Publicado en Susy Q 10 -  Septiembre/Octubre 2007
 

Jiri Kylián

Delicado legado

 

Texto:  Omar Khan / Foto: Alberto Aja

 

Su obra, que cuenta con títulos fundamentales del siglo XX, no deja de representarse. La Compañía Nacional de Danza acaba de adquirir Wings of Wax, y el Nederlands Dans Theater, de Holanda, donde reinó como director artístico durante 25 años, trae a Madrid este otoño su contundente Bella Figura. Jiri Kylián ocupa ya una privilegiada butaca entre los grandes de la danza.

 
 

Delicado o divertido. Místico o enigmático. Virtuoso, complejo, inspirado. Puede ser sublime, puede ser mordaz pero siempre lírico. El trabajo de Jiri Kylián oscila entre estos polos pero lo que nunca aspira ni consigue es ser críptico o inaccesible. Hace danza para que todos, asiduos al teatro o no, lloren, rían o se emocionen con sus propuestas. Quizá por eso su danza fácil de ver y difícil de hacer se ha ganado adeptos en todo el mundo. Su catálogo extenso, variado y ambicioso se formó básicamente durante los 25 años que permaneció como director artístico del Nederlands Dans Theater (NDT), de Holanda, importante agrupación a la que ha dejado atado su nombre y una extensa producción. Aunque nació en Praga, en 1947, y se inició en Alemania, en el Ballet de Sttutgart, donde pasó de bailarín (fue solista entre 1968-75) a corógrafo (en 1970 su primer trabajo) bajo la mirada atenta y severa de su maestro y guía John Cranko, fue en Holanda donde sentó las bases de su lenguaje y desarrolló una larga y fructífera trayectoria desde el momento en que fue invitado a ser su director artístico en 1975, cargo que ocupó hasta 1999 con más que notables resultados, legando al mundo un modelo de compañía y gestión que hoy está de lo más difundido.

Por una parte consolidó al colectivo holandés en la escena internacional, redimensionando las posibilidades del neoclásico con un enorme repertorio de piezas, muchas de ellas referentes importantes de la danza del siglo XX. Pero por otra parte, ofreció una plataforma a jóvenes bailarines de su compañía que demostraban aptitudes para coreografiar, haciéndose guía y apoyo de un puñado de destacados talentos que hoy brillan con luz propia en el paisaje internacional de la danza. Durante su gestión, creó también el NDT II, agrupación junior, y el NDT III, una compañía pensada para sus bailarines de de más de 40 años. Bajo su égida se formó el valenciano Nacho Duato, primero como intérprete y más tarde como coreógrafo. Sintiendo verdadera debilidad por su trabajo, a fecha de hoy Duato ha conseguido incorporar al repertorio de la Compañía Nacional de Danza, que dirige en Madrid, una verdadera selección de joyas de su repertorio conformada por dos de sus clásicos (Return to the Strange Land, 1975, y Sinfonía de los salmos, 1978) y un puñado de obras importantes entre las que se cuentan Forgotten Land, 1981; Stamping Ground, 1983; No more play, 1988; Falling Angels, 1989; Petit mort, 1991; y Stepping Stones, 1991. Ahora, acaba de incorporar Wings of Wax, 1996, pieza tardía de tono reflexivo y depurada estética.

Otro tanto ocurre con numerosas compañías del mundo en la que está representado, mientras que el NDT sigue manteniendo activo su repertorio y este otoño, el importante colectivo holandés traerá al Teatro Real de Madrid la reposición de Bella Figura (1995), una de sus piezas más inspiradas y aplaudidas, al tiempo que la CND, que estrenó su pieza Wings of Wax la temporada pasada en Valladolid, la pone a girar en su apretada agenda. Jiri Kylián no parece pasar nunca de moda.

 

¿Qué puede decirnos de Bella Figura?

