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Publicado
en Susy Q 19
- Marzo/Abril 2009
Deconstructing
Cunningham
Texto:
Raquel Vidales
Foto:
Mercello
Mancarini y Grazia Neri /
CONTACTO
Madrid
en Danza trae este año un regalo de cumpleaños. Merce
Cunningham, uno de los principales referentes de la danza
contemporánea, cumple 90 años y lo celebra con una nueva
coreografía, Nearly Ninety, que se presenta en los Teatros
del Canal dentro de la programación del festival. Una buena
ocasión para diseccionar las virtudes del genio.

Noventa
años y cerca de 200 coreografías. No hay profesional de la
danza que no haya sentido de alguna manera la influencia de
este creador estadounidense que en su día revolucionó
profundamente los conceptos básicos de este arte. Su carrera
empezó en la compañía de Martha Graham, en la que fue
bailarín solista entre 1939 y 1945. En esos años presentó ya
su primera pieza con el compositor John Cage, precedente del
fecundo trabajo de investigación conjunto que a partir de
1953 ambos desarrollaron durante cincuenta años en la Merce
Cunningham Company, y que marcó el camino hacia una nueva
forma de entender la relación entre música y movimiento. Es
una de sus aportaciones más destacadas a la danza
contemporánea, pero no la única: su trabajo con las nuevas
tecnologías, sus colaboraciones con importantes artistas
plásticos, su utilización del espacio… ¿Qué es lo que ha
convertido a Cunningham en el gran referente que hoy es en
todo el mundo? Varios profesionales españoles reflexionan
sobre ello para Susy Q.
Pedro
Berdäyes (coreógrafo)
Cunningham
marca y concreta claramente una frontera importantísima en
la historia del movimiento, tanto en el campo de la
investigación precisa como en la construcción de nuevos
lenguajes. Barrera y a la vez puerta abierta hacia una danza
más democrática y tolerante, la posmodernidad, poniendo en
evidencia el virtuosismo y el narcisismo sin ningún
significado. Sin duda Cunningham será siempre el gran
maestro y artesano del movimiento.
Juan
Carlos Santamaría (coreógrafo)
Es un
referente de la danza de estudio para todos nosotros. No
sólo como creador sino también por su capacidad profesional
de sacar adelante su proyecto. Su trabajo de análisis e
investigación es uno de los más importantes que ha habido, y
sigue vigente. Para él lo importante es la danza en sí, la
creación de movimiento a partir de las posibilidades del
bailarín. También del espacio, que aprovecha al máximo. Es
decir, utiliza todo lo que tiene para crear un lenguaje
único y personal.
Virginia
Valero (directora del Conservatorio Superior de Danza de
Madrid María de Ávila)
Cunningham
sentó las bases, junto con John Cage, de una manera de crear
diferente con respecto a la relación música-danza. Ambos se
preguntan por qué la danza debe supeditarse a la música, o
viceversa, y por primera vez plantean que vaya cada uno por
su lado: cada uno crea su parte, casi siempre con un mismo
elemento común, que es el tiempo, y luego lo unen. También
rompe con la idea de que el movimiento debe expresar una
emoción o, en el caso de la danza clásica, una narración,
para buscar sólo la creación del movimiento por el
movimiento. Fue también uno de los primeros en introducir
las nuevas tecnologías, y amplió el concepto del espacio
escénico: sus bailarines pueden estar bailando ya antes de
salir al escenario.
Francesc
Casadesús (director del Mercat de les Flors)
Leo que
“encontrar los límites de la danza’ es el impulso que ha
caracterizado el trabajo de Merce Cunningham. Haciendo que
converjan los lenguajes de la danza, la música, la
escenografía y las artes visuales de manera aleatoria en un
escenario, le da a cada una autonomía y especificidad
propias. Un tema distinto sería cómo conectar eso con la
percepción del público no conocedor.
Carmen
Werner (coreógrafa y bailarina)
Es uno de
los primeros rompedores de la danza clásica, evolucionándola
y aportando una amplia gama de posibilidades para la danza
contemporánea.
Juan
Carlos García (coreógrafo y director de Lanónima Imperial)
Probablemente es el coreógrafo vivo sobre el que hay más
libros escritos. Es curioso que haya tanto que decir sobre
alguien que no quiere decir nada. Nos da que pensar su
actitud, no su danza desprendida de metáforas, de historias.
Tiempo y espacio son sus coordenadas básicas. Eso y un
instinto para la composición pura sin igual. Creo que es uno
de esos artistas que inventan algo nuevo. Algo tan
asombrosamente sencillo que causará una revolución. Creo que
es de ese tipo de creadores que marcan el antes y el
después. "A distinguir me paro las voces de los ecos", nos
dice Machado en su famoso poema. Cunningham es voz. Y
pregonero de una buena nueva. La danza no necesita de otro
arte para ser importante. La danza es porque sí. Hablaría de
muchas más cosas pero en tres o cuatro líneas... Larga vida
al maestro Cunningham.
