Publicado en Susy Q 10 -  Septiembre/Octubre 2007

 

Akram Khan

Señor Kathak

 

Texto: Xavier Sanfulgencio/Fotos: Rankim

 

Los modos milenarios del kathak, danza de La India, y la energía y gesto de la danza contemporánea convergen con toda naturalidad en el cuerpo de Akram Khan, bailarín y coreógrafo hindo-británico que ha conseguido conquistar audiencias masivas con su danza veloz, híbrida y novedosa. Junto a Sidi Larbi Cherkaoui ha montado el dueto Zero Degrees que, precedido del éxito, llega esta temporada a Madrid y Barcelona.

 

 

Como el heraldo de la nueva danza que demanda un nuevo siglo, el bailarín y coreógrafo hindo-británico Akram Khan comenzó esta centuria en el mismísimo 2000 poniendo en marcha su propia compañía, desde donde desarrollaría y magnificaría las cualidades que le habían llevado a la cima como intérprete cuando presentó Loose in Fight (1995), su primer y aplaudido solo. Lo que sorprendía en él era la manera natural en que mezclaba los principios de la danza contemporánea (ha sido un estudioso de las técnicas Graham, Cunningham, Alexander y de improvisación y contacto) con los ancestrales modos de la virtuosa danza kathak, de La India, que ha practicado desde siempre y parece llevar en su sangre. Con su estilo híbrido consiguió ovaciones. La asombrosa velocidad, el marcado interés por las manos y los dedos, el inequívoco elemento exótico y un instinto creativo nato, coreográficamente conectado con la nueva danza europea pero formalmente atado al kathak, han sido sorprendentes novedades para audiencias ávidas de experiencias diferentes que le han catapultado al estrellato.

Khan nació en Londres, en 1974, hijo de una familia de inmigrantes de La India. A los siete años su madre le llevó a él y a su hermana a aprender a bailar danzas tradicionales bengalíes con el maestro Sri Pratap Pawar, y pronto descubrió sus habilidades escénicas. Siguió entrenando en el khatak con el maestro Pawar al tiempo que iniciaba una aventura teatral girando con un espectáculo inspirado en El libro de la selva. Siendo muy joven se unió a la Royal Shakespeare, representando por todo el planeta la célebre puesta de The Mahabharata, bajo la dirección de Peter Brook. Aunque había seguido perfeccionándose en el kathak, sus inquietudes no tardaron en llevarlo hacia la danza moderna. Se unió a la generación efervescente de la escuela P.A.R.T.S., que dirige Anna Teresa de Keersmaeker, en Bruselas, y allí participó en la plataforma experimental X-Group.

Fue por esa época cuando el creador de danza británico Jonathan Burrows, una figura clave en la carrera de Khan, percibió que su cuerpo había creado un híbrido, un lenguaje fascinante entre la nueva información que recibía su cuerpo y la que ya tenía de la danza hindú, introduciendo así el ya popular término kathak-contemporáneo, hoy indisociable de su trabajo. Con su compañía, Akram Khan triunfó. Escuchó ovaciones en los más codiciados teatros del mundo y fue reclamado como estrella en los festivales de mayor renombre, consiguiendo asociarse con el prestigioso Sadler’s Well londinense. Sus espectáculos Kaash (2003) y, especialmente la superproducción Ma (2005), fueron cabeza de cartel en todo el planeta con un éxito arrollador. Sin embargo, Khan siempre mantuvo al margen de la compañía su trabajo de solos y colaboraciones con otros artistas. Y cuando había mayores expectativas por su compañía decidió cerrarla, quizá abrumado por el éxito, iniciando una ruta menos grandilocuente de trabajos de cámara en colaboraciones exquisitas. De esta nueva línea han salido los no menos exitosos espectáculos Sacred Monsters, un dueto con la bailarina clásica Sylvie Guillem, también en período de búsquedas y experimentaciones, que se vio en Madrid y abrió el Festival Grec de Barcelona este año, y también el dueto Zero Degrees, creado a cuatro manos con otra estrella, el flamenco-marroquí Sidi Larbi Cherkaoui, en una producción de Les Ballets C de la B que esta temporada llega al Festival de Otoño de Madrid y aparece incluido en la temporada del Mercat de les Flors, de Barcelona. Akram Khan se mueve ahora con mayor libertad. Ha montado Lost Shadows, una pieza para la compañía taiwanesa Cloud Gate, planea un montaje junto a la actriz francesa Juliette Binoche, y piensa en una ambiciosa ópera infantil para 2001.

