Publicado en Susy Q 14 -  Mayo/Junio 2008

 

Blanca Li

Tormenta Blanca

 

Texto: Mercedes L. Cabellero     Fotos:  Pablo Reinoso

 

Trepidante como una película de aventuras, la vida de Blanca Li es huracanada. Tiene el don de la ubicuidad. Crea espectáculos, monta exposiciones, organiza bailes disparatados para la realeza, baila, actúa, hace películas y spots publicitarios, dirige el Centro Andaluz de Danza, mantiene un repertorio en gira con su compañía de París, coge aviones como autobuses, se le acumulan los proyectos y se le agolpan las ideas. Todo al unísono. Su macro espectáculo Poeta en Nueva York llega esta temporada a París y en León se clausura su delirante exposición Te voy a enseñar a bailar

 

 

 

Gira con Macadam, Macadam (1999), El sueño del minotauro (1998) y Corazón loco (2007). Inminente estreno esta temporada en París de Poeta en Nueva York (2007). Rodaje de una película en Francia en la que interviene como actriz. Dirección de una comedia musical que se estrenará en octubre en Madrid. El MUSAC de León le acaba de dedicar una amplia exposición. Y ha organizado el último Baile de la Rosa que anualmente monta la familia real de Mónaco, dedicado en su pasada edición a la Movida Madrileña. En todo esto anda Blanca Li. Todo esto es Blanca Li. Nada nueva, por otra parte, esta hiperactividad de la polifacética artista, que viene acompañándola casi desde que era niña. Coreógrafa, bailarina, también directora de escena, de cine, creadora de coreografías para publicidad, vídeoclips, ópera, y actriz, a Blanca Li (Granada, 1964), la danza le sirve para hilvanar sus inquietudes. A través de ella lleva caminando más de dos décadas, con imperiosa libertad y apuesta, por escenarios ortodoxos y dispares. Por donde ha sentido que tenía que ir. Por donde le ha dado la gana. Por Nueva York, donde se marchó con 17 años para estudiar danza, y mientras aprendía de baile también cantaba rap en el grupo Las Xoxonees; por Madrid, donde en la década de los 90 montó El Calentito, local de vida nocturna y artístico emblema de las noches madrileñas del momento; por la capital francesa, donde llegaron más producciones, (Nana et Lila, Salomé, Stress…), el Centro Coreográfico Blanca Li (1998) y donde reside desde entonces; por Berlín para dirigir la Ópera Cómica de la que dimitió seis meses después, y de vuelta a París para continuar con su actividad coreográfica, donde destaca el largometraje musical de hip hop Le Défi, éxito de taquilla en Francia. Sus últimas paradas la han llevado por el sur. En Sevilla dirigiendo desde 2006 el Centro Andaluz de Danza (CAD), y en Granada, donde estrenó en 2007 Poeta en Nueva York, encargo sobre Lorca por el que ha recibido el Premio Max a la mejor coreografía. Una ecléctica actividad creativa, con el movimiento como vehículo de primera, que la convierten en embajadora de la danza, pero por la que asegura, también se ha sentido en ocasiones cuestionada. “Yo siempre he ido haciendo muchas cosas, y ha sido difícil porque no siempre se ha entendido. A menudo me han preguntado que por qué hacía esto y lo otro, y siento que ahora, por fin, se acepta como soy y se acepta mi trabajo sin tener que pelearme más con el mundo. Ahora me siento libre de tener que dar explicaciones. Es un momento bonito”.

 

¿Y se siente pionera de alguna manera?

No lo creo. Hay mucha gente así, interesada por varias disciplinas artísticas… Lo que es duro es sobrellevar esa manía de algunos de necesitar poner una etiqueta. De necesitar encuadrarte. Y eso es una cosa contra la que tienes que luchar porque si no, no te respetan. A mí me criticaban mucho, pero hay que superarlo y ser constante.

 

¿Pero cómo se lleva lo de dirigir una compañía y un centro coreográfico en París y el Centro Andaluz de Danza en Sevilla para no volverse loca?

