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Publicado
en Susy Q 5
- Noviembre/Diciembre 2006
Wim
Vandekeybus
Riesgo puro
Texto: Omar Khan Fotos: Xavier Sanfulgencio
Invitado
por la Compañía Nacional de Danza, el creador belga se ha
venido a montar su danza de riesgo en los neoclásicos
cuerpos del colectivo madrileño. Entre tanto, en Bruselas,
se ha iniciado el periplo de Spiegel, su trabajo resumen de
20 años con su compañía Ultima Vez, que llegará a Barcelona
el próximo año.

Nunca se anduvo por las ramas Wim Vandekeybus. What The
Body Does Not Remember, su primera pieza hace
exactamente 20 años, tenía una larga y ya mítica secuencia
en la que los bailarines se lanzaban unos pedruscos enormes
los unos a los otros, con todo lo que de riesgo e incluso
peligro la acción tenía. En Nueva York fascinó. Con ella
obtuvo el primero de sus dos Bessie Award. Desde entonces,
él y su compañía Ultima Vez casi no paran en su sede de
Bruselas. Festivales como Avignon y grandes salas codician
sus trabajos, piezas fuertes, físicamente arriesgadas, que
van directas como pedradas al estómago del espectador. Le
gusta trabajar temas como las relaciones, las emociones
extremas y, a veces, lo puramente físico. También tiene
debilidad por los bichos, que aparecen con frecuencia en su
trabajo. Pintura, teatro, literatura y especialmente cine,
son ámbitos que le son familiares. Criado en el campo e hijo
de veterinario (de ahí los bichos), este creador belga no
viene ni de la danza ni del cine. Viene de Jan Fabre,
compatriota suyo que se mueve en terrenos escénicos aún más
sísmicos. Pasó dos años haciendo para él en escenarios del
mundo el rey desnudo de The Power of Theatrical Madness
en los ochenta y, tras esa experiencia, de estudiante de
psicología pasó a artista total con compañía propia, que ha
paseado por el mundo 35 piezas, entre las que cabe destacan
verdaderos éxitos como Blush o Puur, por citar
dos recientes.
Ahora mismo su vida es un huracán. Y España le arrastra como
un epicentro. Tras el estreno, en Bruselas, de Spiegel,
su nuevo trabajo, ya con 85 funciones vendidas por el
planeta, ha venido a montar en Madrid una nueva y exclusiva
pieza con la Compañía Nacional de Danza (CND), aún sin
título definitivo, que se estrenará en el Teatro de La
Zarzuela haciendo programa con Gilded Goldbergs, la
nueva obra de Nacho Duato, director artístico de la
agrupación. También ha ido al Mercat de les Flors, de
Barcelona, a presentar su película Blush (que estuvo
en el Festival de Cannes) como preámbulo al estreno de
Spiegel en esa sala, en abril de 2007. Además, prepara
la salida al mercado de un box con 3 DVDs, que incluyen
todas sus películas de danza y cinco cortos. Y entre medias
su cabeza no deja de darle vueltas a su primer largometraje
de ficción, que ha entrado en fase de pre-producción.
De
entrada, no parece haber mucha conexión entre el estilo
neoclásico de la CND y el arriesgado y vanguardista suyo…
No es tan diferente tampoco. A lo mejor lo más raro para
ellos es que no vengo aquí cada día con todos los pasos ya
elaborados para que los ejecuten como yo les diga. No. Yo
traigo ideas, muchas ideas, pero necesito un feedback
o de lo contrario, no funciona. También les puede resultar
extraño que traiga una historia completamente narrativa para
trabajarla aunque al final el resultado va ser completamente
abstracto. Pero esto es lo que me permite activar las
relaciones entre ellos, llevarlos a una confrontación. La
pieza consiste un poco en pasar energías, en buscar
identidades en el otro. Los necesito a todos como un grupo
pero también sus individualidades. Tienen que verse como una
totalidad que se desmorona y entonces se ven obligados a
restaurar la unidad.
¿Se
siente cómodo trabajando en una compañía neoclásica?
Yo no he venido aquí expresamente a buscar ese tipo de
cuerpos pero, a veces, veo que cosas que ellos proponen que
me sirven o veo hasta dónde pueden llegar, y lo voy
configurando. Para mí es una obligación utilizar los
materiales que me proporcionan los bailarines. No podría
funcionar con gente que viene a esperar a que yo les diga
exactamente qué hay que hacer. Yo noto que algunos de ellos
me miran como diciéndome ‘¿pero qué quiere este chico?’ Lo
que pasa es que yo trabajo más una obra que una coreografía.
Las ideas que traigo son estímulos y yo necesito que
retornen. Pero no estoy descontento ni mucho menos. De
hecho, creo que dentro de su género, ésta es de las
compañías que mejor funcionan.
¿Y le
resulta raro, ajeno?
