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Fragilidad y belleza

Teatros del Canal hace justicia al traer a Raimund Hoghe, artista alemán de gran reputación desconocido en la capital, con dos obras representativas de su discurso

 

FOTO_Rosa Franck

Madrid, 22 de octubre de 2018

A pesar de la enorme reputación de la que goza en ciertos ámbitos de la danza más vanguardista, el trabajo de Raimund Hoghe (Wuppertal, 1949), artista alemán con una larga trayectoria, es prácticamente desconocido en Madrid. Por eso parece relevante la iniciativa de Teatros del Canal de hacer justicia y traerle a la capital con dos obras de tiempos muy distintos, que puedan aproximar al público a su discurso, siempre nostálgico y no pocas veces doloroso. Así, el solo Lettere amorose, quizá una de sus creaciones más representativas, podrá verse los días 24 y 25 de octubre, mientras que su obra reciente para grupo La Valse subirá a escena los días 27 y 28.

Podría decirse que la fragilidad, la belleza y la búsqueda de emociones son verdaderas obsesiones en la vasta producción del reputado bailarín y coreógrafo alemán. Coinciden estas obsesiones con las preocupaciones de su propia vida. Nació enano, jorobado y con vocación para la danza. Al principio sintió que su lugar estaba fuera del escenario. Escribió para el semanario Die Zeit y durante una década, de 1980 a 1990, fue dramaturgista de Pina Bausch.

No fue hasta 1994 cuando decidió subir a un escenario con Meinwärts, su primer solo, que suponía un cuestionamiento a una sociedad que tenía en mente un único modelo de bailarín, basado principalmente en la belleza física y no tanto en la sensibilidad. “Podrán escribir que tengo una joroba pero me resisto al hecho de que equiparen el ser diferente a ser feo. ¿Es Arnold Schwarzenegger agraciado?, ¿son eróticos los labios inyectados de botox?”, se ha preguntado el artista, que ha desarrollado una obra muy comprometida, combativa y política.

El salto de Raimund Hoghe al escenario fue tardío, quizá por su propia condición y el prejuicio generalizado hacia los cuerpos que no encajan en los patrones usuales de belleza asociados a la danza. Buena parte de su obra ha supuesto una reflexión acerca del cuerpo y la belleza desplegada en coreografías como Young People, Old Voices (2002), Sacre - The Rite of Spring (2004) o Swan Lake, 4 Acts (2005).

Sueños de inmigrantes

Lettere amorose fue creada en 1999 pero sigue vigente en sus motivaciones iniciales. El punto de arranque es la carta que hallaron en los cadáveres de dos adolescentes africanos que, escondidos en el ala de un avión, intentaron llegar sin éxito a Bruselas, aquel año de 1999. Hoghe da forma artística, pone cuerpo y voz a esta carta (y otras trágicas misivas) en la que un malogrado adolescente africano habla de la esperanza y la ilusión de una vida nueva en Europa. A día de hoy se cuentan por centenares las personas que han muerto intentando alcanzar una vida mejor en nuestro continente. Aquella carta y otras cuatro igual de emocionadas se conjugan con la música de Monteverdi y se concentran en el cuerpo de Hoghe durante las cinco secciones de este contundente unipersonal.

La Valse, por su parte, es pieza grupal y reciente pero en ella permanecen intactas las mismas preocupaciones que siempre han movido a Hoghe. Suena Ravel. El cuerpo pequeño y frágil del bailarín y coreógrafo tumbado boca abajo sobre el escenario intenta nadar. Se incorporan a la escena el resto de bailarines que aparecen cubiertos por mantas grises, que recuerdan a las que cubren los cuerpos de los inmigrantes a punto de hipotermia que día a día se rescatan de nuestros mares, una imagen ya tristemente familiar y cotidiana del telediario. No hay mucha danza pero el foco está colocado en la intensidad de las emociones. La Valse, de Ravel, es una música que ilustra perfectamente la dimensión de esta tragedia con sus emociones contradictorias de exaltación y duelo. Compuesta como “un fantástico remolino del que nadie puede escapar” tiene la belleza intrínseca del vals vienés y las parejas felices que lo suelen bailar, evocadora quizá de la ilusión suicida que mueve al inmigrante a lanzarse al mar y al mismo tiempo, el retumbar catastrófico y devastador de la I Guerra Mundial, comparable al destino trágico de muchos de ellos.

Pero hay más música que Ravel en La Valse y más que dolor en sus intérpretes. Se trata de una pieza que da cuenta de las búsquedas de Hoghe en todos estos años, obras comprometidas con nuestro tiempo y nuestra problemática pero que en medio de la tragedia que denuncian exaltan también la fortaleza y la belleza del ser humano expresadas a través de sus bailarines, de danzas y músicas tan evocadoras e inspiradoras como las de Josephine Baker, Patti Page o Gypsy Baron.

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