Publicado en Susy Q 7 -  Marzo/Abril 2007

Gelabert-Azzopardi Companya de Dansa

BIG BANG

 

Texto:  Raquel  Vidales   Foto: Jordi Bover

 

Ya está aquí lo último de Cesc Gelabert. Recién estrenado en el Teatre Lliure de Barcelona, Orion traslada a la danza inquietudes y teorías de la ciencia contemporánea. ¿Cómo nace la vida en la materia? ¿De dónde la emoción y la conciencia? Lo importante en este trabajo no son las respuestas, sino encontrarse con el misterio.

 

 

 

¿Qué pasa en el cerebro cuando el cuerpo gira? ¿Y si además ese movimiento está cargado de intención? En Orion, el coreógrafo y bailarín catalán Cesc Gelabert baila un solo al tiempo que se proyecta una resonancia magnética que le hicieron mientras imaginaba estar interpretando ese solo. Ciencia, tecnología y arte fascinados por el enigma de la vida. “Cada átomo de nuestro cuerpo es inerte, en conjunto somos un montón de polvo, y sin embargo estamos vivos: ésa es la magia de la vida”, explica.

Quizá más que nunca en Orion se advierte la constante que mejor define la búsqueda artística de Gelabert: sintetizar materia, emoción y conciencia en cada movimiento. De ahí la profundidad de sus coreografías, su elegancia como bailarín. Pionero y referente de la danza contemporánea en España, lleva más de treinta años cautivando con sus solos y ha llegado a crear uno para Baryshnikov (In a Landscape). Con su compañía, Gelabert-Azzopardi, que fundó hace dos décadas con la bailarina Lydia Azzopardi, ha creado títulos memorables como Desfigurat, Belmonte, Zumzum-Ka o las más recientes Viene regando flores…, Psitt!! Psitt!! y Caravan. Próximamente la compañía participará en la ópera El viaje a Simorgh, que se estrenará en mayo en el Teatro Real de Madrid, sobre una novela de Juan Goytisolo con música de Sánchez Verdú.

 

¿Cómo surge Orion?

Siempre necesito que mis trabajos partan de una tesis. En este caso se trataba de partir de ideas científicas para mostrar la magia de la vida. Hemos trabajado mucho para sintetizar esas ideas, convertirlas en baile con soluciones sencillas que alcancen al espectador no de manera intelectual, sino buscando el corazón.

 

¿De qué forma se convierte en movimiento algo tan complejo como una noción científica?

Mi ideal es que lo pueda disfrutar un niño. Hay demasiada información y creo que una de las obligaciones de los artistas es sintetizar, hacer sencillo lo complejo. Esto es lo más difícil. Se necesita mucho trabajo, milimetrar cada movimiento, para conseguir esa síntesis, esa sencillez.

 

Su danza y su discurso se definen contemporáneos. ¿Qué significa ser contemporáneo?

Significa estar vivo. Dar nuevas presentaciones a las ideas de siempre y, a la vez, mantenerlas vivas. Cierto que un artista puede crear algo que tenga una forma nueva, pero lo esencial no está en inventar sino en entender los legados culturales y darles nueva vida.

 

¿Lo nuevo surge de lo viejo?

Es difícil crear ya nuevos movimientos. El bailarín o coreógrafo del siglo XXI tiene, sobre todo, que ser capaz de dar vida a cosas muy diversas, jugar con los estilos, saber combinar y, finalmente, dar vida. Ahí está la verdadera dificultad. El mundo es cada vez más cambiante y hay que estar abierto a otras materias, pero no para “epatar” sino para extraer lo válido en cada ocasión.

 

De hecho, usted colabora habitualmente con artistas de otras disciplinas...

Me gusta estar atento a lo que la sociedad me ofrece para utilizarlo en mi trabajo y devolverlo convertido en danza. A veces quisiera usar más cosas, más tecnología, pero dependemos de los recursos. En todo caso, esto es como cocinar: hay que saber aprovechar los ingredientes que uno tiene.

 

Como bailarín seduce por su elegancia. ¿Dónde reside esta cualidad?