Bueno, es que yo siempre he estado un poco loca… Ya en El Calentito hacía de todo: bailaba, ponía copas, tomaba clases de danza por la mañana, era profesora por la tarde… Cuando era pequeña y estaba en el equipo de gimnasia, iba a entrenar de 6 a 10 de la noche y luego estudiaba. Siempre he tenido una cuádruple vida y para mí es algo normal. El truco está en organizarse bien. Ser claro con las personas con las que se trabaja, confiar en ellas y poder delegar. Además, hoy en día las nuevas tecnologías hacen que esta hiperactividad sea más fácil.

 

¿Cuándo le propusieron dirigir el CAD, dijo que sí enseguida?

Pues sobre todo me hizo mucha ilusión. Soy de granada, y es un orgullo… Desde el principio he querido introducir un programa pedagógico fuerte, incluyendo hip hop, contemporáneo y español. Incidiendo en la preparación de los bailarines para cuando salgan

 

¿Qué balance hace de este año al frente?

Yo creo que la escuela ha cogido una identidad, una manera de trabajar. Por otro lado está en marcha toda una labor para recuperar la Escuela Bolera. La familia Pericet, que conserva un gran repertorio, se está encargando. Lo vamos a grabar y vamos a publicar un libro sobre la herencia Pericet para que haya una documentación que poder consultar

 

A la hora de crear, ¿dónde suele encontrar la inspiración?

Pues casi toda de lo cotidiano, de vivencias personales, de encuentros con otros artistas. Me divierto mucho trabajando en equipo y con creadores que no tienen nada que ver conmigo, porque es muy enriquecedor lo que aportan a lo que uno hace.

 

Trabaja con la danza contemporánea, el flamenco, el hip hop, la ópera el ballet…. ¿hay algo que no le interese?

No digo que no a nada. Todo me interesa desde el momento que me inspira y me provoca la creación. Y lo que en un principio puede parecer alejado de lo que yo hago, de repente encuentra su sitio en un momento dado

 

¿Hay alguna obra de su repertorio de la que se sienta más orgullosa?

¡Que difícil! Es que cada obra es única porque representan algo emotivo de mi vida personal… no podría elegir

 

¿Y hay algún trabajo del que ni se quiera acordar?

La verdad es que no. Porque soy una pesada y no suelo acabar la obra el día del estreno. El día después ya estoy cambiando cosas y voy trabajando en lo que creo que no funciona durante un tiempo hasta que me despido de ella. Entonces nos separamos y la dejo en paz.

 

Una vez comentó que a usted no le gustaba un espectáculo suyo hasta la décima vez que lo veía…

¡O más! Después de un estreno paso una crisis terrible. Tengo ganas de llorar, siento que no he podido acabarla bien…  Y supongo que tiene que ver con el shock que me produce el encuentro de la pieza con el público.

 

¿Y sigue sin leer las críticas?

¡Las leo un año más tarde…! Cuando hay críticas que están bien, me las da mi chico. Y si no, no me dice nada. Pero es que cuando estrenas una obra estás tan al límite y con un vacío tan grande, que si además lees una critica mala, te matan. No es el momento para leerlas, porque uno no está preparado y aunque se diga algo cierto, no se puede aceptar. Además, luego tienes que volver a bailar al teatro esa misma noche…

 

Sus obras suelen ser muy físicas con un trabajo de cuerpo importante, ¿es esta otra marca de la casa?

Sí y no, vuelve a depender del momento. Casi toda mi obra lo es pero por ejemplo Corazón loco, no tanto. Lo que prima en esta obra es el encuentro entre el movimiento y el grupo vocal. Quería fundir voz y cuerpo al máximo y en ese sentido había que bailar menos. Además, cuando lo monté acababa de tener un hijo y estaba en un estado de más relax.

