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Publicado
en Susy Q 7
- Marzo/Abril 2007
Sylvie Guillem
Estrella terrestre
Texto : David Rodrigo Balsalobre
Foto: Bill Cooper
Artista prodigio, musa de Maurice Bejart y Rudolf Nureyev,
Sylvie Guillem la bailarina de todos los superlativos,
emprende desde hace unos años nuevos caminos gestuales y hoy
mira hacia otros horizontes.
Push, el espectáculo que ha
montado con Russell Maliphant llega a Madrid esta temporada.

Sus cualidades físicas excepcionales, limpieza de
movimiento, sentido dramático e inmenso talento hacen de
Sylvie Guillem una de las grandes estrellas de la danza de
su generación. Nacida en París, en febrero de 1965, su
prematura carrera se bifurca al abandonar a los 11 años la
gimnasia por la escuela del Ballet de la Opera de París. Su
fulgurante ascensión en la jerarquía de esta escuela le hace
entrar, con tan solo 16 años, en el cuerpo de baile del
prestigioso ballet francés. En diciembre de 1984 a los 19,
Rudolf Nureyev, entonces director artístico, le nombra
Danseuse Etoile al final de su primer Lago de los
Cisnes. Sin titubeos interpreta los papeles principales
de innumerables ballets clásicos, especialmente aplaudido
fue su Kitri de Don Quijote (“como el champán” según
Nureyev), hace historia participando en creaciones más
modernas: France/Dance e In the middle Somewhat
Elevated, de William Forsythe, Mouvement Rythme-Ètude
y Arepo de Maurice Bejart, La Cenicienta de
Rudolf Nureyev, o El Martirio de San Sebastián
de Robert Wilson.
A
pesar de su éxito, el restrictivo contrato de la Opera de
París y el deseo de completar sus inquietudes artísticas en
el extranjero le empujan a abandonar, cuatro años mas tarde
de su nominación como Etoile, para ir al Royal Ballet
de Londres. Allí continua bailando los roles clásicos,
principalmente Marguerite et Armand (primera
bailarina en retomar este papel tras Margot Fonteyn) pero,
paralelamente, Mats Ek crea para ella Wet Woman y
Smoke y Bejart le dedica tres ballets. Su tendencia a
dirigirse hacia roles más actuales y dejar los papeles
clásicos se confirma definitivamente cuando en 2003
participa en el trío Broken Fall, del coreógrafo
Russell Maliphant y su aceptación de bailar Sacred
Monsters junto a Akram Khan, coreógrafo indo-británico
de moda. Su proyecto Push, con Maliphant, hoy
gira por todo el mundo y le toca ahora aterrizar en el
Teatro Real de Madrid.
Push,
íntegramente coreografiado por Maliphant se compone de tres
solos y un dúo. Abre Solo (2005) una obra donde se
revela la belleza femenina y la técnica clásica de Guillem,
le sigue Shift (1996) solo bailado por Maliphant,
concebido como un dúo virtual entre la realidad del cuerpo y
su sombra y Two, el tercer solo del programa (creado
para Dana Fouras en 1997 y reinterpretado por Guillem desde
2004), es un magistral condensado del trabajo del coreógrafo
en el que se presenta a un cuerpo prisionero en una caja
imaginaria que despide una tensión y energía hipnotizante.
Finalmente Push (2005), obra que da título a la
velada, es un dúo que crea un dialogo físico e íntimo
reducido a la más estricta simplicidad. Tras el paso de este
espectáculo por el Teatro de los Campos Elíseos de París,
Sylvie Guillem nos recibe en su lujoso hotel para hablarnos
de como vive estos nuevos retos.
¿Qué motiva a una gran estrella del ballet clásico como
usted a dirigirse hacia un tipo de danza más moderna?
La gente piensa que es algo reciente pero en cierta
medida siempre lo he hecho. Cuando bailaba en la Opera de
París siempre tuve la oportunidad de trabajar con
coreógrafos de diferentes horizontes. Probar otros estilos
me hizo comprender la influencia que tenían en el clásico
que yo hacía y que gracias a ellos me construía de manera
más completa.
¿Cómo abordó físicamente y psicológicamente este cambio?
Fue a menudo doloroso físicamente pero eso también es
algo que he aprendido a hacer. A pesar de que la danza
clásica es relativamente completa me sorprendió sentir
músculos que antes no solicitaba ¡y eso que pensaba que ya
los utilizaba todos...! Psicológicamente fue fácil puesto
que estaba convencida de que eso era lo que quería hacer.
¿Qué criterio necesita para aceptar un nuevo proyecto?
Lo más importante es que me emocione y sorprenda.
Acepto un proyecto cuando siento que va a mostrar una manera
diferente de ver las cosas de siempre.
Su primer trabajo de Maliphant, Broken Fall, ¿supuso
el punto de inflexión donde decidió el nuevo camino que iba
a emprender?
Realmente no fue una decisión categórica.
Todas las decisiones que he tomado en mi carrera han sido
para poder hacer algo que me conmueve y veo con ciertos
valores. Y así fue con las obras de Maliphant, algo
instintivo, primero tuve ganas de probar para ver lo que
sucedia físicamente y luego lo que sentí como artista fue
decisivo.
