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Blanca Li
Tormenta Blanca
Texto: Mercedes L. Cabellero Fotos: Pablo
Reinoso
Trepidante como una película de aventuras, la
vida de Blanca Li es huracanada. Tiene el don de
la ubicuidad. Crea espectáculos, monta
exposiciones, organiza bailes disparatados para
la realeza, baila, actúa, hace películas y spots
publicitarios, dirige el Centro Andaluz de
Danza, mantiene un repertorio en gira con su
compañía de París, coge aviones como autobuses,
se le acumulan los proyectos y se le agolpan las
ideas. Todo al unísono. Su macro espectáculo
Poeta en Nueva York llega esta temporada a París
y en León se clausura su delirante exposición Te
voy a enseñar a bailar

Gira con Macadam, Macadam (1999), El sueño del
minotauro (1998) y Corazón loco
(2007). Inminente estreno esta temporada en
París de Poeta en Nueva York (2007).
Rodaje de una película en Francia en la que
interviene como actriz. Dirección de una comedia
musical que se estrenará en octubre en Madrid.
El MUSAC de León le acaba de dedicar una amplia
exposición. Y ha organizado el último Baile
de la Rosa que anualmente monta la familia
real de Mónaco, dedicado en su pasada edición a
la Movida Madrileña. En todo esto anda Blanca Li.
Todo esto es Blanca Li. Nada nueva, por otra
parte, esta hiperactividad de la polifacética
artista, que viene acompañándola casi desde que
era niña. Coreógrafa, bailarina, también
directora de escena, de cine, creadora de
coreografías para publicidad, vídeoclips, ópera,
y actriz, a Blanca Li (Granada, 1964), la danza
le sirve para hilvanar sus inquietudes. A través
de ella lleva caminando más de dos décadas, con
imperiosa libertad y apuesta, por escenarios
ortodoxos y dispares. Por donde ha sentido que
tenía que ir. Por donde le ha dado la gana. Por
Nueva York, donde se marchó con 17 años para
estudiar danza, y mientras aprendía de baile
también cantaba rap en el grupo Las Xoxonees;
por Madrid, donde en la década de los 90 montó
El Calentito, local de vida nocturna y artístico
emblema de las noches madrileñas del momento;
por la capital francesa, donde llegaron más
producciones, (Nana et Lila, Salomé,
Stress…), el Centro Coreográfico Blanca Li
(1998) y donde reside desde entonces; por Berlín
para dirigir la Ópera Cómica de la que dimitió
seis meses después, y de vuelta a París para
continuar con su actividad coreográfica, donde
destaca el largometraje musical de hip hop Le
Défi, éxito de taquilla en Francia. Sus
últimas paradas la han llevado por el sur. En
Sevilla dirigiendo desde 2006 el Centro Andaluz
de Danza (CAD), y en Granada, donde estrenó en
2007 Poeta en Nueva York, encargo sobre
Lorca por el que ha recibido el Premio Max a la
mejor coreografía. Una ecléctica actividad
creativa, con el movimiento como vehículo de
primera, que la convierten en embajadora de la
danza, pero por la que asegura, también se ha
sentido en ocasiones cuestionada. “Yo siempre he
ido haciendo muchas cosas, y ha sido difícil
porque no siempre se ha entendido. A menudo me
han preguntado que por qué hacía esto y lo otro,
y siento que ahora, por fin, se acepta como soy
y se acepta mi trabajo sin tener que pelearme
más con el mundo. Ahora me siento libre de tener
que dar explicaciones. Es un momento bonito”.
¿Y se siente pionera de alguna manera?
No lo creo. Hay mucha gente así, interesada por varias
disciplinas artísticas… Lo que es duro es
sobrellevar esa manía de algunos de necesitar
poner una etiqueta. De necesitar encuadrarte. Y
eso es una cosa contra la que tienes que luchar
porque si no, no te respetan. A mí me criticaban
mucho, pero hay que superarlo y ser constante.
¿Pero cómo se lleva lo de dirigir una compañía y un centro
coreográfico en París y el Centro Andaluz de
Danza en Sevilla para no volverse loca?
