentario, es parte
también de la representación. De eso va Bella
Figura que no solamente significa cuerpo
bello en Italia sino también mantener el tipo
cuando todo en tu vida va mal y sabes resistirlo
sin que se note. También va sobre la sexualidad,
sobre la convivencia de porcentajes masculinos y
femeninos en cada hombre y cada mujer, sobre el
culto al cuerpo y la vulnerabilidad de la gente.
Está representado en muchas agrupaciones
internacionales, todas muy selectas ¿Es difícil
para una compañía conseguir para su repertorio
una obra de Jiri Kylián?
Si la compañía es buena, no tan difícil. A lo
mejor tendrá que esperar pero si de verdad es
buena, lo conseguirá. A mi me gusta mucho ver mi
trabajo en otros bailarines, gente distinta que
le da otros matices, eso lo hace nuevo para
todos.
¿Cómo ha sentido su obra Wings of Wax, en
los cuerpos de la Compañía Nacional de Danza?
La manera en que lo hacen es maravillosa. No es
un cumplido. Lo digo porque lo siento de verdad.
Hay pocas compañías que puedan hacer bien este
ballet con dos elencos y que no haya un primero
y un segundo sino que ambos estén exactamente al
mismo nivel.
Se supone que Wings of Wax habla sobre el
mito de Ícaro pero no tiene nada que ver con la
representación que de ese personaje ha hecho el
ballet clásico, siempre ceñido al relato
mitológico…
Mis metáforas nunca son obvias. Tienes que
escarbar, quitar muchas cosas para poder llegar
al núcleo. Para mi es una pieza sobre los
bailarines, sobre esta profesión en la que los
intérpretes siempre quieren saltar hacia lo más
alto, donde las chicas sueñan con elevarse para
desafiar la gravedad. En general, todo el que
hace danza es un idealista y Wings of Wax
es un homenaje a los que bailan. Luego tiene su
iconografía y el árbol invertido que ocupa el
escenario indica que en este mundo no hay mucha
seguridad de qué es lo que está arriba y que es
lo que está abajo. Todos vamos hacia abajo y
queremos ir hacia arriba o viceversa, y esto nos
ocurre a todos, no solamente a los bailarines.
La pieza, en su conjunto, parece un poco
mística, como si tuviera una especie de conexión
invisible con el cosmos…
La tiene si tú lo dices. Me gusta que la
interpretación de mis obras sea libre. Eso es
importante para mí y es algo que tienen en común
todos mis trabajos, que están abiertos a ser
leídos. Si un único espectador hace una única
interpretación de una de mis piezas, tendrá
razón. De todos modos, los bailarines somos
espíritus místicos por naturaleza, podemos
expresarnos con el cuerpo y las posibilidades
son infinitas. Puede que nosotros seamos
pequeños y limitados pero la danza es infinita e
inacabable.
¿Cómo recuerda hoy sus primeros tiempos en el
Ballet de Sttutgart, con John Cranko y Marcia
Haydée?
Es difícil responder. Era la primera vez que
salía de Chequia, me iba a descubrir el mundo.
Adoro esa compañía, allí encontré un equipo muy
creativo, una colección fantástica de
personalidades que me hicieron sentir como en
casa. Cranko era un gran comunicador, tenía una
filosofía y la transmitía muy bien pero pronto
descubrí en él a un gran coreógrafo del siglo
XIX. Tenía, claro, una técnica contemporánea
pero la esencia, lo básico, las ideas y la
estructura de sus obras eran todas del siglo
XIX. Fue el hombre que me dio la oportunidad de
coreografiar pero, con enorme respeto, teníamos
unas peleas estupendas. Esta idea de dar la
oportunidad y producir a los jóvenes en sus
primeras coreografías yo también la adopté. Y
estoy muy feliz de decir que gente como William
Forsythe [ex director del Ballet de Frankfurt,
hoy con su propia agrupación], Ohad Naharin
[director de Batsheva Dance Campany, de Israel],
Mats Ek [ex director del Cullberg, de Suecia],
Nacho Duato [de la CND, Madrid], Paul Lightfoot
[hoy junto a su pareja, la española Sol León, en
el mismo NDT], Johan Inger [actual director del
Cullberg] y tantos otros han empezado conmigo.
En mis 25 años como director del NDT invité a 75
coreógrafos, muchos de ellos varias veces. Ahora
mismo hay más o menos 12 directores artísticos
de compañías del mundo que han salido del
Nederlans.
¿Extraña la vida de antes, cuando era el
director artístico, creaba piezas continuamente
y se iba de gira con frecuencia?
No, no… en absoluto. Mi vida de ahora tiene
mucho trabajo pero no siento el peso de la
responsabilidad sobre tanta gente. Cuando eres
el director artístico de una compañía eres
coreógrafo, director, administrador, estratega,
psicólogo, diplomático, ginecólogo… todo al
unísono. No hay una escuela que te enseñe a ser
director artístico. ¿Sabes como las cigüeñas
enseñan a volar a sus críos? Los llevan en el
pico hasta lo más alto y los sueltan. Así es
como lo hacemos.
¿Se reconoce en los trabajos de sus discípulos
como Nacho Duato, Ohad Naharin o Johan Inger?
Es natural y lógico que me reconozca. Hicimos
trabajos juntos durante años y todos tienen en
común que son personalidades fuertes que ponen
al máximo nivel todo lo que aprenden. Son
únicos, tienen gran integridad y capacidad.
De no haber sido un gran coreógrafo ¿cree que
hubiese sido un gran bailarín?
No, yo era terrible bailando. Bueno, quizá
terrible no pero digamos que no fui uno de los
buenos. Si uno como yo se hubiese presentado a
una de mis audiciones, no lo habría cogido. Es
curioso pero lo que he descubierto es que no
puedo expresar a través de mi cuerpo sino en el
de los otros. Mala noticia para ellos, les toca
sufrirme.
Su trabajo se sustenta en una técnica fuerte,
que sorbe del clásico pero en la que se
reconocen contemporáneos como Martha Graham
Todos tenemos muchas y muy diversas influencias
pero si lo filtras y reduces a un común
denominador siempre terminarás llegando a
Balanchine y Graham. Es un vocabulario cuya
escritura te permite hacer libros de poemas.
Si quisiera impresionar a una persona que no ha
visto ningún trabajo suyo ¿qué obra le
recomendaría ver?
Sinfonía de los salmos.
No solamente por el lenguaje de la danza sino
por el lenguaje humano que contiene. Hay un
simbolismo en ella que se puede comprender, que
es accesible a todo el mundo. Y eso es algo que
me gusta, que mi obra pueda llegar al ciudadano
medio. No me gusta cuando mi trabajo es
apreciado por balletómanos porque la
verdad es que no me gusta nada el mundo del
ballet. Me suelen pedir opinión en entrevistas
acerca de grandes bailarines y no puedo decir
nada, no conozco a ninguno, no me gusta ese
mundo. En cambio disfruto mucho cuando veo que
el público es gente normal, que va al cine, lee
libros, sale con amigos a conversar y también
viene a ver danza.
Bella Figura (Nederlands Dans Theater) junto a
Silent Screen (Paul Lightfoot/Sol León).
Del 5 al 9 de septiembre. Teatro Real (Madrid).
Wings of Wax (Compañía Nacional de Danza). 4 de
noviembre. Palacio Euskalduna (Bilbao). 1 y 2 de
diciembre. Auditori-Teatre (Sant Cugat).
www.teatro-real.com
www.cndanza.mcu.es
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