 

¿Ha intentado estilizar el kathak para hacerlo accesible?

No, yo bailo kathak para mi mismo, lo he estudiado muchos años. Luego empecé a bailar contemporáneo y sentía mi cuerpo confuso, entonces el cuerpo mismo creó un lenguaje propio que es el kathak-contemporáneo. No fue una decisión premeditada, nunca pensé: “Es una buena idea, vamos a fusionar los dos lenguajes”.

 

Si el kathak lo lleva tan dentro de sí ¿cómo hace para trasmitirlo a sus bailarines? ¿Tiene algún  método?

Escojo lo que enseño. No puedo enseñar a nadie a sentir el kathak como yo lo siento. Solo enseño algunas cosas, no todo, pero lo que me interesa es que sientan interés por el kathak y sus posibilidades más que seguir mis instrucciones. Quiero que, en cierta medida, lleguen a sentirlo por sí mismos.

 

Durante los primeros años estuvo trabajando en formatos medianos y grandes con mucho éxito y de pronto cambió a trabajos más desnudos y cercanos. ¿Que le empujó a ese cambio?

Después de mi espectáculo Ma me pregunté hacia donde tenía que ir, qué debería ser lo siguiente: ¿más gente en escena? ¿mayores producciones…? también fue una cuestión económica. Es muy complicado mantener un ballet. Te obliga a estar constantemente inspirado para poder realizar proyectos que puedan mantener el ritmo de una compañía. Es una gran maquinaria y yo lo que quiero es ser libre. No quiero una gran estructura con la que el público espere cada año que haga una gran pieza. He hecho ahora una obra para el Ballet Nacional de China como colaborador y este septiembre empiezo a trabajar una producción con la actriz Juliette Binoche. No me preocupa estar tres años sin realizar una gran pieza y puedo pensar a largo plazo. Para 2011 tengo el proyecto de una ópera infantil. Estoy seleccionando niños de todo el mundo para este proyecto, que será grande. De todas maneras no estoy seguro de haber tomado el camino correcto. Tiene sus ventajas y sus desventajas. Lo que pasa es que creo que estoy más cómodo sin tener una gran compañía porque puedo dedicarme con tranquilidad a mis proyectos. Es simplemente una elección.

 

¿Extrae información de sus bailarines, o por el contrario ya tiene todo pensado cuando se enfrenta a un nuevo espectáculo?

Ma es un buen ejemplo. Fue mi pieza más importante, la experiencia más relevante como coreógrafo en este sentido. Es una pieza de transición, en la que pasé del coreógrafo que dice lo que quiere que todos hagan hacia el que recibe lo que los demás le pueden aportar. Usualmente tengo una visión muy clara de lo que quiero, pero en Ma, además, recibí las historias de los demás, las que me aportaron todas las personas que trabajaron conmigo en esta experiencia, y fue fantástico.

 

¿Existe danza contemporánea en La India?

Si. Esta empezando pero llegará lejos. Existen diferencias estéticas con la danza contemporánea europea y esto hace difícil que sea recibida en Europa si no tiene el elemento exótico pero es cuestión de tiempo y de acostumbrar los ojos a esa otra estética.

 

Ha trabajado con el coreógrafo de origen africano Gregory Maqoma ¿Le interesan otras danzas étnicas como la africana?

