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Publicado
en Susy Q 3
- Julio/agosto 2006
Mikhail Baryshnikov
STAR
Texto: Barbara Celis (Nueva York)
Probablemente sea la última gran estrella con brillo del
star system del ballet clásico, aunque ya no se dedique a
bailarlo. De hecho, a lo que Mikhail Baryshnikov se dedica
últimamente es a su recién creada y ambiciosa fundación de
las artes, a la que pertenece su nueva compañía, la Hell’s
Kitchen Dance. España tendrá el extraño privilegio de ser el
único país que conozca este primer programa. Los festivales
Veranos de la Villa, de Madrid, y Grec, de Barcelona le
colocan como cabeza de cartel.

Mikhail Baryshnikov regresa a los escenarios. Tras una pausa
de dos años durante la que se ha sumergido de lleno en la
conceptualización y construcción del Baryshnikov Arts Center
(BAC), inaugurado el pasado otoño en Nueva York, Misha
actuará este verano en el Festival Veranos de la Villa, de
Madrid, y en el Festival Grec, de Barcelona. Bailará junto a
su recién creada compañía, Hell’s Kitchen Dance, integrada
precisamente por la primera generación de jóvenes becados
por la BAC, que pondrán en escena las tres primeras
coreografías originales que se han incubado allí: Over/Come
y Come In, del coreógrafo Azure Barton, y Years
Later, del también coreógrafo y bailarín Benjamin
Millepied. Arropado por una puesta en escena que incluye dos
vídeos y músicas de Philip Glass, Erik Satie y Meredith Monk,
Baryshnikov bailará en dos de las tres piezas y la fortuna,
o más bien habría que decir, el propio artista, ha querido
que España sea el único país fuera de Estados Unidos que sea
testigo de su nuevo espectáculo. Desde el pasado mayo los
ensayos son constantes y Misha, de 58 años, no quiere perder
la concentración. Aún así se prestó a hablar con Susy Q.
¿Qué veremos durante esta gira?
Son piezas muy experimentales. Dos de ellas incluyen video.
Voy con gente muy joven que ha estado becada por el BAC. La
mayoría son bailarines de danza contemporánea que acaban de
terminar la escuela, graduados de Juilliard y la New York
University aunque otros tienen más experiencia, como los
coreógrafos, Aszure Barton y Benjamin Millepied, que
tuvieron una beca de artistas en residencia con nosotros y
así pudieron desarrollar estas obras.
¿Por qué ha escogido a España como único destino de la gira?
Tengo amigos dentro de la cultura española, como Cesc
Gelabert. Conozco los teatros, me gusta el público. Es un
país que siempre me ha tratado bien. Creo que por el
carácter de los montajes, son obras que van a ser bien
recibidas por los españoles.
En uno de los videos que forman parte de los montajes
aparecen imágenes suyas, de hace muchos años, bailando un
ballet clásico. ¿Nunca se ha planteado volver a meterse en
la piel de un Don Quijote o de una Giselle?
¡No! Por supuesto que no. Yo hace décadas que dejé el ballet
clásico y nunca lo he echado de menos.
¿Aquello fue una decisión vital o fue realmente su físico el
que le obligó abandonarlo?
Yo empecé con la danza moderna al instalarme en Estados
Unidos y al mismo tiempo seguí con el ballet clásico.
Después pasaron muchas cosas pero yo me he centrado en lo
contemporáneo porque era lo que me interesaba más. Ahora voy
a volver a bailar con la Hell’s Kitchen Dance después de dos
años fuera de los escenarios pero mi papel no es el de
competir con los bailarines jóvenes. Al contrario, yo sé
cuáles son mis limitaciones y los coreógrafos también.
Siempre es difícil volver a prepararse después de una pausa
pero estas piezas no son complicadas. Ellos me utilizan en
sus piezas teniendo en cuenta mi edad. Nunca se me ocurriría
ponerme en ridículo, tratar de hacerle sombra a los jóvenes
y bailar como si tuviera treinta años menos. Hay una frase
de Martha Graham que lo dice bien claro y que nunca hay que
olvidar: el cuerpo nunca miente.
¿Es importante para un bailarín de danza contemporánea tener
una formación clásica?
