Publicado en Susy Q 12 -  Enero/Febrero 2008

 

Rojas & Rodríguez

PAR

 

Texto: Raquel Vidales      Foto: Manuel Otero

 

Sangre es el título del nuevo espectáculo de Rojas y Rodríguez, mitad y mitad del Nuevo Ballet Español. Once años llevan ya juntos con esta compañía, imprimiendo dinamismo al flamenco y paseando su envidiable juventud por los grandes escenarios. Siguen creciendo. Y siguen siendo jóvenes.

 

 

Se conocieron hace 16 años en el Ballet de Luisillo. En principio no hubo química, pero sus carreras corrían paralelas. Pasaron por las compañías de Granero y José Antonio, a los que ambos consideran sus maestros, y en 1994 se juntaron por primera vez para participar en el Certamen Nacional de Danza Española y Flamenco con Elegía a Ramón Sitge. Ganaron, ex aequo, el Premio al Mejor Bailarín Sobresaliente. El reconocimiento a este trabajo fue la señal que les animó a formar compañía, con poco más de 20 años cada uno. Su primera producción como Nuevo Ballet Español fue Canela y fuego, estrenado en Madrid en diciembre de 1996. Desde entonces todo ha sido un no parar para Ángel Rojas (Madrid, 1974) y Carlos Rodríguez (Madrid, 1975). Sangre flamenca, Gallo de pelea, Furia, Flamenco directo, Don Juan, Concierto flamenco, Tierra, El alma… España, Francia, Alemania, Reino Unido, Bélgica, Estados Unidos, Canadá, Latinoamérica, Japón, China…

Jóvenes todavía, su trayectoria es sin embargo muy extensa y reconocida por su espíritu de renovación, que se ve reflejado en el gran dinamismo de sus espectáculos y en colaboraciones con coreógrafos de danza contemporánea como Chevi Muraday y Patrick de Bana. Mientras siguen sus giras con El alma, Tierra, Flamenco directo y Concierto flamenco, Rojas & Rodríguez estrenan Sangre, una nueva producción que incluye cuatro piezas de anteriores espectáculos y seis nuevas, que se presenta este enero en Portugal y en febrero en Madrid. Y tampoco dejan de lado Dualia, una coreografía realizada por encargo para el Ballet Nacional de España, de la que se sienten especialmente orgullosos por rescatar la danza española para el público contemporáneo. No todo va a ser flamenco, dicen.

 

Sangre. Del 23 de enero al 17 de febrero, gira en Portugal; el 24 de febrero, en Jerez de la Frontera; del 25 de febrero al 9 de marzo, en el Teatro Albéniz de Madrid. www.nbeflamenco.com

 

 

Ángel Rojas

TIERRA

 

Hace diez años fue Sangre española y ahora Sangre. ¿Por qué tanta sangre?

La sangre nos ha marcado siempre. Por el arraigo familiar y porque nosotros, Rojas & Rodríguez, aunque no tenemos la misma sangre, estamos unidos por la sangre del flamenco. Nos fluye danza por la sangre.

 

Es un estreno, pero tiene coreografías antiguas...

Hemos malcriado a la prensa y al público al ofrecer siempre demasiada primicia. No es que la máquina se esté agotando pero necesitamos saborear más lo que hacemos. Hemos estrenado grandes coreografías durante once años y algunas no las hemos disfrutado del todo, aparte de que el público no las ha podido ver todas.

 

¿Y qué novedades ofrecen?

Hemos optado por el gran formato, utilizando los grandes medios a los que ahora ya podemos acceder. Nosotros, con la compañía, pretendemos captar al gran público y la única manera de hacerlo es con el gran formato. Además es algo que nos gusta, nos divierte y sabemos hacer muy bien.

 

¿No condiciona demasiado el gran público?

Cada uno nace para llevar un traje determinado y a nosotros el traje del gran formato nos va muy bien. También tenemos otras vías de escape. Por ejemplo, yo he creado un sello que se llama Ángel Rojas Project, que es como mi canción protesta, con el que hago cosas pequeñas. Creo que precisamente estamos muy unidos porque tenemos la posibilidad de escaparnos.

 

Aparte de eso, ¿qué les mantiene unidos?

El tiempo. Hemos tenido un crecimiento paralelo y nos atraen las mismas cosas.

 

¿Y qué les separa?

Yo soy muy ordenado y él es más loco. También porque la parte que me toca de la empresa es la más burocrática, de organización, y eso te obliga a ser muy disciplinado.

 

¿Qué le da Rodríguez que no pueda darle otro?

Tranquilidad. La tranquilidad de tenerlo al lado. Ahora ya soy más autónomo, pero he sido siempre muy dependiente de su opinión, de su presencia.

 

Les llaman “renovadores”…

Es una cuestión de generación. Igual que Vicente Escudero renovó en 1900, nosotros lo hacemos en este siglo.

 

¿Eso en qué se traduce a la hora de bailar?

Se traduce en hacer llegar al público contemporáneo la danza española y el flamenco utilizando elementos de este tiempo (vestuario, luces, formato). Y agregando también dinamismo, porque la vida va tan rápido últimamente, que en los espectáculos se tiene que notar.

 

Pero de nuevo, ¿no les condiciona crear según lo que necesita el espectador?

