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Publicado
en Susy Q 11
- Noviembre/Diciembre 2007
Sònia Gómez
Lecciones de
honestidad
de una chica normal
Texto_Mercedes L.
Caballero Foto:
Pau Guerrero
Entre la danza, el teatro, la música y lo visual, se mueve
el trabajo de Sònia Gómez, performer catalana de éxito
emergente, que monta espectáculos de arriesgada y brutal
honestidad, con retazos de su vida. El último, Experiencias
con un desconocido, es un proyecto privado de siete
performances individuales que se alquilan a exclusivos
clientes, y con el que la artista investiga en el universo
masculino.

Asistir a sus espectáculos es como respirar trozos de su
vida. Y se debate entre la danza, el teatro, el vídeo y
otras disciplinas para hablar de ella misma, de lo que cree
ser, lo que le preocupa y lo que le interesa. Sus piezas,
casi todas con formato de solo, aunque con fértiles
colaboraciones como las que viene realizando con los
artistas Txalo Toloza y Joan Morey entre otros, se presentan
como píldoras autobiográficas de una chica normal que se
desnuda para perderse, para buscarse, y si puede, para
encontrarse. Su discurso, el de una artista formada en
danza, que pronto abandonó lo académico para ir en busca de
algo más irreverente, comenzó hace cinco años con la
trilogía Egomotion, dibujada por los montajes Yo
estoy en este mundo porque tiene que haber de todo,
Yo no soy nadie pero me cago en tu puta madre y Yo no hablo
inglés pero a veces me lo paso bien. A aquel
trabajo, que marcó el inicio de la línea creativa en la que
se encuentra inmersa esta creadora de sí misma, le siguieron
otros donde Sònia Gómez comparte protagonismo y escena con
su madre, Rosa Vicente, que abren otra línea de trabajo en
su trayectoria y termina de constatar la carga
autobiográfica de la obra de esta performer que nació y
trabaja en Barcelona. Son Mi madre y yo y Las
Vicente matan a los hombres, piezas estrella, por
cierto, de su repertorio, de gran éxito y requerimiento en
carteleras incluso internacionales, llegando a ser
presentadas en el prestigioso Hebbel Theater, de Berlín,
templo de la nueva danza internacional. Con su último
proyecto Experiencias con un desconocido, destinado a
clientes exclusivos que quieran vivir con ella una acción-performance,
Sònia Gómez va más allá diseñando una realidad concreta para
quien quiera vivirla. Una artista que trabaja a la carta con
reglas que ella propone y usted acata. Siete experiencias
privadas y personales, entre las que se puede elegir la
Club Company Dancer, destinada a hombres interesados en
la música de baile, Forma, perfecta para quienes
tengan una complexión fuerte y estén interesados en
experiencias físicas y Performativa, apta para
señores de todas las edades, dispuestos a vivir situaciones
pintorescas que la artista provoca. Un mosaico de propuestas
el suyo, alejado de aquella formación académica que
desarrolló primero en el Institut del Teatre de Barcelona y
en la prestigiosa escuela P.A.R.T.S en Bruselas después. A
esta última llegó en 1995, formando parte de la primera
generación de alumnos, y salió dos años después. “Me fui a
P.A.R.T.S pensando que la escuela iba a estar más enfocada a
la creación y no tanto a la formación de intérpretes.
Bailábamos piezas de Forsythe y Trisha Brown, yo me pasaba
los ensayos esforzándome sin llegar y diciendo “sorry”. Me
reunía cada tres meses con los profesores y lloraba mucho.
Así que a la hora de pasar un tercer año en la escuela me
dijeron: “Tienes la suerte de que has nacido con algo. Sal,
y descúbrelo”. Y me fui”.
¿Y
ha descubierto ya ese algo?
Pues
tal vez que soy una persona normal y corriente. Que no
destaca ni por guapa, ni por bailarina increíble, ni por
nada, pero que intenta hacer de las cosas más cotidianas
algo especial
¿Qué le impulsó a dar el salto a la creación?
Siempre he querido crear, y hacerlo desde lo autobiográfico.
Reírme de mí misma y de ese drama de no poder ser una
magnífica bailarina. Así que buscando conseguí darle la
vuelta a eso y encontrar mi propio movimiento, cercano al de
la disco. Combinar el lenguaje académico con otro más
cotidiano. Nunca me ha gustado esa distancia que se puede
crear entre el que está encima de un escenario y el que
mira. Yo no estoy aquí porque sea mejor que tú. Yo soy igual
que tú y desde aquí te cuento cosas. Sólo soy una chica
normal y corriente que se rompe en escena.
¿Tuvo claro desde un principio que lo suyo iba a ser la
mezcla disciplinaria?
