Publicado en Susy Q 4 -  Septiembre/Octubre 2006

 

Carmen Werner. Provisional Danza

AZAR

 

Texto:  Omar Khan      Foto:  Pedro Arnay

 

‘Matar el 9’ se regodea en la muerte de Carmen Werner, que arma un sepelio bailado en vida que habla, con cariño y sarcasmo, de la ruleta de la existencia, de los ases bajo la manga, de los críticos, las instituciones y los avatares de este oficio del danzante. La reflexión llega a la Sala Cuarta Pared, de Madrid, el 28 de septiembre.

 

 

Carmen Werner ha muerto. Un compungido bailarín cumple con el penoso deber de notificarlo apenas empieza Matar el 9, el último espectáculo de la fallecida directora de la agrupación madrileña Provisional Danza, que aún así se prepara a celebrar el próximo año, los 20 de su agrupación. “La muerte es algo que me interesa. En mis piezas siempre hay suicidios y asesinatos. La muerte es una realidad, es lo que va a suceder”, dice con convicción la muerta, que está dispuesta a formalizar cada noche su sepelio en público, con nombre, apellido, necrológica, testamento y señalamientos a los críticos que le acribillaron o las instituciones que le negaron el dinero. “Es un reírme de mi propia sombra, no es una venganza ni hay malicia alguna. Espero que se la tomen con cariño porque lo que de verdad quiero es manifestar mi agradecimiento. He llegado hasta aquí, son casi 20 años, estoy contenta con lo que he podido hacer y me he dado cuenta de que he aprendido con todo lo que me ha ocurrido. He aprendido de las malas críticas, de que no te den dinero, de todo se aprende, y he querido hacer esta pieza que habla de eso, de las circunstancias del bailarín, de los divos, de las instituciones, de los compañeros, de los críticos. Del juego de la vida”.

Todo nació de la lectura de una necrológica en un periódico. Un viejo maestro de la danza había muerto y la nota que le recordaba fue el germen de la nueva pieza. Carmen Werner y Ana Vallés, directora de Matarile Teatro, vieja amiga y colaboradora de Provisional Danza, comenzaron a elucubrar sobre lo que ocurre tras la muerte de un coreógrafo. La conversación tomó forma de espectáculo, Ana Vallés se convirtió en su directora escénica y la misma Werner, en la coreógrafa muerta. Matar el 9 es una expresión de póquer que se usa cuando gana la banca, lo que implica que el jugador pierde pero aún así, y aunque declara en su página web: “No va más. En el azar y el juego de la vida perdí”, su nueva creación no es pesimista. “Si me muero mañana no quiero que me hagan homenajes. Soy muy esotérica, creo en la reencarnación y para mí la muerte no es más que un tránsito. La misión de la vida no es otra que dejar lo mejor a los que vienen detrás y creo que es algo que estamos haciendo fatal, y no hablo ya de la danza, hablo de la vida”.

En Matar el 9 intervienen los cinco bailarines de Provisional Danza. A lo largo del espectáculo, que gira exclusivamente alrededor de la muerte de Carmen Werner, se van hilvanando situaciones cómico-dramáticas, con abundantes textos, que hacen referencia a la vida y obra de la danzante, recuerdos de sus queridos, lamentaciones de sus allegados y los testimonios de la misma fallecida, que acude a su sepelio a bailar con gafas oscuras como para pasar inadvertida. La estética es la de los juegos de azar y las grandes apuestas, la de ‘la vida se te va en un as’. No faltan alusiones a la política cultural ni citas textuales de los palos que ha dado la prensa a su trabajo. De hecho, la coreografía termina abruptamente porque sistemáticamente, tras cada estreno, un crítico local siempre ha dicho que sus obras son interesantes pero inconclusas. “Las críticas me encantan pero me hacen daño”, confiesa. “Me interesan porque una cosa es lo que te dicen los amigos y otra la visión de un señor que lo ve todo y tiene parámetros para medir y analizar lo que haces. Pero muchas veces el señor no hace críticas sino que manda puñaladas. En España hay mucho crítico de la escuela del no por delante”.

 

MI SEPELIO DE CADA DÍA

En estos casi 20 años, Provisional Danza se ha hecho con un lenguaje peculiar y distintivo, gracias a un buen puñado de obras que apuestan por el riesgo físico, como Los hombres también mueven paredes, que se escenifica en vertical, sobre fachadas de edificios, o el espectáculo Calle 4, al aire libre, pero sobre todo por el riesgo emocional. Obras de gran formato como Legión de ángeles, Piel o la contundente Hiroshima, sobre el horror del holocausto, y otras de menor formato como el reciente dueto Pie izquierdo, con Ana Vallés y Werner, o el desgarrado solo La cita, le han servido para configurar un lenguaje de danza más bien áspero y duro que no renuncia a lo teatral ni se somete a las modas de la abstracción. “Me gusta que la danza emane emoción. La técnica tiene que ser parte del todo pero ni siquiera se debe notar. Cada día odio más hacer audiciones porque por mucho que lo adornes siempre se trata de gente que se va a matar por un trabajo y no soporto las demostraciones de virtuosismo. Prefiero conocer a la gente, que me muestre algo pequeño, algo que me emocione”. Y es que el bailarín en Provisional Danza es muy importante. “Lo más apasionante de esta profesión es coreografiar, ver cómo evolucionan tus bailarines”. ¿Y lo menos apasionante? “El papeleo”, responde sin titubear.

Con todo, Matar el 9 supone un cambio en los lineamientos. “Yo era muy drástica, muy directa en cuanto al tratamiento de temas como la violencia o el sexo, pero ahora lo noto todo más sarcástico. Debe ser la edad”, confiesa la coreógrafa madrileña de 52 años, que saltó de la educación física a la danza y se reconoce heredera de la tradición de la danza teatro. “No me pesa decirlo. Siempre me ha inspirado el trabajo de Pina Bausch. También he tenido influencia de L’Esquisse o algunas cosas de Ramón Oller”. Ahora mismo, está ya sumergida en otra producción que se llamará 40 tipos de vodka, un trabajo que nació tras un viaje a Rusia. También hay un dueto en la cabeza y algunos otros proyectos. Y en todos siempre baila ella. Es algo que le fascina, que no puede evitar. “Se que me queda poco pero lo voy a disfrutar”, dice optimista Carmen Werner, la que morirá cada noche en Matar el 9.

 

Matar el 9 se estrena el 28 de septiembre en la Sala Cuarta Pared, de Madrid. El día 3 de octubre se verá en el festival Danza Gijón.    www.provisionaldanza.com               www.cuartapared.es

 

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