No es algo provocado, yo bailo así. Nuestro lenguaje surge de este tiempo, de la mezcla con otras tendencias, de ver mucho a nuestros compañeros y también a los que ya no están.

 

¿Qué público le gusta más?

El estadounidense. Si le gustas, te come, grita, casi se sube al escenario. En cambio, el japonés no me gusta porque no expresa lo que siente.

 

¿Y el español?

El español es un público cada vez más culto. Y en este aspecto yo me cuelgo una medalla por Dualia, la coreografía que hemos hecho para el Ballet Nacional de España, porque con ella hemos conseguido poner al día la danza española, darle la potencia que necesita para llegar al público de hoy.

 

¿Le gustaría dirigir algún día el Ballet Nacional de España?

Es algo que a cualquiera que se dedique a esto le apetece. Aunque ahora que lo he conocido desde dentro, se me han quitado un poco las ganas.

 

¿Por qué?

Porque tiene un funcionamiento muy rígido, que dificulta la labor de gente como José Antonio, que es un gran director, mi maestro. Yo haría muchos cambios.

 

¿Algún otro maestro?

Granero. A mí me cambió la vida con 16 años, me hizo ver esta profesión como no la ve nadie. Yo con mi gente intento hacer lo que él hizo conmigo.

 

El éxito le llegó joven. ¿Qué quiere ser de mayor?

Quiero ser papá.

 

 

 

Carlos Rodríguez

AIRE

 

Otra vez la palabra sangre en el título. ¿Por qué?

Por nuestras venas corre una sangre especial, una manera diferente de sentir la danza y el flamenco. No es un flamenco tradicional, es un lenguaje especial, nuestro.

 

¿Renovador?

Somos de una generación nueva. Antes el que bailaba flamenco, bailaba solo flamenco, pero ahora tenemos más formación, conocimientos en contemporáneo, jazz, danza clásica, regional, y eso no lo puedes hacer desaparecer a la hora de crear. De ahí viene la renovación.

 

¿De qué va Sangre?

No tiene argumento, son sensaciones, palos de flamenco bien bailados. Nosotros hacemos espectáculos a la medida del público, y creo que este tipo de producciones son las que más gustan a la gente, porque son más variadas y te cuentan cosas a través del baile, no de la narración.

 

¿Piensa mucho en los espectadores?

Creo que hay algo especial en una persona que decide ir a ver un espectáculo.

 

¿Con qué público se queda?

Si tengo que quedarme con uno, me quedo con el español. Es más exigente, pero es el que conoce.

 

Conoce el flamenco, pero la danza española no tanto…

Estamos luchando por rescatarla. Tiene que tener un sitio privilegiado, tanto o más que el flamenco, porque también es parte de nuestra cultura. Sería como tener dos hijos y querer sólo a uno.

 

¿Qué tal va el rescate?

Dualia, con el Ballet Nacional de España, parece que ha despertado interés. Creo que hemos removido algo. Hemos querido demostrarle al público que esto también es nuestro y no se puede perder. Lo que pasa es que no podemos seguir dándole vueltas siempre a lo mismo porque la gente se acaba cansando. Puedes interpretar o reinterpretar Carmen mil veces, pero también tienes que seguir creando, hacer danza española para el público de hoy.

 

¿Y eso cómo se hace?

Si llamas a un compositor contemporáneo, como nosotros hicimos con José Nieto para Dualia, y le dices que te haga una música inspirada en la tradición de la danza española, llega un momento en que, sin querer, empiezas a rescatarla, porque estás ofreciendo algo diferente, contemporáneo.

 

¿Trabajan siempre con música original?

Al principio, por una cuestión económica, montamos La vida breve y Goyescas. Pero luego nunca hemos vuelto a montar nada con música no original. Y no porque no nos guste, a mí me encanta, pero creo que un público que va a ver algo diferente, se merece algo diferente en todos los sentidos.

 

¿Qué le une a Rojas?

Al principio no nos caímos bien. El ego artístico te hace mirar al otro como competidor. Pero luego nos sentamos a hablar y vimos que buscábamos cosas muy parecidos. Entonces decidimos apartar los egos y evolucionar juntos.

 

¿Y qué les diferencia?

Él es tierra, yo soy aire. La antítesis. Hemos chocado mucho, pero también hemos aprendido mucho de ello. Al principio nuestras discusiones eran temperamentales, pero ahora son muy maduras y nos llevan a un punto muy bueno, que es el de la reflexión. Por eso creo que estamos haciendo cosas cada vez más interesantes.

 

Parece difícil…

Es un privilegio. Como las generaciones de escritores del siglo pasado, que se sentaban y hablaban: de eso siempre sale algo interesante. Pero ahora es difícil que eso pase, porque la gente es muy individualista.

 

Un maestro…

Tengo dos: José Antonio y Granero.

 

Siempre son ellos. ¿Qué les han dado?

Son maestros de artistas. Tú estás ahí queriendo aprender la técnica, pero ellos te meten la mano dentro y te sacan un tubo por el cual tú vas a poder hablar con todo el mundo.

 

Y usted, ¿qué quiere ser de mayor?

Quiero ser una buena pareja de mi pareja y un buen hijo para mi madre. Ahora trabajo tanto tiempo fuera, que me siento un poco mal en ese aspecto.

  

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SUSY Q - 12

ENE/FEB DE 2008

 
 

 

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