Laura
Kumin (directora del Certamen Coreógrafico de Madrid,
programadora en Sala Pradillo, de Madrid)
Creo que
estamos en deuda con Merce Cunningham por demostrar la
enorme capacidad poética del movimiento en sí. Que una danza
que no es en absoluto narrativa, que se nutre de lo
inmediato, que se compone y recompone en el tiempo y el
espacio sin apoyarse en virtuosismos personalizados, sea
capaz de transmitir y despertar tantas sensaciones nos
demuestra su verdadero potencial y el nuestro también.
Cuando fui capaz de comprender lo que ofrecía, mi relación
con la danza se hizo más sutil. Lo que me parecía distante
cuando era una joven bailarina me resultó fascinante y
sorprendentemente placentero cuando aprendí otras maneras de
adentrarse en el escenario desde el patio de butacas. La
enorme libertad y fe que otorga a sus colaboradores
artísticos nos han abierto nuevas perspectivas que
agradezco.
Eva
Bertomeu (bailarina y coreógrafa)
Sin tener
por qué gustarme toda la obra de Merce Cunningham, debemos
reconocerle como uno de los referentes para la creación
coreográfica contemporánea. Para mí él es uno de los
pioneros en la introducción de nuevas herramientas para la
experimentación creativa y en la íntima relación de esta
experimentación con las tendencias artísticas
contemporáneas. Rompió barreras y nos desveló un nuevo
horizonte de posibles combinaciones aleatorias de
movimiento, música, técnica y, por qué no, ciencia. Quizás
la herencia de Cunningham sea la sensación de que
coreografiar una obra es vivir una experiencia única e
irrepetible.
Thomas
Noone (bailarín y coreógrafo)
Creo que lo
interesante de Cunningham era su disociación de lo emocional
o narrativo con el movimiento en la danza del momento (en
los 50 y 60). El abrió un camino en centrar la danza en el
cuerpo y daba nueva importancia a las relaciones espaciales
entre bailarín-bailarín y bailarín-espacio escénico. También
su asociación con Cage y con la construcción aleatoria
liberó a la danza de muchas preconcepciones y
precondiciones.
Nearly
Ninety. Del 30 de abril al 3 de mayo en los Teatros del
Canal de Madrid.
www.madrid.org
www.merce.org
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Espacio vital
El legendario recital en la Brooklyn Academy of
Music, celebrado el 5 de abril de 1944, inició
la llamada era Cunningham. Luego de este
acontecimiento, nada sería igual para la danza
moderna. La expresión corporal se despojaría de
su teatralidad crispada y superflua y los
conceptos de espacio y tiempo escénicos se
tornarían ilimitados. Nueve años después, el
coreógrafo presentaría en el Teatro de Lys, del
circuito Off-Broadway, su proyecto de compañía
que se haría célebre y determinante en Estados
Unidos y el mundo. Se anunciaba así el período
postmoderno de la danza occidental.
Una de las grandes aportaciones de Cunningham lo
constituye su teoría sobre el espacio escénico.
Según ella, cada bailarín ocupa un lugar
determinado que convierte en su centro vital,
desplazándose naturalmente en él y tomando
posesión del mismo. La conjunción de estos
centros, permite que el movimiento del
intérprete sea visible desde multiplicidad de
lugares del escenario.
La noción espacial de Cunningham permite una
amplia libertad de creación y la construcción de
estructuras coreográficas impensables, dando
como resultado un movimiento instantáneo y
fortuito. Sus famosos events fueron
acciones que alcanzaron alto impacto por su
formato sin estructura rígida, susceptibles de
ser representadas en espacios no convencionales:
museos, campos deportivos, azoteas y
aparcamientos, principalmente.
A partir de sus convicciones, formula una
técnica, ampliamente difundida, que ofrece al
bailarín un ámbito abierto para la investigación
corporal y la libertad expresiva. Torso
elocuente pero sin evidencias de dramatismo,
rapidez extrema y profundo sentido plástico del
movimiento, especialmente notorio en su depurado
sentido de la línea corporal, son dos de sus
características esenciales.
La utilización de la música en relación con la
danza representa otro hallazgo significativo del
creador. Para Cunningham, la danza constituye
una entidad autónoma, rechazando cualquier
subordinación de esta al elemento sonoro. La
música, en todo caso, resulta un acontecimiento
simultáneo, aunque separado, de la acción del
movimiento. Reveladora fue la colaboración de
Cunningham con John Cage y otros compositores de
música electroacústica, en la búsqueda de nuevas
experiencias dentro del intrínseco vínculo
movimiento-sonido.
También es relevante la forma en la que
Cunningham relaciona la danza con los elementos
plásticos propiciando una ruptura con la
concepción tradicional de la escenografía y el
vestuario, los cuales se convierten en
sugerentes entornos escénicos. Él mismo ha
destacado como particular diseñador de
indumentarias, siendo igualmente resaltantes las
colaboraciones con célebres artistas como Robert
Rauschenberg, Jasper Johns y Andy Warhol, en
materia de decorados y diseños de iluminación.
La historia reconoce en Merce Cunningham al
creador inconforme que propulsó la revolución de
la danza más allá de la modernidad. Su obra
refleja la compleja condición del hombre
contemporáneo y sus procesos sociales, incluido
el desmedido desarrollo tecnológico. Cunningham
develó al intérprete antihéroe. También creó al
bailarín virtual.
CARLOS PAOLILLO
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