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Publicado
en Susy Q 18
- Enero/Febrero 2009
Bill T. Jones
Todavía sigo aquí
Texto: Barbara Celis Foto: Joseph Moran
Su compañía, fundada con Arnie Zane, ha cumplido 25 años. El
sida se llevó a Arnie, su pareja, y la enfermedad permanece
como un péndulo sobre su cabeza, pero a sus 56 años sigue
creando y creyendo en la danza. Esta temporada vendrá con su
grupo desde Nueva York, su ciudad, hasta Barcelona para
mostrarnos su nueva pieza Chapel/Chapter y quizá también
para demostrarnos que, como decía el título de su polémica
coreografía Still/Here, él todavía sigue aquí.

“El mayor logro de mi carrera ha sido sobrevivir”. Escuchar
esta frase por boca del bailarín y coreógrafo neoyorquino
Bill T. Jones, obliga a leer entre líneas. Su compañero,
Arnie Zane, junto a quien dio los primeros pasos de una
revolucionaria carrera dentro de la danza moderna en los
setenta, se quedó en el camino. Murió a finales de los años
ochenta, en plena epidemia del sida. Bill T. Jones, de 56
años, siguió adelante, luchando contra corriente en un mundo
artístico que él mismo define “muy minoritario” y donde ser
abiertamente gay, seropositivo y de raza negra, no era
precisamente una ventaja.
Pero su compañía, la Bill T. Jones/Arnie Zane Dance Company,
nacida una década después de que Jones y Zane comenzaran a
colaborar, cumplió 25 años en 2008. Y haber alcanzado esa
edad “es todo un logro institucional” asegura Jones. “Mucha
gente que empezó conmigo o ha muerto o se ha deprimido o ha
abandonado porque les dejó de atraer lo que el mundo de la
danza podía ofrecerles. Yo he pasado por esos momentos de
desesperación y rabia. Pero ya sea por testarudo, o porque
tengo fe o quizás hábito, he seguido ahí y he tenido la
suerte de encontrar un círculo de gente que creyó en mí y me
dio el coraje para no abandonar”.
A lo largo de su carrera -coronada entre múltiples premios
por un McArthur Genius Award y un Tony por su coreografía
para el musical Spring Awakening, todavía en cartel-
no ha dejado de hacerse preguntas que ha transformado en
arriesgados montajes y que, en muchos casos, han levantado
ampollas: ocurrió tras el estreno Still/Here, en
1994, una inquietante reflexión sobre la muerte en la que la
danza se mezclaba con proyecciones de enfermos moribundos
reales y que unos aclamaron y otros denostaron. Ocurrió
también tras el estreno en 1990 de Uncle Tom’s Cabin,
donde las alusiones al sexismo y el racismo, además de a las
de la mortalidad –interpretadas por la crítica como
alusiones al sida, que él niega- forjaron su fama de
coreógrafo ‘político’, que también rechaza. La última de sus
siempre inquietantes propuestas Chapel/Chapter, que
presentará esta temporada en Barcelona, reflexiona en torno
a nuestra condición de voyeurs, como jueces y
espectadores, convirtiéndonos en testigos de los delirios de
un padre que acaba con su hija, de un asesino que mata a
toda una familia y de un adolescente que asiste
silenciosamente al suicidio de otro. En medio, presos
vestidos con los uniformes de los presidiarios de Guantánamo
invitan a pensar aún más allá.
¿Cuál es el orígen de Chapel/Chapter?