Sí, estoy fascinado por las danzas de otras culturas. No pretendo conocer todas las danzas. Creo que mucha gente está confundida cuando ve mis espectáculos y de inmediato dice “¡ah! Fusión” La danza que puedo hacer con otros coreógrafos que son muy distintos a mí como Sidi o Gregory no es una fusión. No es mezclar conscientemente unos ingredientes en unas determinadas proporciones. La danza de Sidi es completamente distinta a la mía pero el camino que establecemos es el del diálogo, el de la comunicación. Encontramos similitudes y las celebramos. Encontramos diferencias y también las celebramos.

 

Es decir, que no cree en los lenguajes puros en la danza…

No, prefiero la confusión. Nada es puro, el cuerpo lo absorbe todo y es como una esponja. Solo el ballet clásico tiene unos parámetros tan delimitados que te permiten distinguir lo que es clásico de lo que no lo es.

 

Zero Degrees. Les Ballets C de la B. Coreografía  e interpretación: Akram Khan & Sidi Larbi Cherkaoui. Del 28 al 30 de septiembre. Mercat de les Flors (Barcelona). Del 24 al 26 de octubre. Festival de Otoño de Madrid. Teatro de La Zarzuela.

www.akramkhancompany.net www.lesballestscedela.be www.mercatflors.org www.madrid.org/fo2007  

 

 

MILENARIO KATHAK.  Los kathakas, comunidad de narradores del norte de la antigua India, empleaban con singularidad la mímica para enfatizar sus historias. Cultivaban  el Kathak, forma de arte que fusionaba danza, música y gesto, plena de espiritualidad y sentido de identidad. De los templos, el kathak se desplazó gradualmente hacia las cortes donde logró su sistematización como estilo y como escuela. Representó el entrenamiento más apreciado por la realeza y la nobleza y fue ampliamente promocionado como gran valor del hinduismo durante el imperio Mogol. En su evolución, el sentimiento místico originario del kathak se interesó por el tema amoroso y por el virtuosismo técnico. El cuerpo erguido, los pies paralelos hacia delante, las piernas derechas y sin flexión, giros de gran velocidad, junto a una armonía de brazos y una enfática expresión facial, resumen las características técnicas de esta escuela. El kathak o arte de contar historias, despierta en la actualidad creciente interés dentro de la danza escénica occidental, incluso por parte de los cultores de sus tendencias más renovadoras. Búsqueda del impulso vital del movimiento y de la naturalidad en el gesto expresivo, son necesidades compartidas por la danza en ambos extremos culturales. CARLOS PAOLILLO

 

 

Sidi Larbi Cherkaoui

El tipo del arquetipo

 

Texto: Omar Khan / Fotos: Karl Lagerfeld (cortesía de Les Ballets de Montecarlo)

 

Es el fenómeno de la danza novísima. La más actual, la más vanguardista y la más arriesgada. Con una corta pero meteórica carrera, el jovencísismo creador belga-marroquí Sidi Larbi Cherkaoui será estrella en el Festival de Otoño, de Madrid donde, aparte del dueto Zero Degrees, con Akram Khan, trae Myth, reciente superproducción que gira alrededor de los mitos, los tipos, los arquetipos, la tradición oral, los comics, Harry Potter y muchas cosas más

 

 

 

Como el heraldo de la nueva danza que demanda un nuevo siglo, el coreógrafo y bailarín belga-marroquí Sidi Larbi Cherkaoui comenzó esta centuria en el mismísimo 2000 sacudiendo en sus butacas a los aletargados espectadores de danza del mundo con Rien de Rien, su primera obra montada con el apoyo de Alain Platel desde Les Ballets C de la B, de Bélgica. Era ciertamente una pieza insólita. No se parecía a nada de lo visto durante el siglo XX. Rompía con convencionalismos, fusionaba, mezclaba, provocaba y revolvía lo inimaginable en un caótico discurso político, social, global y artístico perfectamente articulado y estéticamente impecable, en el que participaban seis intérpretes entre los 16 y los 60 años, con formaciones tan diferentes como el contemporáneo, el ballet clásico, el baile de salón o el hip hop. Hijo de padre marroquí y madre belga, se podría aventurar que su mezcla sanguínea es la que parece empujarle a no hacer distinciones, apegarse a tradiciones ni acomodarse en casillas. Con toda normalidad pone a un cultor del hip hop en dueto con una bailarina de ballet clásico danzando al ritmo de una melodía árabe de hace seis siglos.

