|
|
Publicado
en Susy Q 4
- Septiembre/Octubre 2006
60 años de
la Limón Dance Company
Ofrenda
coreográfica
Texto:
Carlos Paolillo Foto: Rosalie O’Connor
José Limón,
figura emblemática de la danza contemporánea norteamericana,
sigue vivo a través de la compañía que fundó hace seis
décadas y que hoy, a 34 años de su muerte, sigue preservando
y difundiendo su amplio e importante repertorio.

“Trato de componer obras en las que intervienen de lleno la
tragedia fundamental del hombre y la grandeza de su
espíritu”. Este postulado de José Limón (Culiacán, México
1908 – Nueva Jersey, Estados Unidos 1972) guió sin desvíos
su obra coreográfica, un legado que ha permanecido vigente a
través de su compañía, con sede en Nueva York, hoy
celebrando los 60 años de su fundación. Limón siempre
insistió en la existencia de una idea para dar inicio al
acto creador. “No puedo funcionar con abstracciones o con lo
que se denomina danza absoluta. Trabajo con emociones, con
la experiencia humana, la mía o la de aquellos que he leído
u oído”. De esta creencia surge su danza, en la que abordó
infinidad de temáticas, siempre a partir del hombre.
Fundamentales son sus piezas tempranas de inspiración
religiosa o mística: Eden Tree (1945), The Exiles
(1950), The Visitation (1952), The Traitor
(1954), There is a Time (1956) y especialmente,
Missa Brevis (1958). También las abordadas desde la
violencia como ideología, con imágenes de traición y muerte
muy cercanas a él desde su niñez en los tiempos de la
revolución mexicana: Danza de la muerte (1937),
motivada por la Guerra Civil Española, La malinche
(1949), sobre los mitos de la conquista de México; Los
silenciados (1970) o Carlota (1972). Pero, aunque
desarrolló toda su obra en Estados Unidos, tampoco desdeñó
el México exótico y colorido: Mexicanas danzas
(1939), aún siendo estudiante; Los cuatro soles,
Tonantzintla, Diálogos y Redes, creadas
todas entre los años 1950 y 1951 durante un corto retorno a
su país. La condición humana y sus ámbitos más oscuros fue
un tema recurrente, casi obsesivo, en José Limón con obras
como The moor’s pavane (La pavana del Moro, 1949),
sobre Otelo de William Shakespeare; The
Emperor Jones (1956), a partir de la obra de Eugene
O’Neill o su emblemática A choreographic offering
(Ofrenda coreográfica, 1964), donde queda expresada su
magistral capacidad de composición en el espacio y el tiempo
escénico.
Limón veía en el movimiento un instrumento transformador del
hombre y sus realidades. Al conocer a Doris Humphrey se
convirtió en su alumno ejemplar y en 1930 debutó como
bailarín en su compañía, la Humphrey-Weidman, donde
permaneció diez años. En 1946 formó, en Nueva York, su
propia agrupación, colocando en la dirección artística a la
propia Humphrey, que creó varias obras para el inédito
conjunto: Lamento por Ignacio Sánchez Mejías (1947),
Night Spell (1951), Ritmo jondo (1953) y
Felipe el loco (1954).
Imponente y trascendental era la figura de José Limón en la
escena. Humanas y dramáticas sus motivaciones coreográficas.
El reputado crítico Walter Sorell lo expresa así: “Se movía
en una forma inimitable, intensa, con una actitud de
soslayo, como si un animal en él esperara. Era alto, y su
cuerpo, a pesar de su delgadez parecía fuerte. Sus brazos y
manos dirigían el movimiento. Su cara era inolvidable. Una
cara eterna como si el escultor hubiera tratado de moldearlo
con la imagen de un príncipe azteca (…) En lo coreográfico,
posee una forma muy personal de comunicar el drama interno
de sus personajes. Hay una cierta grandeza, con un toque
arcaico en sus modales, hay una gran intensidad en la
armonía entre los bailarines”.
Si la compañía tiene 60 años, en 40 de ellos ha contado con
la dirección artística de su discípula Carla Maxwell, que
todavía hoy continúa difundiendo, casi con veneración, el
repertorio coreográfico de su fundador. Pero si bien
preserva con celo el patrimonio de Limón y su época (obras
de Dorys Humphrey permanecen en el repertorio activo),
también se ha abierto hacia nuevos coreógrafos hallados
mayormente dentro de su elenco de bailarines. Las
celebración aniversaria ha incluido la presencia de la
agrupación este verano en el emblemático festival Jacob’s
Pillow, de Massachussets, donde son asiduos (allí debutaron
en 1946, el mismo año de su fundación), y contempla
funciones por varias ciudades norteamericanas para rematar,
en noviembre, en el Joyce Theater, de New York. La
reposición de Ofrenda coreográfica, un clásico en el
repertorio de Limón, creado en 1963 para Dorys Humphrey, el
reestreno de Angelitos Negros (1972), del discípulo
de Limón Donald McKyle y la nueva pieza Recordare, de
Lar Lubovitch, un experto en el lenguaje Limón, que se ha
inspirado en la pintoresca celebración mexicana del Día de
los Muertos, figuran entre las piezas que la agrupación ha
escogido para celebrar sus sesenta años de vida.
www.limon.org
<<Artículos
2006
|
|