 

Lo que sí parece reflejar sus producciones es el trepidante ritmo que también encabeza su vida creativa…

Eso es una constante, desde luego. En mis obras trabajo mucho las transiciones de una escena a otra y creo que es de lo más importante en un trabajo. Cómo pasas de un momento a otro sin que haya ruptura, de la manera más orgánica posible…Recuerdo que montando Poeta en Nueva York, hubo momentos realmente difíciles. Hay una escena donde cae agua a cascadas del cielo y luego había que limpiar eso para lo que viene inmediatamente después. ¡Lo que sufrimos! Probando diferentes fórmulas para secar aquello… Pero de repente, en los ensayos, me viene la solución y en ese momento hasta me emociono.

 

Poeta en Nueva York ha sido todo un éxito, ¿qué le atrajo de este encargo?

Recuerdo que me lo propusieron cuando estrené Corazón loco y estaba agotada, así que me quedé en blanco. Pero la verdad es que ha sido muy especial. Para mí el Generalife es mi infancia y emocionalmente me resulta muy fuerte. Recuerdo que cuando era niña se podía entrar a la Alhambra sin problemas, y es un sitio donde tengo muchos recuerdos. Así que por supuesto no podía decir que no.

 

¿Y temió en algún momento que el público de Andalucía, por la fuerte tradición flamenca, no entendiera bien el espectáculo?

Pues la verdad es que al principio me dio un poco de miedo, pero en ningún momento me quise imponer un tratamiento de la obra diferente a lo que yo haría por estar pendiente de esas cosas. Así que me metí en la creación sin pensar en si iba a gustar o no, porque si no, no hacía nada. Y cuando estaba metida en los ensayos, yo ya iba como siempre. Intentando ser honesta y aislándome de los miedos. Confiando en mi instinto, que es algo que hago mucho. Lo que sí tenía en la cabeza en todo momento era el espacio del Generalife, y yo creaba con esas dimensiones. Pensaba en el cielo, los árboles, el agua, la naturaleza…  

 

¿Le ha servido su experiencia en N.Y, cuando se fue a estudiar con 17 años, para este montaje?

Me han servido todas mis experiencias, también las de Nueva York. Con los años una sabe que tiene más recursos a la hora de trabajar y todo te ayuda.

 

¿Cómo cree que lo recibirá el público francés?

¡No tengo ni idea! Pero es un espectáculo que ha funcionado muy bien en el Generalife y allí, entre el público, había tanto turistas extranjeros como de los pueblos de los alrededores de Granada.  Pienso que si funciona en un sitio debe funcionar en otro distinto porque ahí es cuando se ve si es un buen espectáculo.

 

Usted suele bailar en la mayoría de sus montajes, ¿se ha planteado una fecha de retirada como hacen algunas estrellas?

Naturalmente me iré retirando, pero como hago tantas cosas y se puede estar de tantas maneras en un escenario, de momento no es algo que tenga que decidir.

 

Por cierto, ¿qué se siente al protagonizar una exposición en un museo?

Me parecía raro estar trabajando en el museo sola… me faltaba gente alrededor, mis bailarines… Pero es bonito pensar que una está enseñando su trabajo desde la distancia. Me contaba hace poco un chico que la visitó que en la zona de discoteca había unos niños bailando y luego por otro lado, unas señoras seguían una clase de baile.

 

¿Y qué lugar cree usted que ocupa en la creación actual?

Pues no me lo planteo. La verdad es que no sé donde estoy. Supongo que depende mucho de cómo te vea la gente, del contexto… No sé muy bien cuál es mi lugar. Yo hago lo que necesito hacer y he dado prioridad a mi persona.

