Publicado en Susy Q 12 -  Enero/Febrero 2008

 

Thomas Noone Dance / Club Guy & Roni

Caóticos y torcidos

 

Texto y foto:  Xavier Sanfulgencio

 

Thomas Noone se lía la manta a la cabeza invitando a los líderes de la compañía holandesa Club Guy & Roni a trabajar con sus bailarines. En febrero en el Sant Andreu Teatre de Barcelona estrenarán programa doble con The Chaos Quartet, de Guy Weizman y Roni Haver, y Tort, de Noone.

 

 

 

Israelíes afincados en Holanda, pareja artística y sentimental, fundaron su club en 2001 pero llevaban trabajando juntos como bailarines desde 1992. Han pasado por compañías como la Batsheva, de Israel; Galili Dance, de Holanda; Lanonima Imperial en nuestro país o la belga Última vez, de Wim Vandekeybus, entre otras. Han ido adquiriendo una experiencia coreográfica y vital que conforma su interesante manera de trabajar. Guy Weizman y Roni Haver son las almas del Club Guy & Roni, compañía holandesa con una atrayente danza física, que ya presentó su trabajo este verano en el festival Greg, de Barcelona, y que ahora vuelven para trabajar con los bailarines de la Thomas Noone Dance, con quienes estrenan su nueva producción The Chaos Quartet, en el Sat! (Sant Andreu Teatre), de Barcelona, donde Noone tiene sede permanente.

A Noone ya hacía tiempo que le rondaba por la cabeza hacer de su compañía un lugar de encuentro aún mayor. El dinero manda y las cosas no siempre son fáciles en el mundo de la danza pero cuando ha visto la oportunidad, se ha lanzado. Aunque eso sí, no sin grandes quebraderos de cabeza. “Si invito a alguien ya no puedo hacer una mega producción”, se lamenta. El dinero es el mismo y hay que hacer malabares con él. La idea que se le ocurrió a este creador británico anclado en Barcelona fue la de hacer un programa doble: él elaboraría una pieza de media hora y Haver y Weizman otra. “Fuera de España es algo más habitual invitar a otros a que dirijan a tus bailarines”, comenta Noone sabiendo que aquí solo lo pueden permitir las grandes compañías. Pero cree que de este esfuerzo saldrá una experiencia positiva. “Es importante para los bailarines y también para el público. Los primeros tienen la oportunidad de trabajar con otros coreógrafos, lo que conlleva diferentes métodos de trabajo y el público verá a los mismos intérpretes en obras que no son de mi estilo”. Ciertamente son estilos distintos pero ambos utilizan el movimiento radicalmente formal para transgredirlo en mayor o menor medida.

Aunque Noone tome el riesgo de abrir las puertas de su casa para que entren otros, mejor que sean amigos con referencias. Se conocen desde el 96 y la admiración es mutua. Guy Weizman afirma que a ellos los invitan a menudo a colaborar con otros colectivos, pero no siempre es fácil. “Antes de aceptar pasamos una semana juntos para saber si nos gusta la compañía. Alguna vez me ha pasado tener que decir que no creo que funcione”. A Weizman lo que le más le gusta de la Thomas Noone Dance es que “son verdaderos bailarines y tienen control de su cuerpo”.

Una vez recogido el guante que les lanzó Noone han de adaptar su forma de trabajar a la compañía que los acoge, al hecho de dirigir bailarines que no conocen en lugares no habituales, a que el tiempo del que se dispone es menor y que no se controla todo como cuando uno está en su casa.  En este caso, habría que añadir la imposibilidad de que Weizman y Haver no coinciden para trabajar juntos en Barcelona. Las dificultades que les da el ser padres complica la labor, pero ellos hacen del defecto virtud y llegan a encontrar nuevos incentivos. “Escribimos la pieza juntos, trabajamos en Holanda el concepto del que queremos hablar, con el que queremos trabajar y eso es lo más importante. Para nosotros no es arriesgado, estamos muy fusionados, somos dos cabezas que buscan resolver la misma ecuación”. Para Noone tampoco es sencillo.”Me resulta extraño dejar mi estudio y saber que siguen trabajando y yo no estoy allí”. Por si fuera poco han decidido que no quieren saber nada de la pieza que está haciendo el otro hasta el estreno. No quieren que nadie influya a nadie, pero cuando escuchamos la descripción de estas dos piezas de boca de sus creadores, sorprende constatar que no serán demasiado dispares. Weizman y Haver parten de un concepto complejo: la teoría del caos. Según Weizman la pieza “va de saltar y manipular el tiempo. De intentar buscar un camino en una situación cambiante de la que te proteges, de no perderse en el caos”. Para Noone, el punto de partida es totalmente distinto. Nos cuenta que en su pieza, que se llama Tort (torcido en catalán), “quería enfrentarme a la búsqueda y construcción de un lenguaje formal. Funciona como dúos que están siempre fuera de equilibrio, que todo el tiempo lo están buscando y siempre se están cayendo. Los dúos se buscan pero se desencuentran. Con todo ello quiero crear un hilo emotivo entre el público y el espacio escénico”.

Por algo será que uno tiene los amigos que tiene y no otros. Las afinidades no se pueden ocultar y mucho menos cuando se muestra lo que se hace con pasión. Las piezas serán de cada uno de sus creadores pero uno busca el calor y la compañía de los que le son cercanos y, casi sin quererlo, esos lazos se hacen visibles. Este febrero podremos comprobar si las dos piezas tienen más en común de lo que sus propios creadores creen.

 

Thomas Noone Dance. The Chaos Quartet y Tort. Sant Andreu Teatre Sat! (Barcelona) Del 21 al 24 de febrero. www.thomasnoonedance.com www.clubguyandroni.nl

 

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SUSY Q - 12

ENE/FEB DE 2008

 
 

 

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