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Publicado
en Susy Q 14
- Mayo/Junio 2008
Mario G. Sáez / Erre que Erre
Amor
neuronal
Texto: Omar Khan Foto: David Ruano
Después
de celebrar su décimo aniversario ‘escupiendo en el tiempo’,
este colectivo de murcianos en Cataluña estrena No pesa el
corazón de los veloces y se prepara a ir a la Expo
Zaragoza, participando en el espectáculo 75% de Teatro del
Temple

Amores hay de muchas clases. Amores idílicos y nefastos,
falsos, dañinos y destructivos, amores puros y amores
bellos, que reviven y que matan, pero a los de Erre que Erre
se les ha ocurrido hablar del más raro y menos romántico, el
amor científico, el amor neuronal. En No pesa el corazón
de los veloces, su nueva creación, la óptica del amor
no viene de la reflexión de dos adolescentes recién
enamorados sino de un colectivo que lleva 20 años juntos,
diez de ellos dentro de la aventura de esta agrupación de
murcianos anclados en Barcelona, que tuvo su origen en
Despegando sombras del suelo, una pieza que cuando eran
miembros de Danat Dansa llevaron al X Certamen Coreográfico
de Madrid en 1996, donde triunfaron, y que fue el arranque
de esta aventura creativa fascinante que se ha sostenido en
el tiempo, ha evolucionado y ha creado su propio lenguaje.
Los diez años de actividad los celebraron el año pasado con
una fiesta escénica, Escupir en el tiempo, un paseo
por las entrañas de una fiesta, explorando en lo que hay
antes de las copas y lo que queda después. Ahora, sin
resaca, entran a su segunda década con muchos planes y
proyectos, pensando en el amor en términos racionalmente
biológicos. También irán a la Expo Zaragoza con 75%,
un espectáculo de Teatro del Temple con Enrique Bunbury,
donde ellos ponen la danza. Aunque invitan gente y les gusta
la vida social, la base de Erre que Erre son Mª Ángeles G.
Angulo, Mario G. Sáez, Teresa Navarrete y Ricardo Salas. Con
Sáez hemos hablado de esta década, de fiestas y amores
científicamente garantizados.
El año
pasado celebraron los diez años de la compañía. ¿Hacia dónde
va ahora Erre que Erre?
Siento que estamos a punto de conseguir lo que imaginamos al
principio, cuando éramos cuatro de Danat Dansa y presentamos
la pieza en el Certamen de Madrid, donde fuimos solamente
con nuestras ganas de bailar. No éramos coreógrafos, todo
tenía una energía muy primitiva. La vimos como una
estructura que nos permitiera intercambiar sin que las
decisiones las tomara uno, invitando profesores, reciclando
el trabajo, una estructura no cerrada que se retroalimenta,
y creo que lo hemos conseguido, se ha hecho sólida por si
misma, hoy es flexible, permite invitar a un músico o a otro
coreógrafo, y nos permite también hacer lo que nos gusta.
¿Cómo
funciona Erre que Erre?
Inventamos una metodología para cada producción. La idea es
elegir un concepto del que partir y meterte dentro de ese
marco conceptual. Si es el amor, como este caso, vemos
películas, leemos, investigamos, nos reunimos y vamos
definiendo de qué tipo de amor es del que queremos hablar.
Solemos hacer residencias, jornadas de trabajos muy intensas
en las que estamos las 24 horas dentro del proyecto. Ahora
hemos estado en Valparaíso, en Chile. Pero también hemos
ensayado otros métodos en otros espectáculos, en los que
cada uno dirige una parte y luego las reunimos. Llevamos
tanto tiempo que necesitamos crear estrategias para que esto
nos siga sorprendiendo
¿Y no es
conflictivo?
Hemos desarrollado una intuición particular a la hora de
enfrentarnos, a la hora de decidir que queda dentro y que va
fuera. Es una especie de democracia horizontal. Somos muy
diferentes, tenemos nuestras apetencias y nuestros intereses
personales pero llegar a una sensibilidad común es parte del
proceso, y en los desacuerdos prevalece la mayoría
¿Cómo
surgió el tema de la química del amor para su nueva pieza?
Nos apetecía hablar de algo que nos uniera y dimos con el
amor pero no en el sentido romántico de entrega y
sacrificio. Generalmente se habla del amor cuando no lo
tienes, cuando lo has perdido pero lo que nos interesaba era
el proceso del amor en sí, vimos un filón en las teorías
neurotrasmisoras que dicen que nos enamoramos porque somos
respuestas químicas de organismos que necesitan unirse para
sobrevivir, aunque eso lo transformemos luego en la idea de
un amor salvaje.
Suena
complicado para danza…
Hemos trabajado a partir de ideas básicas sobre la atracción
y la repulsión, seguir una respiración común y aunque
nosotros no lo buscamos al final siempre están las
emociones. Tampoco es que hacemos Romeo y Julieta. Si
algo bueno tiene la danza es que siempre te ofrece múltiples
lecturas y significados.
Si el
amor científicamente se cansa ¿cómo lleváis lo de amaros
después de tantos años juntos?
En realidad todos los tratados de ciencia hablan de tres a
siete años para mantener el ciclo reproductivo, así que nos
preguntamos cómo mantener el amor cuando esa química ha
pasado, cómo lo conviertes en algo más… en la pieza hablamos
de eso, de cómo mantenernos juntos. La amistad hace que
tengamos lazos fuertes, llevamos 20 años desde que empezamos
en Murcia, los caminos vitales se cruzan y descruzan, y
todos tenemos una vida fuera de Erre que erre. Nuestro
espectáculo Deberían llover cristales (2005) hablaba
de un momento del grupo en que nadie se entendía, era todo
imposible, reñíamos por todo, y aprovechamos esa energía
negativa para trabajar el espectáculo. Y bueno, ahora
estamos en la energía del amor.
No pesa
el corazón de los veloces. Del 19 al 29 de junio en el Teatre Nacional de Catalunya. 75% en Expo Zaragoza 2008, del
23 al 25 de agosto
www.errequeerredanza.net ;
www.tnc.es ;
www.expozaragoza2008.es
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