 

Poeta en Nueva York. Del 7 al 17 de mayo en el Théâtre National de Chaillot, París. El sueño del minotauro. 30 y 31 de mayo en la Opéra de Toulon-Provence-Méditerranée, Toulon – Chateauvallon. La exposición Te voy a enseñar a bailar, clausura el 4 de mayo en el MUSAC (León). www.blancali.fr

 

 

 

Mestiza

Poeta en Nueva York, coreografía monumental, y la exposición Te voy a enseñar a bailar, clausurando estos días en el Museo de Arte Contemporáneo de León, son un una declaración de principios. A través de ellos se puede leer la trayectoria de Blanca Li, se pueden entender sus intereses, se puede acceder a la totalidad de su mundo artístico, elaborado y complejo, pero al mismo tiempo directo y reconocible, capaz de hablarle a cada espectador en tono de íntima complicidad, como si fueran amigos. Esta cercanía, que emana de toda su obra, aún de piezas un poco más difíciles como Corazón loco, donde se ha aproximado al mundo de la música contemporánea, es el cimiento de su popularidad pero es también la incógnita para críticos e intelectuales empeñados en clasificarla y encasillarla, en limpiar la danza de otros contaminantes, que para ella son sus vehículos de comunicación. La base de donde parte siempre es la danza (el título de la exposición, Te voy a enseñar a bailar, habla de ambas cosas, de la danza y de su interés por estar cerca del espectador) pero los medios que utiliza para llegar a la gente son de lo más diversos. El recorrido por la muestra es hilarante y delirante, lúdico y participativo. Unos maniquíes cuyas cabezas son un monitor donde la misma Li, con esa picardía que le es característica, va ofreciendo instrucciones, son la guía a través de esta muestra con dos lecturas simultáneas: por un lado intenta desmitificar la danza al elevarla a protagonista en un museo y despojarla de su connotaciones escénicas y elitistas. En la entrada nos recibe una instalación de muñecas que bailan cuando damos una palma y en el recorrido podremos participar incluso, de una clase virtual con ella, o desmelenarnos en una simulación de discoteca, casi como si quisiera decirnos que hay danza elaborada y danza libre, pero que todos podemos bailarla. Hay danza para ver en los vídeos y hay piezas de arte: instalaciones, películas o ese vídeo sofisticado de Daft Punk elaborado por el reputado Michael Gondry, con coreografía suya. Pero al mismo tiempo, Te voy a enseñar a bailar, es un recorrido por su ecléctica obra interesada por la danza no escénica: la vídeo-creación, la performance, la instalación, el cine (hay fragmentos de su película Le Defi), la música, el show busines, el musical y su desconocida pero asombrosa creación de danza para spots publicitarios (notable el de Agua Perrier). Al final del recorrido, la Li-maniquí nos dice que espera que hayamos aprendido a bailar o al menos, habría que añadir, a ver la danza desde otra perspectiva, más abierta, menos prejuiciada.

Por otra parte, Poeta en Nueva York es un espectáculo personalísimo, que se ha interesado más por los pálpitos de la metrópoli cosmopolita y vibrante que vieron los ojos de Lorca cuando llegó que por los poemas que este impacto le inspiraron. Li vivió en Nueva York y la mezcla de culturas y tendencias de la ciudad, junto a su propio mestizaje artístico, le han dado el pretexto perfecto para este montaje híbrido, de mezclas en apariencia imposibles, donde despliega todos sus recursos y expande todas sus inquietudes, que son muchas. Flamenco, hip hop, danza contemporánea, telúrica danza africana y jazz dance, cantaoras desgarradas, chicos break y niños Broadway, concierto, teatro y danza, todo aparece mezclado en este espectáculo ambicioso, suerte de musical y coreografía sofisticada, que no conoce disciplinas y que, solamente con el flamenco y la danza africana, ya tiene garantizado conquistar a los parisinos que la verán esta temporada. Tanto en la exposición del MUSAC como en este espectáculo que abarrotó el Generalife el pasado verano, se puede rastrear la ya larga trayectoria de una artista sin fronteras. Y entonces reubicarla en el organigrama del arte contemporáneo español actual. OMAR KHAN

 

 

 

           14 MAY/JUN 2008
 

         Susy Q- 5

              Blanca Li

         Incombustible

 

          Susy Q- 8

          Olga Pericet

                Poderío

 
 

 

                                                                                                                                                                               WEB MASTER:  ALBA ANZOLA