Su segundo espectáculo fue asentamiento de ideas y confirmación de genio. Foi (2003) es, al unísono, bella y terrible. Sus referencias van desde la belleza de la danza oriental, la situación de la mujer en el mundo árabe hasta Bush y el terrorismo, pasando por el uso de la religión como arma política, sin desdeñar esos principios religiosos universales del bien y el mal, el cielo y el infierno, que terminarán siendo constantes en sus piezas. Porque a todos estos temas también aludía su tercera y no menos exitosa producción Tempus Fugit, un encargo del prestigioso Festival de Avignon, en 2004, en el que el joven flamenco de apenas 30 años hace toda una disertación acerca del valor del tiempo y la pluralidad cultural. Su capacidad para conectar fácilmente con públicos amplios que reconocen los referentes y se reconocen en sus propuestas llenas de contradicciones absurdas y al mismo tiempo lógicas, lo convirtieron en codiciado coreógrafo. Y él, aventurero y abierto, se dejó llevar atendiendo solícito al reclamo de compañías internacionales de lo más diversas e incluso aparentemente ajenas a su lenguaje. Para Les Ballets de Montecarlo ha creado dos trabajos (In Memorian, 2004, y Mea Culpa, 2006), para el Ballet del Gran Teatro de Ginebra hizo Loin, en 2005 y más recientemente ideó L’Homme de Bois para 18 bailarines del Royal Danish Ballet, una formación tradicionalmente clásica. Con el Cullberg Ballet, de Suecia, hizo End (2006), que parecía ser una respuesta inmediata a las batallas entre Israel y Hezbolá en Líbano. Junto a Akram Khan montó y bailó el dueto Zero Degrees, con el que vendrá al Festival de Otoño de Madrid, después de su paso por el Mercat de les Flors, de Barcelona.

Justo ahora, Larbi parece comenzar una nueva etapa. Ha abandonado Bruselas y Les Ballets C de la B para instalarse en Amberes, su ciudad natal, como buscando los orígenes, una idea que parece obsesionarle no solamente en la escena. Aliado con la prestigiosa casa Toneelhuis de la ciudad belga, acaba de estrenar Myth, una nueva y aún más ambiciosa producción que comienza su periplo internacional como una de las grandes atracciones del Festival de Otoño, de Madrid, este octubre. Dispuesta a la manera de un cuadro de Bosch o Brughel, Myth es una amalgama de referencias a los mitos occidentales, que se desarrolla en una especie de sala de espera flanqueada por una enorme biblioteca que parece representar el saber humano, donde 23 personajes en el limbo (bailarines, actores, contorsionistas, acróbatas, una actriz con síndrome de Down y el ensamble musical Micrologus, interpretando en directo música italiana del siglo XIV) esperan no se sabe bien qué. Los arquetipos de Jung (Cristo crucificado incluido), el marqués de Sade, Shiva, las figuras del Tarot, numerosa simbología e iconografía religiosa, los manga japoneses, los cómic, Matrix, Harry Potter, el cine de terror antiguo y también el nuevo… todo está mezclado y ensamblado en una superproducción que es un bombardeo de imágenes difíciles de describir.

 

¿Cuál ha sido la inspiración para Myth?

Al principio tenía la idea de montar un espectáculo alrededor de esas cosas que te ocurren en la vida con las que no puedes lidiar, cosas como los traumas, que están siempre contigo pero no puedes resolver. Pero luego me pareció demasiado fuerte, especialmente porque yo mismo he estado siempre buscando respuestas y tratando de hacer cosas que curen los traumas de mi vida, así que todo devino hacia el tema de los mitos porque sus historias son las que te hacen sentir que no eres el único al que le pasan ciertas cosas. En la mitología siempre hay un personaje que ha vivido algo similar a lo que te puede ocurrir a ti, hay siempre un mito que te dice que sea lo que sea lo que te pase no es la primera vez que ocurre en el mundo. Para mí los mitos son muy positivos porque son anécdotas que sirven para mostrarte que puedes confiar en el pasado para solucionar tus problemas de hoy.