Muchos se apoyan en la formación clásica porque prepara muy
bien el cuerpo para el baile. Hay muchos bailarines de
contemporáneo que calientan utilizando las técnicas del
clásico. Lo que ocurre es que yo hice el camino al revés. Yo
venía del clásico y para mí el descubrimiento fue la danza
moderna. Pero yo ahora veo que ya no es necesario tener esa
base. Los estudiantes de Juilliard estudian directamente
danza moderna, lo que ocurre es que aprenden elementos
clásicos porque ayudan a poner a tono el cuerpo.
¿Pero usted cree que el ballet clásico está destinado a
desaparecer?
No, en absoluto. Será como la ópera. Las óperas de Wagner o
de Mozart siempre se seguirán interpretando y del repertorio
del ballet siempre habrá imprescindibles como El lago de
los cisnes, Giselle o La bella durmiente. Son
obras que servirán de barómetro para medir el nivel de las
diferentes escuelas clásicas internacionales.
Usted apenas ha hecho coreografías, ¿por qué?
Dios nunca me dio esa gloriosa oportunidad, o esa tortura,
según se mire. No sé si debería estarle agradecido o
arrepentirme. Ser bailarín es suficientemente difícil como
para añadirle el ser coreógrafo. Hubiera sido una doble
presión. Además a estas alturas es demasiado tarde. Hay que
empezar cuando se es joven. Yo escogí profundizar en la
danza, son dos cosas muy diferentes y hay muy poca gente que
sea capaz de hacer bien ambas.
¿Qué buscaba cuando abandonó la URSS?
Oportunidades interesantes y una vida excitante.
¿Probar suerte como actor también era parte del plan?
La verdad es que no. Llegué al cine y a la televisión por
pura curiosidad.
¿Y mereció la pena probar?
Quizás… no sé… (duda). La verdad es que si miro hacia atrás
yo creo que no mereció la pena. Yo era bailarín, nunca tuve
la intención de convertirme en una estrella de Hollywood o
de la televisión. Me propusieron probar y yo acepté. Supongo
que algunos proyectos fueron buenos y otros no tanto pero en
el proceso de hacerlos siempre se aprende algo, sobre ti
mismo y sobre ese mundo.
¿Alguna vez se pregunta como hubiera sido su vida de haberse
quedado en la URSS?
Uf… eso sería material para otra entrevista entera… (risas)
La verdad es que no lo sé, a veces fantaseo con ello pero
es difícil saber la respuesta.
Háblenos del Barishnikov Center for the Arts.
Uno esperaría que un centro de arte creado por Barishnikov
estuviera centrado en la danza. Pero las becas y los
programas del BCA abarcan todas las artes. ¿Por qué?
Porque siempre he sido un defensor de lo interdisciplinar.
Desde mi punto de vista un joven creador, en cualquier
género, va a enriquecerse mucho más si está en contacto con
otros artistas jóvenes de otros campos. Es una manera de
conocer a futuros colaboradores. El intercambio entre
disciplinas es algo que hay que alimentar toda la vida. Es
enriquecedor estar en contacto con quienes proceden de
mundos diferentes al tuyo. Si Merce Cunningham no se hubiera
encontrado a John Cage en Seattle en los años sesenta las
carreras de ambos probablemente hubieran sido muy
diferentes. Fíjate cómo era el mundo artístico de entonces:
el Jackson Group, las increíbles coreografías que surgieron
de sus intercambios artísticos…. Eso es lo que hay que
seguir potenciando. Por eso la función de la gente como yo,
más establecida, es ayudar a los más jóvenes a encontrar su
propia voz.
Y usted, a sus 58 años, ¿puede decir que ha encontrado su
propia voz?
Yo estoy satisfecho. Sé que hay vida después de la danza.
Trabajo como productor, tengo el centro de artes… En
realidad intento hacer lo que me gusta, no aburrirme y si en
el proceso además consigo darle placer a otros o ayudarles
¿qué más se puede pedir?
Mikhail Baryshnikov & Hell’s Kitchen Dance.
Festival
Grec, de Barcelona (Mercat de les Flors, del 6 al 9 de
julio). Festival Veranos de La Villa, de Madrid (Teatro
Español, del 13 al 16 de julio).
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