Estoy acostumbrado, no a trabajar con bailarines de formación
clásica, sino con todo tipo de intérpretes. He hecho
trabajos con niños, con actores, con gente de 65 años. Aquí
hay gente muy buena, con un vocabulario que puede adaptarse
perfectamente a mi trabajo. Después de todo Nacho Duato es
neoclásico, trabaja sobre la técnica pero también busca
formas nuevas de mover el cuerpo y eso se siente cuando
trabajas con su gente.
Aún está
pensando el título de su nueva obra con la CND. Generalmente
usa títulos muy peculiares, como si le diera mucha
importancia…
Se la doy. Me gusta pensar los títulos porque creo que deben
sugerir mucho pero explicar poco. Ésta se llamó Quiebro
pero cambió. Provisionalmente ahora se llama El
precio de la indiferencia aunque últimamente me he
estado inclinando por títulos de una sola palabra: Blush,
Puur, Spiegel…
Incluso
llama la atención que su compañía, siendo belga, se llame
Última Vez, así en español…
El nombre surgió porque me dije era la primera vez que hacía
esto de crear una compañía y que también sería la última. En
español porque la compañía se fundó en Madrid. Recuerdo que
la primera vez que vine estaba de gira con Jan Fabre, con
una de esas piezas suyas tan difíciles, y la gente se salía
a borbotones antes de que terminara. Había mucha energía
aquí en los ochenta, y eso me gustó pero también había poca
información, no ocurría nada, así que me pareció un buen
sitio para arrancar. Hice un taller de tres semanas,
trabajando con la gente sin pausa de 9 a 9. Recuerdo que
hubo domingos en que bailábamos en la azotea del Círculo de
Bellas Artes sin que nadie se enterara. Nos colábamos por
una puerta y nos pasábamos todo el día trabajando en el
techo.
Suele
convertir sus piezas en películas. ¿Tiene un interés
especial por el cine?
No bailo en Spiegel porque necesito tiempo para mi
película, mi primer largo, que probablemente se ruede en
Sudamérica, mitad en inglés, mitad en español. Es una
historia de gran ciudad, con escenas de acción, con niños.
No tengo escuela de cine. Tampoco de danza. Para mí son
medios que te ayudan a exprimir lo que tres dentro, lo que
te inquieta. Yo la danza la veo como un medio para
expresarme. En Merce Cunningham, por ejemplo, es diferente.
Para él, lo interesante es la forma en sí misma pero no para
mí. Yo la danza la veo más vinculada al ritual y a la
función de comunicar. Por eso no persigo la perfección. Me
gusta el orden en el caos, el descontrol. Nunca digo que soy
un profesional, prefiero decir que soy un amateur
profesional porque lo bonito de ser amateur es que implica
que estás buscando. Ser profesional significa que ya lo
sabes todo, que das por hecho que has terminado el
aprendizaje y la búsqueda. En mí eso no acaba nunca.
La nueva
pieza de Vandekeybus para la CND se estrenará junto a Gilded
Goldbergs, y la reposición de Por vos muero, ambas de Nacho
Duato, en El Teatro La Zarzuela (Madrid), del 10 al 19 de
noviembre. Spiegel, con Ultima Vez, se estrena en el Mercat
de les Flors (Barcelona) del 26 al 29 de abril de 2007.
www.ultimavez.com /
www.cndanza.mcu.es /
www.mercatflors.org
FRENTE AL ESPEJO
Spiegel
(espejo en neerlandés) no es un collage, un resumen
ni un best off de 20 años de trabajo. Spiegel
es la búsqueda de la esencia del lenguaje corporal de Ultima
Vez, una retrospectiva sobre la energía y las emociones que
han sido la base de una veintena de creaciones. Wim
Vandekeybus no pretende recapitular lo que ha dicho durante
dos decenios sino cómo lo ha dicho. Por una vez, el
coreógrafo belga olvida el contenido y se centra en la forma
y en la manera en que ha hablado todos estos años de sexo,
de amor, de rubor o de violencia. Spiegel retoma las
escenas más importantes de sus piezas, algunas las muestra
intactas, algunas las modifica para crear un cuadro
perfecto. La escena mítica del lanzamiento de ladrillos de
su primera pieza What de body does not remember,
realizada en 1987, es retomada de forma íntegra. De In
Spite of Wishing and Wanting, pieza que había realizado
con intérpretes masculinos, toma la escena de la media
naranja, donde cada bailarín camina con media naranja en la
mano en busca de la otra media y baila finalmente con quien
encaja. Esta vez toma la pieza mezclando hombres y mujeres.
Algunas son reducidas a escenas de transición, que a veces
son más importantes incluso que las escenas mismas. Un
trabajo refinado y puro que expresa a la perfección lo que
ha sido y lo que es Ultima Vez, una compañía con carácter
propio, donde el riesgo y la pasión son los protagonistas y
donde los intérpretes no muestran que están bailando, sino
que sólo bailan. Un trabajo extremo, donde los 9 bailarines
se dan a fondo, ruedan, saltan, corren, con intensidad y
sobre todo, pasión.
MATILDE CEGARRA
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