Pensemos en una caricia. Que te guste depende no tanto de la forma de esa caricia como de que lleve en sí una síntesis perfecta de tres dimensiones: materia, intención y emoción. Se trata de profundizar en el movimiento. Es como meterte hacia dentro, estar parado mientras te mueves. Creo que, por ejemplo, en eso residía la elegancia de Fred Astaire, que cuando bailaba parecía que no le costaba.

 

¿Cómo se relaciona el Gelabert coreógrafo con un bailarín tan personal como Gelabert?

Un movimiento, si no es personal, no llega. Por eso hay que buscar un equilibrio entre la estructura, que es la coreografía, y lo que le da vida, que es el bailarín. Lo importante al final es que la coreografía desaparezca en el escenario, porque el público no ve la coreografía, sino a los bailarines.

 

Cuando usted empezó, la danza contemporánea era cosa de pocos en España. ¿Cómo ve el presente?

Hemos mejorado muchísimo. Es algo que hemos ido haciendo entre todos: contemporáneos, clásicos, flamencos, etc. Cada cual ha aportado su grano de arena, aunque también es verdad que nos falta mucho para llegar al nivel de otros países.

 

¿Qué falta?

Se necesitarían más recursos. Pero el desarrollo de una disciplina tiene que ver también con qué tiempo y qué energía quiere poner toda la sociedad en ello, no sólo los bailarines o la prensa o los políticos. Esto se nota, por ejemplo, en el interés que hay por la cocina: ahora los cocineros son famosos, algo impensable hace unos años en España.

 

Y Gelabert, ¿ha cambiado mucho en estos años?

Ahora es cuando de verdad empiezo a saborear mis trabajos.

 

Orion. Del 22 de febrero al 4 de marzo en el Teatre Lliure de Barcelona. El 24 de marzo, en Atrium de Viladecans. Gira a partir de otoño.

 

 

 

CAZADOR CIEGO BUSCA EL SOL. Dos años de investigación y lecturas, con el asesoramiento científico de Óscar Vilarroya, ha llevado a Gelabert la gestación de Orion. Una completa inmersión en la ciencia contemporánea para explorar la relación entre materia y vida, desde el movimiento puro de las partículas subatómicas hasta las múltiples morfologías del mundo animal para llegar a la conciencia y las pasiones humanas. Pero no se trata, ni mucho menos, de un trabajo conceptual. Todo lo contrario, lo que pretende es colocar al espectador ante la emoción de la vida en directo. Orion parte de la consideración de que “toda la vida es una”: un tejido, una red de elementos materiales íntimamente relacionados e interdependientes. Dividido en tres partes, el espectáculo evoluciona ofreciendo un amplio abanico de movimientos de gran variedad estilística. Orion I: el big bang, el punto de partida de la materia, que se expresa en un baile abstracto, muy puro. En Orion II, con base en las teorías de Darwin, predominan los movimientos orgánicos. Con el último tramo, Orion III, llegamos al hombre, las neurociencias cognitivas y la emoción que surge de la materia: la danza se acerca a lo teatral, el cabaret, Pina Bausch, casi el esperpento. El ser humano con toda su carga pasional.

Francisco López, reconocido compositor de música experimental, ha creado distintos ambientes sonoros que evolucionan con la coreografía: sonidos abstractos para la primera parte y sonidos naturales para la segunda. En el último tercio, música original de Borja Ramos con temas adicionales de Bach, Haendel, Paganini, Erykah Badu, King Crimson y Raimon, entre otros. Como apoyo, imágenes y breves animaciones a modo de sugerencia para el espectador.

¿Y por qué precisamente Orion? “Es un título que, más que definir el espectáculo, busca sugerir”, comenta Gelabert. “Es una palabra de grandes resonancias, que evoca la gran constelación de luz y estrellas, que a su vez toma el nombre de un mito griego: Orion el cazador ciego, que camina hacia el oriente para encontrarse con el sol.”

RAQUEL VIDALES

 

 

<< Artículos 2007

 

 

Principal | Número actual | Agenda | Suscripciones | Números anteriores | Artículos | Quienes somos

Gran Vía 67, oficina 511.  Madrid 28013 - España (Spain).  Teléfono:  91 185 53 46

Copyright©2006-2008 Susy Q    www.susy-q.es     danza@susy-q.es   Webmaster:  webmaster@albaanzola.com