Billy Elliot El Musical

De esquiroles y danzantes

Tras su éxito de once años en el West End londinense, la historia del chico que quiere bailar llega a Madrid, con la música de Elton John

La clave del éxito de Billy Elliot, la película de 2000 y el musical posterior estrenado en Londres cinco años después, radica en cruzar dos líneas que deberían transitar por caminos separados. Son dos historias, cada una más previsible y convencional que la otra. Por un lado, la de un traumático y convulsionado momento político-social de Reino Unido: la desaparición de la actividad minera en el norte de Inglaterra, que dejaba en el paro a cientos de trabajadores que, entre 1984 y 1985, plantaron cara a las drásticas políticas de Margaret Thatcher, la llamada Dama de Hierro, con una huelga larga, violenta e inútil por unas reivindicaciones que tenían muy pocas posibilidades de ganar. En el polo opuesto, está el relato de Billy Elliot, el hijo de uno de estos hoscos mineros, que quiere dedicarse al ballet y debe superar los prejuicios alrededor de una profesión que no goza de popularidad en los barrios deprimidos de la periferia, donde los chicos practican boxeo, y el ballet, si acaso, es cosa de niñas.

De haberse rodado dos películas con estas historias, ninguna superaría los convencionalismos. Del filme político la una, y de la mil veces manida historia de superación personal que ha de atravesar un artista de vocación en un medio hostil, la otra. El hallazgo verdadero del guionista Lee Hall y el director debutante Stephen Daldry, el mismo que años más tarde rodó la muy conmovedora Las horas, está en cruzar los dos conflictos, el social de los mineros relatado a la manera del cine social verista británico impuesto por cineastas como Ken Loach o Mike Leigh pero matizado en su dureza por un personaje conmovedor que lucha por llegar al Royal Ballet pese a la hostilidad y reticencia del ambiente. Sin la presencia de una madre que le oriente, el padre viudo es un minero que espera que su hijo también lo sea a pesar de la evidencia que dice que la actividad va a desaparecer. Le cuesta creer en el sueño de Billy pero la convicción del chico va ganando terreno hasta el punto de convertirlo en esquirol para poder reunir el dinero necesario para la audición. El resultado fue una película que trascendió los circuitos del cine indie, pese a serlo, y batió récords de taquilla, enamorando y marcando a toda una generación con una historia emocionada y emocionante que caló hondo en la sensibilidad colectiva, llegando a convertirse en referente y patrón del que salieron filmes tan notables como Full Monty o más recientemente Pride.

“El hallazgo de ‘Billy Elliot’ está en cruzar dos conflictos, el social de los mineros relatado a la manera del cisne social versito británico pero matizado en su dureza por el niño que lucha por llegar al Royal Ballet pese a la hostilidad del ambiente”

Pero Billy Elliot, la película, no era un musical. La música tenía presencia y protagonismo con los temas de T Rex (inolvidable la secuencia de títulos de crédito iniciales con Billy saltando sobre una cama). No obstante, el mismo día del estreno del filme, fuera de competición en el Festival de Cannes 2000, se sugirió que un musical le encajaba perfecto. Se dio la casualidad que Elton John, conmovido con el filme, avaló la idea, y de inmediato se tomó la decisión. Se eliminarían las canciones de T Rex y John, que tenía experiencia en los musicales El Rey León y Aída, crearía la música a partir de las letras que el mismo Lee Hall escribiría. Tampoco fue inmediato y el musical no vio la luz en el West End londinense hasta el año 2005, donde se mantuvo en cartel durante once años, con un éxito descomunal. En Nueva York duró seis, y ahora irrumpe traducido al español en Madrid, conservando las mismas directrices. La línea argumental de la película se mantiene pero Hall ha querido acentuar la trama de la huelga y las alusiones a las políticas de Thatcher, al tiempo que Daldry, desde la dirección, ha dado espacio a los números musicales inexistentes en el filme y a las coreografías ideadas por el veterano Peter Darling. Desde SOM Produce vienen trabajando desde hace dos años en la puesta española. Con apoyo del Ballet Víctor Ullate crearon una escuela en la que se han entrenado los niños que darán vida a Billy en las distintas funciones y han contado con los actores Carlos Hipólito para el papel del padre y Natalia Millán para el de la conmovedora Señorita Wilkinson, la abnegada profesora a la que en el cine diera vida Julia Walters.

Texto_ALBA ANZOLA

Billy Elliot, el musical. Desde el jueves 5 de octubre. Teatro Nuevo Alcalá (Madrid). www.billyelliot.es

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