Es una pieza que se hace una pregunta fundamental: ¿dónde empieza y dónde termina la representación? Y concluye que todo es una representación. Tu has venido a verme y te has puesto esa chaqueta que combina con esa camiseta y te da un determinado look, y yo estoy aquí, intentando crear este discurso y hablar bien para que tu te lleves la idea de que soy inteligente. Todo es parte de la performance. La gente misma que viene al teatro, arreglada de esta manera o haciendo tal comentario, es parte también de la representación. De eso va Bella Figura que no solamente significa cuerpo bello en Italia sino también mantener el tipo cuando todo en tu vida va mal y sabes resistirlo sin que se note. También va sobre la sexualidad, sobre la convivencia de porcentajes masculinos y femeninos en cada hombre y cada mujer, sobre el culto al cuerpo y la vulnerabilidad de la gente.

 

Está representado en muchas agrupaciones internacionales, todas muy selectas ¿Es difícil para una compañía conseguir para su repertorio una obra de Jiri Kylián?

Si la compañía es buena, no tan difícil. A lo mejor tendrá que esperar pero si de verdad es buena, lo conseguirá. A mi me gusta mucho ver mi trabajo en otros bailarines, gente distinta que le da otros matices, eso lo hace nuevo para todos.

 

¿Cómo ha sentido su obra Wings of Wax, en los cuerpos de la Compañía Nacional de Danza?

La manera en que lo hacen es maravillosa. No es un cumplido. Lo digo porque lo siento de verdad. Hay pocas compañías que puedan hacer bien este ballet con dos elencos y que no haya un primero y un segundo sino que ambos estén exactamente al mismo nivel.

 

Se supone que Wings of Wax habla sobre el mito de Ícaro pero no tiene nada que ver con la representación que de ese personaje ha hecho el ballet clásico, siempre ceñido al relato mitológico…

Mis metáforas nunca son obvias. Tienes que escarbar, quitar muchas cosas para poder llegar al núcleo. Para mi es una pieza sobre los bailarines, sobre esta profesión en la que los intérpretes siempre quieren saltar hacia lo más alto, donde las chicas sueñan con elevarse para desafiar la gravedad. En general, todo el que hace danza es un idealista y Wings of Wax es un homenaje a los que bailan. Luego tiene su iconografía y el árbol invertido que ocupa el escenario indica que en este mundo no hay mucha seguridad de qué es lo que está arriba y que es lo que está abajo. Todos vamos hacia abajo y queremos ir hacia arriba o viceversa, y esto nos ocurre a todos, no solamente a los bailarines.

 

La pieza, en su conjunto, parece un poco mística, como si tuviera una especie de conexión invisible con el cosmos…

La tiene si tú lo dices. Me gusta que la interpretación de mis obras sea libre. Eso es importante para mí y es algo que tienen en común todos mis trabajos, que están abiertos a ser leídos. Si un único espectador hace una única interpretación de una de mis piezas, tendrá razón. De todos modos, los bailarines somos espíritus místicos por naturaleza, podemos expresarnos con el cuerpo y las posibilidades son infinitas. Puede que nosotros seamos pequeños y limitados pero la danza es infinita e inacabable.

 

¿Cómo recuerda hoy sus primeros tiempos en el Ballet de Sttutgart, con John Cranko y Marcia Haydée?