Bueno, es que yo siempre he estado un poco loca… Ya en El
Calentito hacía de todo: bailaba, ponía copas,
tomaba clases de danza por la mañana, era
profesora por la tarde… Cuando era pequeña y
estaba en el equipo de gimnasia, iba a entrenar
de 6 a 10 de la noche y luego estudiaba. Siempre
he tenido una cuádruple vida y para mí es algo
normal. El truco está en organizarse bien. Ser
claro con las personas con las que se trabaja,
confiar en ellas y poder delegar. Además, hoy en
día las nuevas tecnologías hacen que esta
hiperactividad sea más fácil.
¿Cuándo le propusieron dirigir el CAD, dijo que sí enseguida?
Pues sobre todo me hizo mucha ilusión. Soy de granada, y es
un orgullo… Desde el principio he querido
introducir un programa pedagógico fuerte,
incluyendo hip hop, contemporáneo y español.
Incidiendo en la preparación de los bailarines
para cuando salgan
¿Qué balance hace de este año al frente?
Yo creo que la escuela ha cogido una identidad, una manera de
trabajar. Por otro lado está en marcha toda una
labor para recuperar la Escuela Bolera. La
familia Pericet, que conserva un gran
repertorio, se está encargando. Lo vamos a
grabar y vamos a publicar un libro sobre la
herencia Pericet para que haya una documentación
que poder consultar
A la hora de crear, ¿dónde suele encontrar la inspiración?
Pues casi toda de lo cotidiano, de vivencias personales, de
encuentros con otros artistas. Me divierto mucho
trabajando en equipo y con creadores que no
tienen nada que ver conmigo, porque es muy
enriquecedor lo que aportan a lo que uno hace.
Trabaja con la danza contemporánea, el flamenco, el hip hop,
la ópera el ballet…. ¿hay algo que no le
interese?
No digo que no a nada. Todo me interesa desde el momento que
me inspira y me provoca la creación. Y lo que en
un principio puede parecer alejado de lo que yo
hago, de repente encuentra su sitio en un
momento dado
¿Hay alguna obra de su repertorio de la que se sienta más
orgullosa?
¡Que difícil! Es que cada obra es única porque representan
algo emotivo de mi vida personal… no podría
elegir
¿Y hay algún trabajo del que ni se quiera acordar?
La verdad es que no. Porque soy una pesada y no suelo acabar
la obra el día del estreno. El día después ya
estoy cambiando cosas y voy trabajando en lo que
creo que no funciona durante un tiempo hasta que
me despido de ella. Entonces nos separamos y la
dejo en paz.
Una vez comentó que a usted no le gustaba un espectáculo suyo
hasta la décima vez que lo veía…
¡O más! Después de un estreno paso una crisis terrible. Tengo
ganas de llorar, siento que no he podido
acabarla bien… Y supongo que tiene que ver con
el shock que me produce el encuentro de la pieza
con el público.
¿Y sigue sin leer las críticas?
¡Las leo un año más tarde…! Cuando hay críticas que están
bien, me las da mi chico. Y si no, no me dice
nada. Pero es que cuando estrenas una obra estás
tan al límite y con un vacío tan grande, que si
además lees una critica mala, te matan. No es el
momento para leerlas, porque uno no está
preparado y aunque se diga algo cierto, no se
puede aceptar. Además, luego tienes que volver a
bailar al teatro esa misma noche…
Sus obras suelen ser muy físicas con un trabajo de cuerpo
importante, ¿es esta otra marca de la casa?
Sí y no, vuelve a depender del momento. Casi toda mi obra lo
es pero por ejemplo Corazón loco, no
tanto. Lo que prima en esta obra es el encuentro
entre el movimiento y el grupo vocal. Quería
fundir voz y cuerpo al máximo y en ese sentido
había que bailar menos. Además, cuando lo monté
acababa de tener un hijo y estaba en un estado
de más relax.