Mi trabajo es el resultado de las preguntas que me hago a mí
mismo y que sospecho que comparto con otros. No quiero
sermonear a nadie con mis obras. La semilla de Chapel/Chapter
está en el proceso contra Zacarias Moussaui, uno de los
supuestos terroristas del 11S, que acabó siendo condenado a
cadena perpetua en una de esas prisiones estadounidenses de
alta seguridad donde te incomunican de por vida y acabas
volviéndote loco. Durante una conversación con una francesa
[la madre de su actual compañero] se mencionó la palabra
oubliette, un agujero que solía existir en los castillos
medievales por donde se tiraba a la gente que debía de ser
olvidada. Me hizo pensar ¿se merece realmente una persona
ser olvidada? Coincidió con una noticia sobre un padre que
había asesinado a su hija y lo uní a las otras historias que
me fueron llegando [la del suicidio está basada en una
experiencia real vivida por uno de sus bailarines]. Son
historias relacionadas con el deseo, la pasión, la culpa,
temas que todos sentimos cada día pero que a veces evitamos
entreteniéndonos con las noticias de otros.
¿Es una forma de obligar a la audiencia a hacerse preguntas
sobre cómo se enfrentan al mundo?
Yo no sé lo que hago. Ahora estoy hablando contigo. Eres tú
como audiencia quien se tiene que preguntar qué estoy
haciendo. Yo hice lo que hice, que es hacer arte. ¿Qué hace
el arte, obligar a la gente a hacerse preguntas? Quizás. Eso
espero. Creo que es un montaje que está muy bien hecho, es
bello, el sonido es interesante, los bailarines son muy
buenos y tiene un efecto sobre la gente pero yo no puedo
decir cuál es. Lo que hemos hecho con esta pieza es mucho
más poderoso que la explicación que yo pueda dar.
Se concibió pensando en un teatro específico de Harlem pero
ahora está viajando por todo el mundo...
Sí, la pensamos para un espacio de características
arquitectónicas inspiradas en una catedral. De ahí la parte
Chapel del título, me hizo pensar en la contraposición de lo
profano y lo sagrado. Quería además tener al público muy
cerca para que funcionaran como testigos/jueces. Por eso en
la gira pondremos algunas filas de espectadores sobre el
escenario pero entiendo que los programadores tienen que
meternos en teatros grandes para poder amortizar los gastos
y por eso se pierde un poco ese efecto.
Los críticos le definen con las palabras ‘político’ y
‘controvertido’ ¿Está de acuerdo con esas definiciones?
He contestado demasiadas veces a esa pregunta, estoy
aburrido, estoy harto de los críticos porque cuando analizan
mi trabajo son unos vagos. Mi obra tiene tanto que ver con
la moralidad y con la forma de mirar hacia la vida como con
la política. Quizás la política sea una forma de moralidad.
Mi trabajo siempre consiste en preguntarse ¿qué es lo
correcto? ¿cuál es la decisión apropiada?
Si mira hacia atrás ¿hay alguna idea o concepto que le haya
resultado más difícil de transformar en movimiento que otro?
Cada trabajo tiene sus problemas específicos. Yo siempre
arranco haciéndome alguna pregunta pero después tengo que
encontrar un lenguaje para expresarlo. Soy un formalista, un
intelectual y trato de entender cómo la forma sugiere
significado y como ese significado afecta a la forma.
Nosotros no empezamos sentándonos a hablar del mundo,
tenemos discusiones políticas y religiosas pero empezamos
con frases de movimientos. En esta obra dividimos el
escenario en cuadrados y le pedí a mis bailarines que se
imaginaran que había un teclado en el suelo que podrían
organizar como quisieran. Les propuse que comenzaran
deletreando palabras. Arranqué con una frase: ‘el camino
hacia el infierno está asfaltado con buenas intenciones’.
Después dejaba el final abierto y cada uno de ellos
terminaba la frase con una palabra diferente, algo que les
obligaba a utilizar movimientos que no habían usado antes.
De ahí dimos el salto a movernos en el espacio.
¿Como vivió la transición de ser un bailarín estrella a
tener que replegarse por la edad hacia la coreografía?
No sé si envejecer ha sido duro o lo estoy disfrutando, no
puedo contestar. Simplemente es la vida y yo estoy muy
interesado en la vida. Envejecer me ha planteado nuevas
preguntas, me ha ofrecido nuevos placeres y también
desilusiones.
