Publicado en Susy Q 9 -  Julio/Agosto 2007

 

El Boston Ballet de gira por España

SÍLFIDE BOSTONIANA

 

La agrupación norteamericana, una de las más potentes de Estados Unidos, inicia una espectacular gira española que la llevará a seis de los más relevantes festivales de verano con un programa doble que incluye La sílfide y Classic Balanchine

 

Texto: Alberto Ibarra

 

 

 

Desde que hicieron una potente gira por España, en 1991, la trouppe del Boston Ballet, una de las agrupaciones clásicas de mayor empuje en Estados Unidos, no salía de casa. Y después de 16 años se moverán por vez primera para volver y cumplir una ambiciosa gira por el país que los convertirá en protagonistas de seis de los más relevantes festivales españoles de verano. Bajo la dirección artística del finlandés Mikko Nissinen y con un repertorio que alterna La Sylphide, de August Bournonville, y Classic Balanchine, una selección de piezas del famoso precursor del neoclásico (que incluye Serenade, una de sus más inspiradas creaciones), los artistas norteamericanos esperan escuchar ovaciones a lo largo de seis semanas en las que visitarán el Festival de Teatro y Danza de Las Palmas, los Veranos de la Villa, de Madrid; el Festival Castell de Peralada, en Cataluña; la Temporada de Ballet de Mallorca y la Quincena Musical, de San Sebastián. “Somos una compañía muy sedentaria. Casi no salimos de Boston. Alguna vez hicimos una gira a Nueva York pero ni siquiera fue con todo el elenco. Así que esta visita a España es todo un acontecimiento por aquí. Es algo que queremos potenciar porque nos permitirá ser más conocidos y es muy estimulante para nuestros bailarines”, comenta Trinidad Vives, bailarina y maestra española, que es directora artística asociada de la agrupación desde que Nissinen llegó a dirigirla en 2001.

Fundado en 1963, el Boston Ballet se ha convertido en toda una institución de la danza en Estados Unidos y en la actualidad dispone de un elenco de 50 bailarines, entre los que se cuentan los españoles Yuri Yanowsky y Raúl Casasola, las estrellas Erica Cornejo, de Argentina, y la cubana Lorna Feijóo, además de un nutrido grupo de bailarines, muchos de ellos latinos procedentes de Colombia, Puerto Rico, Cuba y otros países del sur. “No los buscamos por latinos sino porque son muy buenos. Muchos de ellos vienen aquí porque no hay compañías en sus países que puedan ofrecerles la oportunidad de bailar en grandes producciones de clásicos y al mismo tiempo ponerlos en contacto con coreógrafos de hoy como Jiri Kylián o William Forsythe. Aunque tenemos muchos, no somos los únicos. Hay bastantes latinos en otras compañías norteamericanas. El ABT [American Ballet Theater, de Nueva York] también tiene muchos”.

 

Bailarines de nivel

En su sede, un fantástico edificio en el barrio South End que fue diseñado por el arquitecto Graham Gund y que está considerado uno de los más grandes y mejores equipados del país, además de la compañía, funciona el Boston Ballet II, una agrupación junior que sirve de transición entre el conservatorio y la vida profesional de jóvenes talentos y el Boston Ballet Center for Dance Education, donde reciben clases unos 3000 alumnos al año incorporados en los diferentes programas educativos que ofrecen como el Ballet School, Young Dancers Summer Worshop (Taller de Verano para jóvenes), Summer Dance Program (Programa de Danza de Verano), Dance Lab (centro de investigación y creación artística), Citydance, Adaptive Dance y Taking Steps. “No todos los que pasan por la escuela terminan en la compañía. Cogemos pero no muchos porque tenemos también audiciones abiertas aunque últimamente más porque queremos potenciar también la escuela. Lo importante es que queremos a los mejores. El fuerte de esta agrupación está en sus bailarines, tienen un nivel muy alto, pueden bailarlo todo, desde un lago de los cisnes hasta una obra de Forsythe, están entrenados para que sea así y eso nos convierte en una de las mejores compañías de Estados Unidos”.

Usualmente la compañía se presenta en el Wang Theatre de la ciudad, un local con capacidad para 3600 espectadores, donde cumplen con seis programas distintos al año, siendo ya tradicional la representación navideña de su producción de El Cascanueces, de 1995, que puede convocar a 120.000 espectadores cada diciembre, incluyendo una serie de funciones matinales que reúnen a cientos de niños de distintos colegios de la ciudad. “Al público de Boston le encanta lo que hacemos pero es como en todas partes, cuando no hay dinero lo primero que hacen es dejar de venir. Los ballets clásicos son los que tienen más éxito. Resulta más difícil atraer al público cuando tenemos programas de coreografías nuevas, de obras contemporáneas, pero cuando viene le gusta. Es una cuestión de educar”.