Lo que sí parece reflejar sus producciones es el trepidante
ritmo que también encabeza su vida creativa…
Eso es una constante, desde luego. En mis obras trabajo mucho
las transiciones de una escena a otra y creo que
es de lo más importante en un trabajo. Cómo
pasas de un momento a otro sin que haya ruptura,
de la manera más orgánica posible…Recuerdo que
montando Poeta en Nueva York, hubo
momentos realmente difíciles. Hay una escena
donde cae agua a cascadas del cielo y luego
había que limpiar eso para lo que viene
inmediatamente después. ¡Lo que sufrimos!
Probando diferentes fórmulas para secar aquello…
Pero de repente, en los ensayos, me viene la
solución y en ese momento hasta me emociono.
Poeta en Nueva York
ha sido todo un éxito, ¿qué le atrajo de este
encargo?
Recuerdo que me lo propusieron cuando estrené Corazón loco
y estaba agotada, así que me quedé en blanco.
Pero la verdad es que ha sido muy especial. Para
mí el Generalife es mi infancia y emocionalmente
me resulta muy fuerte. Recuerdo que cuando era
niña se podía entrar a la Alhambra sin
problemas, y es un sitio donde tengo muchos
recuerdos. Así que por supuesto no podía decir
que no.
¿Y temió en algún momento que el público de Andalucía, por la
fuerte tradición flamenca, no entendiera bien el
espectáculo?
Pues la verdad es que al principio me dio un poco de miedo,
pero en ningún momento me quise imponer un
tratamiento de la obra diferente a lo que yo
haría por estar pendiente de esas cosas. Así que
me metí en la creación sin pensar en si iba a
gustar o no, porque si no, no hacía nada. Y
cuando estaba metida en los ensayos, yo ya iba
como siempre. Intentando ser honesta y
aislándome de los miedos. Confiando en mi
instinto, que es algo que hago mucho. Lo que sí
tenía en la cabeza en todo momento era el
espacio del Generalife, y yo creaba con esas
dimensiones. Pensaba en el cielo, los árboles,
el agua, la naturaleza…
¿Le ha servido su experiencia en N.Y, cuando se fue a
estudiar con 17 años, para este montaje?
Me han servido todas mis experiencias, también las de Nueva
York. Con los años una sabe que tiene más
recursos a la hora de trabajar y todo te ayuda.
¿Cómo cree que lo recibirá el público francés?
¡No tengo ni idea! Pero es un espectáculo que ha funcionado
muy bien en el Generalife y allí, entre el
público, había tanto turistas extranjeros como
de los pueblos de los alrededores de Granada.
Pienso que si funciona en un sitio debe
funcionar en otro distinto porque ahí es cuando
se ve si es un buen espectáculo.
Usted suele bailar en la mayoría de sus montajes, ¿se ha
planteado una fecha de retirada como hacen
algunas estrellas?
Naturalmente me iré retirando, pero como hago tantas cosas y
se puede estar de tantas maneras en un
escenario, de momento no es algo que tenga que
decidir.
Por cierto, ¿qué se siente al protagonizar una exposición en
un museo?
Me parecía raro estar trabajando en el museo sola… me faltaba
gente alrededor, mis bailarines… Pero es bonito
pensar que una está enseñando su trabajo desde
la distancia. Me contaba hace poco un chico que
la visitó que en la zona de discoteca había unos
niños bailando y luego por otro lado, unas
señoras seguían una clase de baile.
¿Y qué lugar cree usted que ocupa en la creación actual?
Pues no me lo planteo. La verdad es que no sé donde estoy.
Supongo que depende mucho de cómo te vea la
gente, del contexto… No sé muy bien cuál es mi
lugar. Yo hago lo que necesito hacer y he dado
prioridad a mi persona.
Poeta en Nueva York. Del 7 al 17 de mayo en el
Théâtre National de Chaillot,
París.
El sueño del minotauro.
30 y 31 de mayo en la
Opéra de Toulon-Provence-Méditerranée,
Toulon – Chateauvallon. La exposición Te voy a
enseñar a bailar, clausura el 4 de mayo en el
MUSAC (León).
www.blancali.fr
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