Publicado en Susy Q 16 -  Septiembre/Octubre 2008

 

Pina Baush

Una caricia, ya es danza

 

Tres obras maestras de Pina Baush desembarcan en España: Café Müller y La Consagración de la Primavera, en Barcelona, y Vollmond, en el Festival de Otoño de Madrid. La ocasión ideal para abrir el amplio abanico del universo Baush.

 

Texto: David Rodrigo Balsalobre / Foto: Oliver Look

 

 

 

  

Formada en Essen por Kurt Jooss, Philippina Baush recuerda su infancia "dentro de un café", el de sus padres, donde pasaba su tiempo bajo las mesas observando a la gente, una actividad que califica de "bella y cautivadora". Después de haber bailado en el Metropolitan Opera de Nueva York dirigido por Antony Tudor, empieza su carrera de coreógrafa en 1968. A principios de los 70 la artista de Wuppertal accede con 33 años a la cabeza del Ballet de la Ópera de la ciudad bautizada mas tarde como Tanztheater Wuppertal. Esta sesentañera para la que "el cuerpo es el único bien que tenemos" es hoy un monumento vivo de la historia de la danza que provoca el mismo entusiasmo que hace décadas.

París, 29 de Mayo de 1913, Vaslav Nijinski crea La Consagración de la Primavera, obra-símbolo de la modernidad que integra movimientos geométricos de tipo ritual. La locura humana explica sin duda la atracción que esta obra ejerce sobre los muchísimos coreógrafos que han plasmado su personal visión. En la suya, creada el 3 de diciembre de 1975, Baush integra la idea de perdida de lo ritual frente al mundo contemporáneo. Aquí la coreógrafa se sirve de la danza para hacer un estudio sociológico ¿Y qué mejor manera para hablar de la humanidad que a través del cuerpo humano? De su Consagración de la Primavera Baush dice no poder hablar de ella: "es demasiado potente, no tengo palabras; todas mis frases, todas mis intenciones, están en mis movimientos, sobre los bailarines" y es que en su trabajo nunca ha dejado de reconocer el papel determinante de sus interpretes en el proceso de creación ni tampoco la importancia de "inventar un lenguaje para lo que no se puede expresar de otra manera". Esta es una de las cosas que ha aprendió el dramaturgo Raimund Hoghe, a su lado durante una década: "una caricia ya es danza".

Sensibles al espacio, las obras de Pina Bausch se deslizan por dos pendientes escarpadas: los espacios cerrados o el decorado exterior y vegetal. El emblemático Cafe Müller, obra maestra del repertorio de Baush creado el 20 de mayo de 1978, es el acto fundamental de un género nuevo calificado como Tanztheater baushiano (danza-teatro). En él reduce el movimiento a su mínima expresión para imprimir su sentido en el cuerpo. Café Müller se desarrolla en un universo austero, en el que el ambiente de noche, a la luz del día, provoca una mezcla de somnolencia y sueño. En ella encontramos el sentido alegórico del espacio-prisión, como una dimensión existencial de la que es imposible salir. Encerrado entre lúgubres paredes, el espacio, ocupado por un verdadero bosque de muebles, obliga a los bailarines a sortear los obstáculos. La danza, negra, se agita asfixiando su propio gesto.

La otra vertiente de la obra de Pina Bausch olvida los cafés de sucias paredes para dejar entrar las flores, los troncos de los árboles, los animales, el agua o la luna llena… Si en sus primeros trabajos la coreógrafa de Wuppertal se sentía tentada por lo trágico y por una confrontación prolongada con el sufrimiento, Baush prefiere hoy la emoción exótica y el fervor alegre. Reconciliada con la naturaleza, sus últimas obras aportan esperanza y celebran la belleza del mundo sin, por supuesto, callar sus conflictos. Cómo no recordar su pared vegetal llena de musgo, su montaña de flores, sus bosques de cactus y palmeras o la piedra monumental de Vollmond (Luna llena), obra que se verá en Madrid. Dentro del "método Pina" que utiliza en los últimos 20 años (un método que en su novísima Bamboo Blues (2007) ya empieza a dar señales de agotamiento) se encuentra Vollmond. Creada en el 2006 esta obra se conecta a esa específica manera de producir los espectáculos y de construirlos: alternancia de solos espectaculares y de partes teatrales en una escenografía no menos espectacular. Agua y más agua es lo que hay en esta Luna Llena, desde el charquito hasta la cortina de lluvia... pero la inocencia y los juegos de agua de Vollmond son engañosos, fiel a sus ideas, Baush nos habla ante todo de relaciones humanas. La obra finaliza en una mojada bacanal, bella oda al placer de la vida. Rosa o negro, el universo de Pina Bausch ha sabido atravesar el tiempo y su paso por España será la ocasión de hacerlo con ella. Tanto La Consagración de la Primavera como Cafe Müller y esta Vollmond, separada por un cuarto de siglo, son sin duda los componentes de una obra monumental que se elabora ante nuestros ojos. Finalmente no queda más que abrirlos.

 

Café Müller y La Consagración de la Primavera Teatro del Liceo de Barcelona el 10, 12, 13 y 14 de septiembre. Vollmond Teatro Real Coliseo de Carlos III de Madrid del 17 al 19 de octubre dentro del Festival de Otoño. www.licuebarcelona.com www.madrid.org/fo www.pina-bausch.de

 

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SUSY Q - 16

SEP/OCT DE 2008

 

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Coreografía: Pina Baush

 

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