 

Compañía de repertorio

Si bien es cierto que gran parte de su programa activo está centrado en el rescate y preservación del repertorio tradicional con títulos como La Bella Durmiente, El lago de los cisnes, La bayadera, Cenicienta, El Corsario y joyas neoclásicas como el Onegin y Otra vuelta de tuerca, de John Cranko, el Boston Ballet es todo un hervidero de nuevas ideas coreográficas. De origen finlandés, Miko Nissinen fue bailarín brillante y apasionado docente en su país. Desde los diez años inició su entrenamiento en la Finish Nacional Ballet School de Helsinski y pronto empezó a ascender. Perfeccionó sus estudios en el Kirov y formó parte de, Dutch Nacional Ballet, el Basel Ballet y finalmente, el San Francisco Ballet. Su carrera como director artístico llegó a la cima durante su gestión en el Alberta Ballet, de Canadá que, en sus manos, se convirtió en una compañía internacionalmente reputada. Conocía de estos avatares al coreógrafo en ascenso Jorma Elo, un asiduo del Nederlands Dans Theater de Holanda, y tuvo ojo como apuntarlo recientemente como coreógrafo residente. La decisión ha sido atinada y el creador finlandés se colocó en la portada de la prestigiosa revista norteamericana Dance Magazine hace algunos meses como gran talento revelación y sigue acaparando la atención cada vez que estrena con los diestros chicos del Boston Ballet. Es la otra cara de la compañía que no conoceremos por España. “En Estados Unidos las compañías grandes suelen ser de repertorio aunque casi todas, como nosotros, tengan programas de contemporáneo. Los festivales españoles que vamos a visitar nos pidieron dos programas clásicos, La Sylphide, y Balanchine que, aunque era ruso, desarrolló su carrera aquí, y es muy americano. No querían piezas contemporáneas porque es lo que más se ve en Europa, no les resulta fácil programar compañías con grandes producciones de clásicos como nosotros. Quizá si planteáramos otra gira, entonces llevaríamos un repertorio más variado”.

De las dificultades de abrirse camino exclusivamente dentro del repertorio clásico, Trinidad Vives sabe mucho. Admite que de haber existido una infraestructura en España no se hubiese marchado. “Probablemente me hubiese quedado. Empecé mi carrera por Europa. Gané el Premio de Lausanne en 1977, me fui al Hamburg Ballet, con John Neumeier, luego al English National Ballet, en Londres. Me vine a Estados Unidos a bailar en el Cincinatti Ballet y después como maestra al Houston Ballet hasta que me llamó Nissinen para venir a Boston”. En todo este periplo su vida fue haciéndose en Estados Unidos. Su esposo es americano y tiene una hija. “Pero siempre vuelvo a España, me encanta, está la familia y los amigos, que están todos reservando entradas para venir a vernos”, concluye.

 

Boston Ballet en España. Festival de Teatro y Danza, Las Palmas (25 al 28 de julio); Veranos de La Villa, madrid (1 al 4 de agosto); Festival Internacional de Santander (8 al 10 de agosto); Festival Castell de Peralada (14 y 15 de agosto); Temporada de Ballet, Mallorca (18 de agosto) y Quincena Musical de San Sebastián (21 y 22). www.bostonballet.org

 

 

 

LA ETÉREA BALLERINA. Pocos iconos estéticos tan universalizados como el de la bailarina romántica. El ideal de mujer etérea e inasible en la Europa de principios siglo XIX, se sintetiza de la mejor manera en La sílfide, la obra de Filippo Taglioni estrenada en 1832 en la Ópera de París. Su primera intérprete, Marie Taglioni, la bailarina cristiana, a decir de Teófilo Gautier, impactó con su imagen lírica y perturbadora a un tiempo, causando notable influencia en la sociedad burguesa de su época. Quizás la versión de este histórico título más ceñida al espíritu real del Romanticismo, sea la realizada por Augusto Bournonville, estrenada por Lucile Grahn y el coreógrafo danés el 28 de noviembre de 1836 en el Teatro Real de Copenhague, introduciendo la partitura de Hermann Lovenskjold. El tratamiento que hace Bournonville de la célebre obra preserva su esencia poética en cuanto a gesto corporal y atmósfera escénica, dotándola de un depurado código expresivo y una vigorosa sublimación técnica.

La sílfide de Augusto Bournonville es una reconstrucción coreográfica hecha desde el conocimiento directo y riguroso de la obra original y su tiempo. La escuela danesa de ballet es un preciado legado de Bournonville, que permitió la trascendencia definitiva del ballet romántico en el mundo. CARLOS PAOLILLO

 

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