Es difícil responder. Era la primera vez que salía de Chequia, me iba a descubrir el mundo. Adoro esa compañía, allí encontré un equipo muy creativo, una colección fantástica de personalidades que me hicieron sentir como en casa. Cranko era un gran comunicador, tenía una filosofía y la transmitía muy bien pero pronto descubrí en él a un gran coreógrafo del siglo XIX. Tenía, claro, una técnica contemporánea pero la esencia, lo básico, las ideas y la estructura de sus obras eran todas del siglo XIX. Fue el hombre que me dio la oportunidad de coreografiar pero, con enorme respeto, teníamos unas peleas estupendas. Esta idea de dar la oportunidad y producir a los jóvenes en sus primeras coreografías yo también la adopté. Y estoy muy feliz de decir que gente como William Forsythe [ex director del Ballet de Frankfurt, hoy con su propia agrupación], Ohad Naharin [director de Batsheva Dance Campany, de Israel], Mats Ek [ex director del Cullberg, de Suecia], Nacho Duato [de la CND, Madrid], Paul Lightfoot [hoy junto a su pareja, la española Sol León, en el mismo NDT], Johan Inger [actual director del Cullberg] y tantos otros han empezado conmigo. En mis 25 años como director del NDT invité a 75 coreógrafos, muchos de ellos varias veces. Ahora mismo hay más o menos 12 directores artísticos de compañías del mundo que han salido del Nederlans.

 

¿Extraña la vida de antes, cuando era el director artístico, creaba piezas continuamente y se iba de gira con frecuencia?

No, no… en absoluto. Mi vida de ahora tiene mucho trabajo pero no siento el peso de la responsabilidad sobre tanta gente. Cuando eres el director artístico de una compañía eres coreógrafo, director, administrador, estratega, psicólogo, diplomático, ginecólogo… todo al unísono. No hay una escuela que te enseñe a ser director artístico. ¿Sabes como las cigüeñas enseñan a volar a sus críos? Los llevan en el pico hasta lo más alto y los sueltan. Así es como lo hacemos.

 

¿Se reconoce en los trabajos de sus discípulos como Nacho Duato, Ohad Naharin o Johan Inger?

Es natural y lógico que me reconozca. Hicimos trabajos juntos durante años y todos tienen en común que son personalidades fuertes que ponen al máximo nivel todo lo que aprenden. Son únicos, tienen gran integridad y capacidad.

 

De no haber sido un gran coreógrafo ¿cree que hubiese sido un gran bailarín?

No, yo era terrible bailando. Bueno, quizá terrible no pero digamos que no fui uno de los buenos. Si uno como yo se hubiese presentado a una de mis audiciones, no lo habría cogido. Es curioso pero lo que he descubierto es que no puedo expresar a través de mi cuerpo sino en el de los otros. Mala noticia para ellos, les toca sufrirme.

 

Su trabajo se sustenta en una técnica fuerte, que sorbe del clásico pero en la que se reconocen contemporáneos como Martha Graham

Todos tenemos muchas y muy diversas influencias pero si lo filtras y reduces a un común denominador siempre terminarás llegando a Balanchine y Graham. Es un vocabulario cuya escritura te permite hacer libros de poemas.

 

Si quisiera impresionar a una persona que no ha visto ningún trabajo suyo ¿qué obra le recomendaría ver?

Sinfonía de los salmos. No solamente por el lenguaje de la danza sino por el lenguaje humano que contiene. Hay un simbolismo en ella que se puede comprender, que es accesible a todo el mundo. Y eso es algo que me gusta, que mi obra pueda llegar al ciudadano medio. No me gusta cuando mi trabajo es apreciado por balletómanos porque la verdad es que no me gusta nada el mundo del ballet. Me suelen pedir opinión en entrevistas acerca de grandes bailarines y no puedo decir nada, no conozco a ninguno, no me gusta ese mundo. En cambio disfruto mucho cuando veo que el público es gente normal, que va al cine, lee libros, sale con amigos a conversar y también viene a ver danza.

 

Bella Figura (Nederlands Dans Theater) junto a Silent Screen (Paul Lightfoot/Sol León). Del 5 al 9 de septiembre. Teatro Real (Madrid). Wings of Wax (Compañía Nacional de Danza). 4 de noviembre. Palacio Euskalduna (Bilbao). 1 y 2 de diciembre. Auditori-Teatre (Sant Cugat). www.teatro-real.com    www.cndanza.mcu.es

 

<< Artículos 2007

 

 

 

 

danza@susy-q.es                                                                                                                                 WEB MASTER:  ALBA ANZOLA