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Publicado
en Susy Q 7
- Marzo/Abril 2007
Frédéric
Flamand y el Ballet Nacional de Marsella
BIENVENIDO A METAPOLIS
Texto:
Omar Khan
El belga
Frédéric Flamand construye ciudades de danza. Su
preocupación por convertir los espacios urbanos en
coreografías ha ocupado su carrera y le ha llevado a crear
una tetralogía, cuyas dos últimas partes, La citè radieuse y
Metapolis II, se verán en Sevilla

La ya
extensa obra del coreógrafo belga Frédéric Flamand es una
larga, poética y alucinante reflexión acerca de la ciudad y
el ser ciudadano. Urbanitas y su espacio constituyen su
universo. Danza, arquitectura, nuevas tecnologías y
comunicaciones, sus preocupaciones de artista. Para Flamand
las ciudades, metápolis como le ha dado por
llamarlas, son entidades vivas, en permanente
transformación, entes que interactúan y evolucionan con sus
habitantes. Espacios inteligentes que, de alguna manera,
piensan junto con el hombre. Estas reflexiones quedan
perfectamente recogidas en una importante tetralogía
iniciada exitosamente con Metapolis (2000), continuada en
Silent Collisions (2003) y La citè radieuse
(2004), y rematada ahora con Metapolis II (2006),
suerte de secuela en la que la obra inicial también sufre
transformaciones y evoluciones, a seis años de su estreno. Y
si bien es cierto que esta tetralogía es de lo más
significativa en su trayectoria, no hay que desvincularla
del resto de su producción que, desde sus inicios en los
años setenta, se ha interesado obsesivamente por el tema de
los espacios urbanos. La primera Metapolis fue vista
en su momento en Madrid. Barcelona fue escenario más tarde
para Sillent Collisions y ahora, en el Teatro de la
Maestranza de Sevilla, a inicios de marzo, se tendrá la
oportunidad única de ver La cité radieuse y su
novísima Metapolis II.
"La
arquitectura no es solamente construir edificios. Esta
noción cambia cuando se piensa en la arquitectura como una
estética, como una disciplina que se relaciona con el
espacio, con la vida y, en consecuencia con la danza. Me
gusta la idea de crear un espacio habitado por bailarines y
confrontarlo con la idea de un espacio arquitectónico
habitado por ciudadanos. En este sentido, Metapolis
quiere ser un mapa psicológico de cómo los espacios
influencian a los cuerpos", aseguraba Flamand durante el
estreno de Metapolis II con su nuevo equipo, el
Ballet Nacional de Marsella, en la Bienal de Lyon que el año
pasado estuvo dedicada justamente al tema de las ciudades.
La nueva
Metapolis
Para la
edificación de sus metafóricas metapolis Flamand ha
convocado el talento de auténticos y brillantes arquitectos,
que han ideado las escenografías que dan forma a estas
ciudades fantásticas y les han permitido liberarse de la
funcionalidad obligatoria de su trabajo, construyendo
alucinantes ciudades de danza junto al inquieto coreógrafo.
Zaha Hadid, la brillante arquitecta británico-iraquí
ganadora en 2004 del codiciado premio Pritzker, se unió en
2000 a la creación de Metapolis junto a Flamand,
entonces director de su agrupación Chaleroi / Plan K, de
Bélgica, creando una estructura desmontable que era una
eficaz y minimalista metáfora de una ciudad futurista.
Movida por los bailarines, la estructura se desplegaba o
recogía en el espacio delimitando y codirigiendo el tráfico
y movimiento de esta metafórica urbe. El apoyo de los
vídeos, fantásticamente proyectados por el método de
green screen (tan usado en la creación de efectos
especiales de cine) o en el modo de real-time, rompían los
límites del escenario y procuraban un viaje alucinante a una
ciudad sugerida e imposible.
Mucho ha
pasado en sus vidas, en las nuestras y en la del mundo desde
hace seis años, y la coincidencia de los dos artistas en
Marsella (Hadid trabajando en la creación de una torre de
oficinas y Flamand como recién nombrado director del Ballet
Nacional de Marsella) no les pareció casual y decidieron
retomar aquel trabajo para una segunda parte, a la manera de
secuela de Hollywood. Hay más bailarines-habitantes, ahora
dueños de la técnica clásica, y el énfasis está más colocado
en la noción de ciudades en transformación. Tal vez sea
también un poco más pesimista. La constante proyección del
derrumbamiento de grandes edificios ofrece una visión un
poco apocalíptica de la modernidad. Inevitable pensar que
cuando se hizo la primera Metapolis aún había un par
de torres gemelas que simbolizaban la ciudad de Nueva York y
que ahora mismo ya no forman parte del skyline
neoyorquino, lo que nos sugiere que la transformación de los
espacios urbanos no responde necesariamente a una feliz idea
de progreso.
Otras
matapolis
Entre
medias, Flamand ideó Sillent Collisions y La citè
radieuse, segunda y tercera parte de su tetralogía
urbana. Sillent Collisions fue estrenada en el marco
de la Bienal de Danza de Venecia en 2003, con escenografía
del arquitecto californiano Thom Mayne, que formaba parte
del grupo de Fank O Gehry, precursor de la nueva
arquitectura estadounidense. Inspirada en Ciudades
Invisibles, profético libro de Italo Calvino, la
coreografía constituye una propuesta alrededor de la manera
en que el entorno y los seres humanos crean una red de
tensiones y dinámicas, donde los espacios pueden ser
públicos o privados, opresores o confortables, agresivos o
agradables. Ideas todas que encuentran continuidad en La
cité radieuse, cuya escenografía fue ideada por el
arquitecto francés Dominique Perrault. La pieza, ideada a
partir de teorías de Le Corbusier, es una reflexión sobre el
concepto de ciudad hoy y su brutal transformación ante la
globalización y la proliferación de lo que el antropólogo
Mar Augé ha llamado los no-espacios: aeropuertos, centros
comerciales y demás lugares de transición, símbolos
urbanísticos de una era dominada por la velocidad, la
ruptura de barreras espaciales, las telecomunicaciones,
Internet y curiosamente, la incomunicación. El nuevo entorno
es entonces la ciudad globalizada, una que es igual a todas
las demás del planeta.
Similares
reflexiones se desprenden de trabajos anteriores de Frédéric
Flamand, que desde hace más de tres décadas ha venido
sistemáticamente creando una obra vinculada a este tema que
le obsesiona (Quarantaine, 1980; If Pyramids Were
Square, para la Ducumenta de Kassel en 1987, y la
trilogía conformada por The Fall of Icarus,
Titanic y Ex Machina, entre ellas). No importa
dónde esté y resulta curioso que sin importar la naturaleza
de la agrupación que dirija sigue su búsqueda incesante en
la misma dirección. Su llegada en 2004 al Ballet Nacional de
Marsella, una agrupación de formación clásica, no ha sido
impedimento. "Es un reto para mi", admite. "La técnica
clásica le supone una nueva calidad de movimiento a mi
trabajo pero me gusta la idea de poder retomar la forma
académica y adaptarla a nuestras necesidades creativas de
hoy". Aunque Metápolis II es la primera pieza que
monta en exclusiva para los chicos de Marsella, ya ha
incluido dentro del repertorio las otras de la tetralogía,
además de Moving Target, en la que colaboró con los
arquitectos de Nueva York Diller y Scofidio.
Ballet
Nacional de Marsella. Metapolis II (2 de marzo de 2007) y La
cité radieuse (4 de marzo de 2007). Teatro de La Maestranza,
Sevilla.
http://www.teatromaestranza.com
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