El
movimiento y la palabra son la base de mis montajes. Uno se
alimenta del otro y al revés. Luego utilizo otros soportes
como el vídeo porque me ayuda a trabajar la relación entre
realidad y ficción que me interesa tanto, y poder colaborar
con otros artistas que tanto me enriquecen.
No
es raro que alguien salga de sus espectáculos sin saber muy
bien qué es lo que ha visto… ¿Cómo se lleva lo de ser
inclasificable?
Bueno,
no me importa mucho aunque sé que puede ser una lata para
los programadores. Otra cosa es el público que lo tengo muy
presente y me preocupa
Creo que una vez paró un espectáculo para preguntarle a un
espectador si todo iba bien porque usted notaba que algo no
funcionaba…
Para
mí es muy importante que el público no se aleje durante mis
espectáculos, y alguna vez he interrumpido el montaje para
preguntar y saber si todo iba bien. En este caso en concreto
yo estaba desarrollando una parte de texto dentro del
montaje y resulta que este espectador era sordo. Todavía se
me pone la carne de gallina al recordarlo… Le pedí perdón y
le dediqué el baile que venía después. Lo del género de los
espectáculos es algo que me preocupa. Seguramente este chico
venía a ver danza, y se encontró con más cosas. Y al público
hay que cuidarlo
¿Qué opinaría usted como espectadora de sus espectáculos?
Pues
yo pensaría que son obras muy mal construidas, por eso voy a
empezar a trabajar con un dramaturgo, pero que la chica te
enseña todo lo que puede y todo lo que ella es. Que aunque
mal planteados, intentan ser honestos. Y esto último me lo
ha enseñado mi madre que es la persona más honesta que
conozco.
¿Cómo surgió lo de trabajar con su madre?
Pues
mi primera inspiración para trabajar con ella fue Almodóvar
y la relación que tenía con la suya… Para mí mi madre es un
pilar muy fuerte… mi padre murió cuando yo tenía tres años y
ella hizo el papel de los dos. Es la madre por antonomasia y
haría cualquier cosa que le pidieran sus hijos. Mis hermanas
mayores le propusieron cuidar de sus niños y yo le propuse
que trabajara conmigo. Y como ella tenía ese gusanillo se
lanzó. Después hemos descubierto que es una estupenda
intérprete.
Experiencias con un desconocido es un proyecto privado de siete performances que sólo pueden disfrutar
los hombres… ¿es el universo masculino un enigma para usted?
Bueno
yo crecí rodeada de mujeres y los hombres han sido los
grandes desconocidos para mí… De ahí surgió también Las
Vicente matan a los hombres (por las mujeres de mi
familia). Experiencias con un desconocido es un
proyecto privado en el que se ofrecen siete performances,
para elegir una, a distintos clientes. Una relación de
dominación-sumisión, en la que yo propongo acciones para
desarrollar según lo que quiera el cliente
¿Y
siempre domina usted?
No, ha
habido algún caso en el que ha dominado el cliente, pero
bueno, siempre se busca una cooperación. Ahora mismo tengo
seis clientes con varias performances en marcha. Al primero
de ellos lo conocí en la Generalitat de Cataluña, en un acto
republicano
¿Cuál es el perfil de los clientes que ha tenido?
Pues
es curioso pero todos tienen algo pendiente con las artes
escénicas, un interés general o más concreto, y a todos les
gusta escribir. La palabra es muy importante en este
proyecto. La primera parte del proceso, que dura entre dos y
tres meses, es una relación por e-mail, donde yo veo cómo se
expresa el cliente en potencia, y nos intercambiamos
información para la consecución de sus deseos. Las
performances que más se han pedido son donde hago de actriz
y la de baile… Pero en general he dado con gente muy
inteligente y ningún cliente ha confundido lo carnal. El
interés está en otras cosas.
Para
contratar una de las performances de Experiencias con un
desconocido escribir a:
experiencias@soniagomez.com.
‘Mi madre y yo’: 3 de noviembre en el Centro Huarte de Arte
Contemporáneo de Pamplona; el 17 de noviembre en The Place
de Londres; el 29 de noviembre en el Auditorio de Tenerife
de Canarias y el 7 y 8 de diciembre en La Central Lechera de
Cádiz. ‘Las Vicente matan a los hombres’: 4 de noviembre en
el Centro Huarte de Arte Contemporáneo de Pamplona; del 21
al 24 de noviembre en la Sala Nasa de Santiago de
Compostela, y el 7 y 8 de diciembre en La Central Lechera de
Cádiz. Experiencias con un desconocido. Explicación pública
de este proyecto privado el próximo año en Barcelona. Con
fechas y lugar por confirmar.
www.soniagomez.com
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