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Publicado
en Susy Q 12
- Enero/Febrero 2008
Sara Baras
Sarabaras S. A.
Texto: Raquel Vidales Foto: Manuel Otero
Su nombre arrasa dentro y fuera de los teatros. Es una
estrella, sin duda. Pero ella sigue a lo suyo: trabajo y
trabajo. Un día baila Sabores en Shangai y cinco días
después en Tomelloso. A la vez, arranca la gira de Carmen,
su último estreno, que abrió temporada en el Liceu de
Barcelona el pasado otoño.

Domingo 28 de octubre. Teatro De Rojas en Toledo, única
función, localidades agotadas. Sara Baras sigue con la gira
de Sabores, espectáculo con el que lleva dos años
cosechando aplausos por todo el mundo. Su agenda es una
locura: de Castilla-La Mancha a China y vuelta otra vez a
España, a lo que se añade el reciente estreno de Carmen,
que presentó el pasado septiembre en Barcelona y en
diciembre en París. Con Sabores, estrenado en 2005,
la coreógrafa y bailarina flamenca cerró su trilogía de
espectáculos no argumentales, que inició con Sensaciones
en 1998 y continuó con Sueños en 1999. Ahora, con
Carmen, concluye la que empezó con Juana la Loca
en 2000 y siguó con Mariana Pineda en 2002.
Por fin cazamos a la Baras en Toledo, justo antes de la
función. La artista recibe en su camerino. Sorpresa:
aquello, en vez del templo privado que se le supone a una
figura, parece una fiesta. Miembros de la compañía,
bailarines, amigos, niños… jaleo, jaleo. Conseguimos
acomodarnos frente al espejo y la gente va desapareciendo.
En el tocador conviven tarros de alta cosmética con una caja
de donuts medio vacía, una bolsa de gominolas y
chucherías varias. “Va a ser verdad que le gusta el dulce”,
pienso, mientras me viene a la cabeza el anuncio de
televisión en el que promociona chocolatinas. Pero no. No
son para ella. Todavía queda un niño correteando que
aprovecha la salida de los demás para lanzarse al botín.
Abre una bolsa y se sienta en el regazo de Sarabaras.
“Así me llaman, Sarabaras”, dice riendo y enviándole
al pequeño uno de esos besitos que suele lanzar desde
el escenario.
Entonces, ¿Sarabaras o Sara Baras?
La verdad es que Sarabaras no soy yo, es un equipo.
Es gente que, además de categoría profesional, tiene que
tener calidad humana, porque aquí no sólo trabajamos, sino
que desayunamos juntos, viajamos juntos y estamos siempre
juntos.
¿En qué momento se da cuenta de la
popularidad de ese nombre que ya no es sólo suyo?
No sé exactamente el momento, pero de repente un día sientes
que algo ha cambiado. Por ejemplo, antes salías al escenario
y sorprendías, mientras que ahora todo el mundo sabe quién
eres y quiere que se lo demuestres.
¿La fama pesa?
Es difícil. Ves que te has convertido en algo que toda la
vida has soñado pero ni tú misma te lo acabas de creer.
Sobre todo porque vives del directo: tienes que seguir
trabajando día a día y demostrando lo que eres cada tarde en
el escenario.
Lleva ya dos años de gira con Sabores.
¿No le cansa?
Al revés, yo no quiero que acabe. Este espectáculo es muy
especial, creo que el más gratificante para mí, porque está
dedicado a mi madre, que ha sido mi maestra. Todavía le
queda mucho. Vamos estrenando títulos nuevos, pero hay
muchos lugares a los que aún no hemos llegado y tenemos que
seguir.
Con Sabores cierra una trilogía y con
Carmen otra. ¿Lo tenía premeditado?
No. Las dos han ido surgiendo. Lo que sí he buscado es
intercalar los espectáculos tipo concierto con los de
dramaturgia. El cambio es bonito, necesario. Es muy
diferente meterse en la piel de un personaje como la
Pineda, que te obliga a seguir un guión, a bailar algo
como Sabores, donde el personaje eres tú misma.
Y ahora, Carmen. ¿Qué tal se ve?
Es muy especial. No es la Carmen típica ni se cuenta
la historia que ya todo el mundo conoce. Tampoco es una
devoradora de hombres con escotazo, sino que hemos buscado
algo más profundo, presentándola, más que como una mujer,
como una actitud de mujer. Creo que a más de una persona le
puede pasar alguna vez lo que le pasa a ella,
y ahí está la clave: plantearse cómo uno reaccionaría ante
una situación así.
Para Juana la Loca y Mariana
Pineda recurrió a un director de escena. ¿Por qué ahora
no?
Antes de empezar a trabajar con Carmen hice un
pequeño guión y se lo llevé a Paco Nieva. Y me dijo:
dirígelo tú, esta Carmen es muy tuya. Así que me
lancé.
¿Por qué una trilogía de mujeres?
Son personajes que anteponen sus sentimientos a cualquier
cosa. No es que no haya hombres así, sino que el hecho de
ser yo mujer me ha llevado a buscar mujeres. Juana y
la Pineda han ido viniendo, pero a Carmen la
he buscado yo, sabía que tenía que interpretarla algún día.
He esperado hasta ahora porque hay que tener mucho peso para
hacerlo.
¿Ya lo tiene?
Yo miro mi baile de hace diez años y me veo muy loca, muy
rápida, intentando hacer el paso más difícil del mundo. Hoy
busco la belleza por otros lugares. Y sí, ahora he visto que
me llegó el momento de hacer Carmen.
¿Y después?
Después no sé. Hay muchas propuestas, y además hay un
espectáculo que estrenamos hace dos años con Josep Carreras
en Cap Roig y queremos retomarlo.
www.sarabaras.com
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