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Publicado
en Susy Q 6
- Enero/Febrero 2007
Julio Bocca
Adiós
danza cruel
Texto:
Joaquim Noguero Foto: Xavier Sanfulgencio
Adiós, nos
dice el Bocca bailarín. Y Adiós hermano cruel se titula la
última pieza que va a presentar en Madrid: el primer ballet
completo que trae a nuestro país, una desgarrada y expresiva
explosión de emociones. Hora y media, con el mismo equipo
con que presentó El hombre de la corbata roja en 2006.

Oooohhhhhh.
Bocas abiertas. Bocca baila. Admiración. Eso y más provoca
el estilo limpio y la efectividad restallante del argentino
Julio Bocca, con su velocidad y su energía. Pero, nacido en
1967, el retiro que ha anunciado para los 40 años está ya
ahí, en la esquina. Y Julio Bocca le pide demasiado a la
danza como para que eso no represente un antes y un después.
Baryshnikov, uno de sus maestros, se reinventó. Él aún tiene
que decidirlo, pero sí sabe que, pese al halo igualmente
mágico del escenario, le faltan ganas para asumir la
constante y férrea disciplina que comportan las clases y las
cada vez más imprescindibles horas de ensayo y entreno.
Ahora la noche lo llama. Salir con los amigos. Desconectar
de un día a día medido y minutado. Ya sueña con el velero
con que va a arriar velas. Y no es una metáfora.
Adiós
hermano cruel,
el ballet de argumento que va a presentar en Madrid, no es
sólo la última oportunidad de ver a Julio Bocca como
bailarín en la capital de España, sino también la primera de
disfrutarlo en un ballet completo en lugar de las piezas
cortas que hasta ahora le han traído al país. Con
coreografía de Ana María Stekelman, música de Lito Vitale,
escenografía con proyecciones de Tito Egurza y diseño de
vestuario de Renata Schussheim, el ballet en dos actos
Adiós hermano cruel remedia este vacío con la que es una
adaptación libre del drama isabelino que el cineasta
italiano Giuseppe Patroni Griffi realizó en película en
1972. Según Bocca, se trata de una "historia bastante
fuerte", el relato de cómo dos hermanos se reencuentran tras
diez años de separación, y de cómo a partir de ahí se
enamoran, con la consiguiente tragedia de incesto, embarazo,
celos y muerte de por medio. Lamentablemente, ya nos vamos a
quedar sin ver en directo al Bocca del Quijote, Romeo y
Julieta o La Fierecilla domada, a pesar de que al
bailarín argentino le hubiera gustado.
Con su
inminente retiro anunciado para el 2007, mezcla cansancio e
ilusión, el cóctel de palabras con que se expresa el
director artístico y fundador del Ballet Argentino.
"Entrenar es necesario, incluso para limpiarse de los
excesos de la noche anterior. Sólo eso garantiza estar bien,
sentirte en forma, poder dar el mismo nivel. Y, cuando uno
está ahí desde los cuatro años, es difícil no sentirse
aburrido. Hay muchas otras cosas por conocer". Y porque las
hay es precisamente por lo que en el escenario sigue la
magia al completo. "Ante el público siento la misma ilusión:
cada papel y cada noche son diferentes, cambian las
reacciones de los espectadores y te dan distintas
sensaciones y energía, lo bueno de esto nuestro es que es
algo vivo, nunca sabes qué va a pasar exactamente, nunca
pisarás justo en el mismo lugar en el que pisaste la noche
anterior. Pero sobre todo bailo fundido en el papel cuando
hay personaje, o en la música, que para mi es el cincuenta
por ciento, cuando no lo hay. Es maravilloso abandonarte a
tus propias sensaciones y emociones".
Ahora es
consciente que quizás sea menos explosivo que al principio,
"de joven eres más alocado e impulsivo, lo llenas todo de
pequeños movimientos". Pero, en cambio, con la experiencia
siente que la madurez da tranquilidad y seguridad, permite
dar más en cada gesto. Para Bocca lo imprescindible en un
bailarín es la disciplina y el corazón. A él le pesa lo más
gris y oculto de la disciplina, pero le sobra corazón,
expresividad personal, porque "con el paso de los años uno
crece como personaje, indiscutiblemente, y eso te hace ganar
también como artista". Porque es una persona curiosa ha
mezclado disciplinas, ha alternado y sumado estilos, ha sido
fiel a sus raíces argentinas mientras las abría al mundo. Si
aún puede sorprendernos es porque él es el primero que
buscará ser sorprendido con lo que le espere agazapado en
las clases o como director de compañía y de su propia
fundación. "Por suerte, trabajo no va a faltar", asegura.
Ni nuevas
metas. Su adiós es sólo al hermano cruel de la danza: el del
castigo físico y las dietas sin pizza.
Adiós
hermano cruel. Julio Bocca y el Ballet Argentino. Teatro
Albéniz (Madrid). (6/25 de febrero de 2007) www.juliobocca.com
www.madrid.org
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2007
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