¿Qué huella cree que ha dejado en la danza?
Desde el punto de vista artístico creo que mi trabajo es
honesto e interesante porque cambio constantemente. Creo que
mi legado reside en las preguntas que nos hacemos y en la
manera en que contestamos a ellas. Mantener viva una
compañía durante 25 años también consiste en saber
equilibrar las expectativas de los bailarines de las nuevas
generaciones con los de la mía.
¿Son muy diferentes a usted cuando comenzó?
Las viejas generaciones siempre tienen dificultades en
entender a las nuevas y yo eso lo viví en los setenta. Yo
ahora trabajo con gente de todas las edades y procedencias
culturales. Y eso significa que llegan aquí con maneras muy
distintas de pensar el movimiento. La juventud además tiene
sus propios problemas porque a veces sus planteamientos y
los míos chocan, es lógico, ellos están explorando el mundo
y no tienen la experiencia de toda una vida en el mundo del
arte. ¿qué expectativas han de prevalecer, las mías o las
suyas? Esa es la clave para poder construir una compañía y
poder llegar al 25 aniversario.
¿Qué significó para usted recibir un premio Tony por un
musical?
La gente cree que el Tony es lo mejor que le puede pasar a
un coreógrafo pero yo llevo más de tres décadas trabajando.
El premio es fantástico pero yo lo veo como un extra en el
camino. Mis ídolos son Merce Cunningham, Balanchine, no
están en el Broadway comercial sino en el mundo del arte o
el ballet clásico. Ahora estoy leyendo a Montaigne, que
dedicó años de su vida al pensamiento y a mí me encantaría
poder sobrevivir pensando y haciendo cosas bellas, porque la
belleza es muy importante para mí.
¿Por qué aceptó hacer un musical?
Siempre había querido hacer algo en el teatro comercial pero
ese mundo sólo se interesa por ti si ya has hecho algo ahí.
Un MacArthur Genius (prestigioso premio de la Fundación
McArthur) no es suficiente para ellos. Coincidió que estaba
preparando Fela en el off Broadway [un musical
sobre el músico Fela Kuti que después de seis años se
estrenó este verano y con el que ahora viajará a Europa] y
además trabajé en otro montaje, The seven, que
adaptaba la obra de Esquilo Los siete contra Tebas al
hip-hop. El director de Spring Awakening me vino a
buscar porque había visto el trabajo que en otras ocasiones
había hecho con bailarines no profesionales, como los que
iba a tener en su obra.
¿Por qué de repente le interesó hacer trabajo comercial?
No sé, quizás me apetecía ganar dinero. En mi caso sólo uno
de cada cinco trabajos genera beneficios, así que tenía
ganas de hacer algo que diera dinero. Al mismo tiempo era un
reto porque en Broadway tienes que dar entretenimiento
masivo y yo no sabía si iba a ser capaz de hacerlo. Además
quería sentir la sensación de hacer algo que mucha gente
quiere ver en lugar de danza moderna que está hecha para un
publico de élite. Tenía ganas de expandir ese público, de
aprender un lenguaje completamente diferente y que la gente
corriente de repente sienta la necesidad de mirar hacia la
danza moderna.
¿Es ése el precio a pagar por trabajar en un medio
minoritario, no poder llegar al público que llegan los
montajes comerciales como Spring Awakening pero tener
la libertad de hacer lo que quieres?
Sí, tienes esa libertad pero también tienes la libertad de
morirte de hambre y de morir en la oscuridad. El reto está
en cómo hacer trabajo comercial sin hacer algo estúpido y de
lo que te avergüences. De momento creo haberlo conseguido.
Bill T.Jones / Arnie Zane Dance Company.
Chapel/Chapter.
Mercat de les Flors (Barcelona) Del 22 al 25 de enero.
www.billtjones.org
www.mercatflors.org
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