Ya es la segunda vez que trabaja con Maliphant ¿Cómo lo
conoció?
Yo fuí a ver en The Place, en Londres, a unos amigos
del Royal Ballet que bailaban en un programa con obras de
Russell que me cautivaron y tras conocerle personalmente le
pedí que nos hiciese un trío. De ahí nació Broken Fall
una estupenda experiencia en la que aprendí muchísimo.
Durante esta creación hicímos varias improvisaciones juntos
y la química funcionó, así que decidímos montar Push,
pero esta vez solo para nosotros dos.
¿Que parte de Push prefiere bailar?
Lo importante en Push no es lo que bailo sino
cuando lo bailo. Existen diferentes etapas, mi estado de
ánimo no es el mismo en cada una de estas etapas. Push
hay que verlo en conjunto. Cada momento procura el placer
que ese momento debe procurar, con sus dosis de tensión y
miedo. Yo tengo tres piezas diferentes y cada una me aporta
sensaciones únicas según su estilo y momento preciso.
¿Que le aporta Maliphant que no ve en otros coreógrafos?
Me aporta su estilo, su visión del mundo, su lenguaje,
me interesa lo que dice y la manera de decirlo. Tenemos
muchos puntos en comuún respecto a lo que nos gusta. La
estética japonesa, las artes marciales, estamos de acuerdo
sobre muchas cosas y eso se traduce automaticamente sobre el
escenario. Rusell tiene una serenidad y una potencia raras
de encontrar. Reúne dos cualidades opuestas, una especie de
fuerza tranquila. Sus obras tienen como un eco, es algo que
dura y queda marcado en mi cuerpo. Hay un intercambio que se
desprende de ellas y eso es lo que encuentro en él y no en
los otros coreógrafos. Otros coreógrafos me aportan otras
cosas pero ahora es esto lo que quiero sentir.
Ese eco que le dejan las coreografías de Maliphant ¿Le hace
pensar en un trabajo con él a largo plazo?
Si, pero todo depende de la vida, no hay que olvidar
que existen las relaciones humanas, artísticas, vías que se
bifurcan, reencuentros...
pero
cuando uno aprecia algo siempre intenta saborearlo el mayor
tiempo posible, al menos intentar explorarlo.
En 1988 firmó su primera y única coreografia, el solo
Classic Instinct ¿Que recuerda de esa experiencia?
Recuerdo
haber pasado mucho miedo e inseguridad, no me arrepiento de
haberlo hecho pero no lo volvería a hacer, al menos en esas
condiciones. Siempre he buscado acabar bien las cosas.
Cuando hice Classic Instinct había demasiada
inseguridad por mi parte como para dejarla bordada.
¿La
coreografía es pues un capítulo cerrado para el futuro?
Digamos que he encontrado otra manera de hacerlo.
Prefiero trabajar junto a otra persona ofreciendo ciertas
ideas o proposiciones.
Pero no quiero volver a encontrarme sola frente a una página
en blanco, porque para mí eso fue terrible.
¿Qué obra y de quién le gustaría haber podido bailar?
Oneguin
de Cranko, ese sería el unico ballet que hubiese querido
añadir a mi repertorio. Tambien me hubiese gustado trabajar
personalmente con Kylian, pero aun tengo tiempo para hacerlo
puesto que !también me queda lo que aún no he hecho!
¿Que obra tuvo miedo de afrontar?
Todas. Es paradójico, siempre tengo ganas de hacerlas
pero siempre me dan miedo. Nureyev me propuso, siendo yo una
joven estrella en la Opera de París, bailar Giselle y
yo me negué a hacerlo, le tenía mucho respeto a este ballet.
Su proposición llegaba demasiado pronto, no lo habría
bailado bien, tenía que vivir un poco más. No era una
cuestión de técnica sino de madurez.
Giselle es un ballet que parece muy apreciado por usted. Hizo
dos adaptaciones, una para el Finnish National Ballet y otra
para la Scala de Milan...
El lugar de Giselle en la historia representa
para mí el ballet “perfecto”. Un primer acto que presenta
personajes y situaciones reales; el amor, la confianza o la
muerte y un segundo acto irreal, de ensueño. En este ballet
tenemos la posibilidad de vivir en nuestro tiempo y también
en un mundo que no existe. El problema es que el tratamiento
tradicional que se le ha dado la reduce a una tonta
campesina y al principe en un honbre inseguro. Siempre me ha
molestado ver Giselle tratada tan superficialmente y
esto ha ido creciendo en mí hasta que pude hacer mi propia
visión. En ella encontré una lógica y una profundidad que
permite alejarse de la mera proeza técnica.
¿Sylvie Guillem mañana?
Tengo un proyecto del que aún es demasiado pronto para
hablar, mezclará danza y teatro. De momento Push va a
girar durante año y medio, y a esto se unen también los
espectaculos con Akram Khan. Luego la vida acaba llevándote
por su propio camino...
Push. Teatro Real de Madrid. 31 de marzo al 4 de abril.
www.teatro-real.com
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