Publicado en Susy Q 12 -  Enero/Febrero 2008

 

Obituario / Maurice Béjart

Au revoir, Maurice

 

Texto:  Carlos Paolillo

 

A los 80 años ha muerto Maurice Béjart, el hombre que creó una nueva vía para el ballet en el siglo XX. Se ha ido pero queda su obra. Su compañía suiza, el Ballet Béjart Lausanne mostrará parte de su legado este febrero en Madrid y en el verano, será Barcelona la que pueda acercarse a un programa resumen de su fructífera trayectoria

 

 

 

Para Béjart la danza fue el arte fundamental del siglo XX y su predominio e influencia en los nuevos tiempos que corren está relacionada con la concepción de la cultura globalizada que todo lo abarca. El signo de Béjart fue el del visionario. Hace casi treinta años sentenció que “en un momento en que las fronteras anecdóticas del espíritu humano van derrumbándose poco a poco y se puede comenzar a hablar de una cultura mundial, se debe rechazar todo folklore que no sea universal y no tener en cuenta más que las fuerzas esenciales del hombre, que son las mismas en todos los continentes, bajo todas las latitudes y en todas las épocas”.

Icono mundial de la contemporaneidad en las artes escénicas, Béjart se dejó influenciar por la fuerza incontenible de los movimientos vanguardistas vividos en Occidente a principios del siglo pasado, para ir mucho más allá de ese espíritu libre y contestatario, hasta convertirlo en un código expresivo y estético personal y universalizado. A partir de la volcánica experiencia de los Ballets Rusos de Diaghilev y sobrepasando el estilo neoclásico desarrollado por Balanchine, puede hablarse ya con total propiedad de un estilo contemporáneo de ballet, cuya paternidad incuestionable corresponde a Béjart. Un sentido vital y comprometido del movimiento, evasivo de simples abstracciones y asepsias escénicas, antes por el contrario mixto y contaminado, ha sido el norte y la razón de ser de esta tendencia fuertemente desarrollada hasta nuestros días.

La danza como encrucijada expresiva donde puede cristalizarse una admirable integración artística constituye el aporte trascendental de Béjart  al arte escénico occidental. Su impronta creativa comenzó a manifestarse hace más de 50 años cuando creara su primera obra, La Mégere Apprivoisée (Scarlatti, 1954), a la que seguiría su primer título reconocido, Symphonie pour homme seul (Henry y Schaeffer, 1955). Hoy, luego de su muerte, su trabajo creativo es una referencia ineludible de una danza ideológica y estéticamente comprometida con su tiempo.

Maurice Berger, el hijo del filosofo senegalés Gastón Berger, se convirtió en Maurice Béjart, el bailarín discípulo de madame Rousanne, Lubov Egorova y Vera Volkova; el intérprete de Roland Petit y Birgit Cullberg; el fundador de Les Ballets de l’Etoile y el Ballet-Theatre  de París, el Ballet du XXe Siecle y el Ballet Béjart Lausanne; el creador de la legendaria escuela Mudra de Bruselas; el autor de La consagración de la primavera (Stravinsky, 1959), Bolero (Ravel, 1960), Novena Sinfonía (1964) Romeo y Julieta (Berlioz, 1966), Misa por los tiempos presentes (Henry, 1967), El pájaro de fuego (Stravinsky, 1970), Nijinsky, clown de Dios (Tchaikosvky y Henry, 1971) y Kabuki (Mayuzumi, 1986), entre tantas otras obras, todas  patrimonio coreográfico del mundo.

Las coreografías de Béjart, especialista en trabajos grupales de grandes dimensiones, con vigorosos desplazamientos de masas en el escenario y  máxima utilización del elemento masculino, no son relatos temáticos o anecdóticos. Constituyen una suerte de abstracción teatral que tiene que ver con su personal concepción del mundo, con sus inquietudes intelectuales o simplemente humanas. En este sentido, Béjart y su danza se han proyectado más allá del concepto de danza pura. Referenciales son sus experiencias dentro del teatro, la ópera y la literatura, experiencias que juntas determinaron el surgimiento y desarrollo de un discurso escénico particular.

En su libro Un instante en la vida de otros (1979), el coreógrafo marsellés sentenció que “la danza es un arte entero, suficiente, que posee formas puras y formas mezcladas para abordarla. Con frecuencia se olvida que el ballet nació más como una comedia musical americana que como un ballet romántico. La danza es un arte barroco total”. Si algún calificativo merece Béjart es el de controvertido. Su concepción sobre la función social del arte y de la danza como idóneo vehículo para una revolución, más ética que artística, así como su obsesión por hacer el ballet accesible a las masas, son postulados inflexibles. “La renovación de la danza -opinaba - ya no es un problema estético. Nos encontramos en presencia de una necesidad mucho más profunda. Lo que está en juego es una cuestión social”.

Maurice Béjart, sorprendió por la originalidad en la utilización del lenguaje académico de la danza aplicado a planteamientos de absoluta e inquietante contemporaneidad. Su obra coreográfica exhibe, por sobre todo, una profunda   capacidad de emocionar y conmocionar. Ha muerto en Francia a los 80 años el pasado 22 de noviembre de problemas cardíacos y renales pero queda su obra como legado a la humanidad. En febrero su pieza monumental Zarathoustra, el canto de la danza podrá verse en el Teatro Real de Madrid, mientras que el importante programa Bejart, L’amour, La Danse, conformado por diez fragmentos de sus piezas más emblemáticas, se verá en verano en el Teatro El Liceu, de Barcelona. Ha muerto pero sigue vivo.

 

Ballet Bejart Lausanne. Zarathoustra, el canto de la danza. Teatro Real (Madrid). Del 20 al 25 de febrero. Béjart, L’amour, La Danse. Del 24 al 29 de julio. Teatro El Liceu (Barcelona). www.bejart.ch www.teatro-real.com www.liceubarcelona.com

  

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SUSY Q - 12

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