 

Pero también asegura que el Tarot ha sido otra fuente de inspiración para la propuesta…

Lo que me gusta del Tarot es que las cartas son símbolos. Siempre encontrarás una referencia a cualquier persona o suceso de tu vida, y eso te sirve para darle sentido a las confusiones de tu propia mente, para tener mayor claridad. No es que las cartas te cuenten el futuro, se trata más de la manera en que tú sitúas las cosas ahora, en el presente… hay un montón de cartas que significan mucho para mí. El ahorcado, por ejemplo, está colgado cabeza abajo, ve el mundo al revés y yo mismo con frecuencia veo el mundo como él. Puedes hacer cruces infinitos entre las cartas del Tarot para buscar respuestas.

 

¿Es aficionado a lo esotérico?

No, no. Todo esto lo estudié por Internet, con un par de libros y conversaciones con amigos. Soy autodidacta a mi manera y creo que tienes millones de profesores a tu alrededor todos los días, gente de la que puedes aprender muchas cosas. Estamos viviendo un siglo en el que nos sentimos menos comprometidos con los profesores y viceversa. Si encontrara el profesor adecuado no me importaría ser un estudiante aplicado pero ahora mismo uso Internet, a los amigos y me aprovecho de todo lo que pueda enseñarme algo para intentar crear una lógica que me funcione.

 

Myth en particular y su obra en general, están llenas de contradicciones y contrastes: música antigua con danza moderna, referencias del pasado en contextos actuales, bailarines, músicos y contorsionistas juntos en escena…

Lo que quiero enseñar es que todo es igual. La realidad es que todo tiene el mismo valor, todas las cosas se reflejan las unas a las otras. No veo diferencia al mezclar música antigua con baile moderno. Cuando veo que los bailarines se mueven me gusta creer que ese movimiento viene desde un lugar muy antiguo y cuando veo a los músicos tocar melodías remotas en directo, los veo desde un momento muy actual.

 

Sus piezas están llenas de referencias a la cultura pop como el nuevo cine de terror japonés, Harry Potter, las artes marciales, Matrix o los mangas

Para mi esas formas de arte son los vehículos de la mitología, equivalen a lo que tu abuela te contaba pero ahora llegan por la televisión o el cine. Los mangas son totalmente mitológicos. Hay en ellos cosas que no son buenas pero otras que son increíblemente profundas, muy bien pensadas. Creo que esas referencias al ahora en mis piezas son también referencias al pasado porque insisto en que para mi siguen siendo la misma cosa, no puedo diferenciarlas. El público lo vincula a los manga o a la última película pero en el fondo siempre se trata de una historia muy muy antigua presentada en una forma muy muy nueva. Shrek me encanta en este sentido. Te ríes muchísimo porque reconoces las referencias pero te las presentan de una manera que conecta con la estética de hoy.

 

Le gusta trabajar con gente que viene de disciplinas muy distintas: de la danza, del hip hop, de la música, del circo ¿Qué importancia le da a la técnica?

Para mi la técnica no importa. Importa la disciplina y eso es algo increíble porque la disciplina supone dominar tu propio vocabulario, comunicarte con él. La mayor parte del tiempo mi lenguaje evoluciona con la gente con la que trabajo y dependiendo de cómo interactúen con mi lenguaje, ellos también lo transforman, me cambian a mi, así que no estoy solo en esto.

 

Pero eso es más difícil de lograr cuando acepta trabajar con compañías estables de ballet…

El trayecto es el mismo pero siento que no siempre llego al mismo lugar. Me encanta tener tiempo para trabajar y las compañías de ballet no disponen de tiempo, van con programas muy cerrados y voy a ser irrespetuoso, pero son felices y se conforman muy rápidamente. Se necesita al menos un año para sentir que estás trabajando conmigo pero aquí bastan tres semanas. Para mí en ese período apenas si nos hemos conocido y hemos hecho algo juntos, pero no más. El sistema de las compañías de ballet tiene otra lógica del proceso creativo.

