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El #metoo acorrala a Jan Fabre

Una veintena de bailarinas de Troubleyn, la compañía del creador belga, ha publicado un manifiesto con serias acusaciones de abuso sexual que amenazan con derrumbar la reputación del alabado coreógrafo

 

Hubo un detonante. El pasado junio, en una entrevista televisada donde se discutía sobre los resultados de una encuesta oficial acerca del acoso sexual hecha a propósito de la repercusión global del movimiento #metoo, el coreógrafo belga Jan Fabre, célebre director de la agrupación Troubleyn, se vanagloriaba de que en los cuarenta años de existencia de su compañía nunca hubo incidentes de abuso sexual. El tácito pacto de silencio que al parecer reina en el entorno de Fabre se rompió esa noche y muchas intérpretes de la compañía comenzaron a hablar entre ellas sobre los distintos episodios de acoso, humillaciones e intimidación que habían sufrido por parte del director. Y decidieron pasar a la acción, contando con el respaldo del Instituto Para la Igualdad de Mujeres y Hombres.

Veinte intérpretes (antiguas y actuales, testigos o víctimas de abusos, anónimas algunas, otras con su propio nombre como la cotizada coreógrafa islandesa Erna Omarsdottir, que trabajó para Fabre en los años 90) elaboraron un largo y detallado manifiesto que, publicado ayer en la Revista de Arte Rekto-Verso, causó un inmediato revuelo de grandes proporciones en redes sociales y puso en marcha a la Auditoría de Trabajo de la Fiscalía de Amberes, que ya ha abierto una investigación que pretende llegar al fondo del escabroso asunto.

Rekto-Verso en un ejercicio de transparencia periodística publicó también la respuesta oficial de Troubleyn, que niega las acusaciones e invita a las partes a sentarse a dialogar calmadamente. Reconocen que Fabre tiene “una fuerte personalidad y un estilo directo” que hace posibles sus “obras radicales” pero defienden que todo se hace en un marco de “mutuo acuerdo y respeto”.

Sin embargo, no es eso lo que se desprende del incendiario manifiesto que pone contra las cuerdas a Fabre por su comportamiento durante los ensayos y fuera de ellos. Las firmantes aseguran que en apenas dos años ha habido seis bajas de intérpretes que se marcharon debido al acoso sexual por parte del creador. Se habla también de unas muy espeluznantes y selectivas sesiones privadas y semi-secretas de fotografía con algunas bailarinas que eran invitadas por Fabre, que es también artista plástico, para estos proyectos artísticos en su casa por las que pagaba grandes cantidades de dinero negro, y en las que el coreógrafo las incitaba a tomar alcohol y drogas para luego pasar a las proposiciones sexuales.

Las firmantes aseguran que esto no es “cosa de una generación más sensible” sino una situación sistematizada que se remonta a muchos años atrás. Una de las afectadas relata que hace quince años vivió una situación embarazosa cuando Fabre la puso en la tesitura de tener relaciones sexuales con él a cambio de darle un solo en una de las producciones. “No sex, no solo”, es el término con el que describe la situación. Otra dice: “Él nos llama sus guerreras de la belleza pero al final terminas sintiéndote más como un perro abatido”. Humillaciones públicas a una bailarina que había engordado y la amenaza xenófoba de “si no lo consigues te mando de vuelta a tu país” hacia una intérprete no europea, figuran entre los cuestionables comportamientos citados en el manifiesto.

Jan Fabre es, ciertamente, un artista radical famoso por llevar hasta el límite a sus intérpretes y doblegarlos en escenas muy directas y explícitas (afeitarse la vagina, abrirse de piernas estando desnudas, orinarse… son acciones comunes en sus propuestas). Aparecen en un contexto de libertad artística y de expresión. No obstante, las declaraciones del manifiesto hablan de un peligroso traspasar los límites, que con toda seguridad le va a salir muy caro a Fabre, ahora señalado por un asunto que hoy la sociedad considera de gran trascendencia y en el que no hay perdón posible. Desde el Ministerio de Cultura (Fabre es un verdadero emblema de la Nueva Danza belga) han pedido respetar la presunción de inocencia para el artista, pero la investigación está en marcha y habría ahora que ver lo que ocurrirá con su reputación. Se trata del primer escándalo mayúsculo del #metoo en la danza contemporánea que, hasta ahora, tenía un único precedente en el ballet académico con la dimisión de Peter Martins, el que fuera legendario director del New York City Ballet.

La nueva creación de Fabre, el solo The Generosity of Dorcas, interpretado por Matteo Sedda, uno de los bailarines de Mount Olympus, su maratónico espectáculo de 24 horas, está programado en el Festival Temporada Alta, de Girona (25 de noviembre) y en el Teatro Central (6 y 7 de abril de 2019), escenario sevillano donde Fabre es una estrella habitual.

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