 

No baila en Myth. ¿Son diferentes sus procesos cuando es bailarín que cuando es coreógrafo?

Muy diferentes. Creo que soy mucho más simpático como coreógrafo, cuando no estoy dentro de la pieza, porque como intérprete soy mucho más difícil, más atormentado. Como creador me siento libre, mucho más sensible hacia los demás y puedo ser muy delicado con los otros pero bailando soy más sensible hacía mi, más delicado conmigo mismo.

 

¿Le da mucha importancia a la música?

Creo que es muy importante. Para mí tiene mucho que ver con buscar en la fuente, ir a los orígenes. Me encanta seleccionar música muy antigua, que casi se haya perdido, porque siento que no deberíamos olvidar que es parte de nuestra historia y que lo que hoy nos encanta escuchar viene de ahí. Intento seleccionar para mis piezas música que la gente no escucha lo suficiente. La música pop es muy simple, polifónicamente elemental, usualmente se basa en un dueto del tipo Simon and Granfunkel, pero a mi me gustan cosas más complejas como la música medieval, especialmente la del siglo XIV, que parece tan rudimentaria pero en realidad es muy elaborada, muy profunda.

 

Myth. Festival de Otoño de Madrid. Teatro Albéniz. Del 31 de octubre al 2 de noviembre.

www.madrid.org/fo2007 www.toneelhuis.be

 

 

KHAN & LARBI. La idea de hacer algo juntos venía desde los tiempos en que se conocieron hace ya siete años compartiendo experiencias en la escuela P.A.R.T.S. de Bruselas. Pero antes de que pudieran consolidar nada a ambos les llegó la fama por caminos separados y, quizá un poco huyendo de tanto ruido, volvieron a reunirse ésta vez para hacer un dueto, algo más íntimo y cercano. En un momento del proceso el belga-marroquí Sidi Larbi Cherkaoui le pidió a su compañero de aventura, el hindo-británico Akram Khan que le contara algo que no le hubiese contado a nadie y a la cabeza del compañero vino una imagen tremenda que vio en su primer viaje a La India, cuando intentaba coger un tren de Bangladesh a Calcuta: un cadáver que tenía la mitad del cuerpo dentro del tren y la otra fuera ante la indiferencia de todos en un lugar donde el pasaporte no importa, lo que importa es el dinero. “Cuando Sidi escucho mi historia”, relata Khan, “me dijo que no era mi historia, que era una historia universal porque cada ser humano cuando cruza una frontera, es fácil que se sienta humillado. Ese es el origen del dueto Zero Degrees. Se pensó como un espacio entre dos cosas, entre dos realidades, podría ser un espacio entre dos notas musicales o podría ser un espacio entre dos países, dos culturas o dos nacionalidades, que es como el espacio entre la vida y la muerte”. Con música de Nitin Sawhney en directo y acompañados por dos réplicas suyas de goma, ideadas por el escultor Anthony Gormley, los dos creadores estrenaron esta pieza sobre dualidades en 2005. Aunque venían de muy diferentes vivencias tenían en común muchas cosas. Proceden de familias musulmanas establecidas en Europa, se criaron en urbes, vivieron dos culturas al unísono: una en casa y otra en la calle, admiraron a Bruce Lee, amaron la danza y son asombrosos bailarines con gran imaginación coreográfica. También fue un aprendizaje. “En el plano artístico aprendí con él mucho sobre el ritmo, sobre como pensar el ritmo y ponerlo en escena”, asegura Sidi Larbi. “Fue también fantástico encontrar finalmente a alguien con quien compartir el lenguaje de las manos, la sensibilidad de los dedos. Es algo que me encanta hacer y no encuentro bailarines para compartirlo”.

 

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SEP/OCT DE 2007

 
 
 

 

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