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Cuento de Navidad en Octubre

La Compañía Nacional de Danza asume su segundo ballet completo después de Don Quijote. La versión de Cascanueces de José Carlos Martínez tendrá su estreno mundial en el Centro Baluarte de Pamplona esta noche y temporada en el Teatro Real de Madrid la próxima semana, antes de seguir ruta por El Escorial, Sant Cugat del Vallés y Murcia.

 

Texto_OMAR KHAN Fotos_JESÚS VALLINAS

Madrid, 26 de octubre de 2018

¿Qué es lo que hace tan fascinante al ballet Cascanueces? Hay quien dice, razonablemente, que la clave está en la música de Tchaikovsky. Hay quien apuesta por su inequívoca vinculación emocional a la Navidad con su cuento edulcorado (y no es metáfora pues buena parte de la acción se desarrolla en el País de los Caramelos). Sin embargo, la investigadora Jennifer Fisher adelanta una teoría sociológica muy interesante en su libro, de 2003, Nutcracker Nation: How an Old World Ballet Became a Christmas Tradition in the New World (Nación Cascanueces: Cómo un ballet del Viejo Mundo se convirtió en una tradición navideña en el Nuevo).

A lo largo de sus páginas, Fisher analiza a Cascanueces como un fenómeno social típicamente norteamericano, más allá de los valores artísticos de la obra. Esta coreografía, emblemática de la Escuela Rusa de Ballet del siglo XIX, fue estrenada en Norteamérica en 1944 por el San Francisco Ballet y a partir de allí devino en obra de culto hasta alcanzar el estatus de tradición navideña, a la altura quizá del mismísimo Santa Claus. Y ya se sabe, lo que se hace de culto en el país del norte se convierte en legendario en el resto del planeta pues no hay país que venda mejor al extranjero su cultura y sus costumbres que Estados Unidos.

Los norteamericanos, sin pudor alguno, incorporaron Cascanueces a su ya aparatosa tradición navideña. No hay compañía de ballet norteamericana, grande o pequeña, profesional o amateur, que no escenifique Cascanueces por Navidad. Se dice que un altísimo porcentaje de los americanos asegura que Cascanueces fue el primer ballet que vieron en su vida y que un porcentaje, aún más alto, está convencido de que Cascanueces es un ballet creado en Estados Unidos por un norteamericano. Como mucho, se aventuran a señalar a Georges Balanchine, que era ruso, algo que muchos de ellos tampoco saben. Numerosísimos colegios de todo el país escenifican Cascanueces por Navidad y si te gradúas y nunca bailaste un rol protagonista a lo largo de todo el ciclo escolar, fácilmente puedes ser clasificado de looser en una sociedad muy inclinada a dividir a sus ciudadanos en ganadores y perdedores.

El fenómeno, desde luego, no ha sido ajeno al mundillo del ballet. Y las versiones y adaptaciones se cuentan por decenas. Entre las compañías profesionales de un país competitivo por naturaleza se desató hace ya años una auténtica batalla por ver quién tenía el Cascanueces más espectacular, llamativo y cool, en una disputa cruenta pero no oficialmente declarada que pareció encontrar su fin cuando el ABT (American Ballet Theater), de Nueva York, derrochando medios estrenó su producción en la que el árbol de Navidad en la casa de Clara, la protagonista, comenzaba a crecer hasta perderse por los confines más altos del escenario en una escena espectacular. Y se demostró así que el que lo tuviera más grande era el que ganaba. En estas cosas (como en tantas otras) el tamaño sí importa.

¿Importa el tamaño?

José Carlos Martínez se ríe de los tamaños del árbol en su modesta oficina de La Chopera en Madrid, sede de la Compañía Nacional de Danza (CND), agrupación que dirige y con la que se dispone a estrenar su propia versión de Cascanueces en la que, advierte, el árbol no va a crecer. España no tiene semejante tradición ni la CND recursos para efectos especiales de esa categoría pero Martínez confía en que podrá conquistar a sus espectadores a fuerza de imaginación e ingenio con un título muy conocido. “No es solamente por no tener los medios sino también por la voluntad de no hacer un montaje típico como los del mundo anglosajón”, explica convencido. Habrá, asegura, todo lo que fascina al público. Garantiza Vals de las flores, viaje al País de Caramelos, Copos de Nieve, danzas árabes y españolas, habrá Clara y Cascanueces/Príncipe, estarán las hadas y todo lo que la tradición impone. No es un Cascanueces transgresor en absoluto. Pero todo armado desde la sensibilidad de nuestro tiempo y muy en función de las necesidades y limitaciones de la CND. La escenografía modular, sencilla y a la vez imponente, fue diseñada por Mónica Borromello pensando en una producción que debe girar y ser capaz de adaptarse a distintos tamaños de escenario. Y en este sentido, el tamaño sí importa.

“No tenemos un teatro propio y hay que girar con esta producción y presentarla muchas veces en teatros que no tienen posibilidades, así que hemos diseñado una puesta más contemporánea que evoca la casa sin ser casa y donde el árbol crece sin crecer. La casa es una diagonal, los muros se abren, la escenografía está incluida en la coreografía. Hay que hacerlo respetando la tradición pero hay que tratarlo con los medios que tenemos hoy. Nuestro árbol es ejemplar: está compuesto de bolas de árbol navideño gigantes y a la hora de crecer lo que ocurre es que la Reina de los Ratones lo atraviesa y las bolas se esparcen por todos lados. Con soluciones de ese tipo evocamos Cascanueces sin recurrir a la escenografía tradicional”.

¿Reina de los Ratones? A quien le suene raro habría que decirle que entre las novedades del Cascanueces de la CND está el rescate de este personaje inexistente en el ballet original pero muy trascendente en el cuento que le inspira, lo que acerca el montaje de la CND a los orígenes literarios casi olvidados de este cuento navideño que ha trascendido en forma de ballet académico.

“Ha sido interesante verificar que la versión de ballet tradicionalmente no tiene mucho que ver con el cuento de Hoffman, que es muy sombrío. Quería para nuestra versión quitar un poco de caramelo y me aproximé más al cuento, recuperando a esta Reina de los Ratones que no está nunca en el ballet. Es ella la que hace que el Príncipe se transforme en Cascanueces. Sorprendentemente el relato está bastante cerca al cuento de horror. Esta Reina le come la cara a una princesa recién nacida que crece desfigurada y se transforma en una especie de bruja. No contaremos nada esto pero al introducir al personaje he querido dar una pincelada que me permitiera aproximarme a la reescritura de Hoffman por parte de Alexandre Dumas, que en realidad ha sido tradicionalmente la base de este ballet usualmente pensado para niños.”

Cascanueces será un hito importante para la compañía que con este estreno celebra sus 40 años de existencia, ratificando su compromiso con la herencia académica pero sin olvidar su naturaleza contemporánea. Su estreno mundial está previsto para el 26 de octubre en el Centro Baluarte de Pamplona, pasando de inmediato al Teatro Real de Madrid e iniciando gira confirmada por El Escorial, Sant Cugat del Vallés y Murcia, donde recalarán en plenas navidades.

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Continuidad

José Carlos Martínez no ha sido ajeno al ballet  Cascanueces. Durante su largo período como estrella del Ballet de la Ópera de París bailó en numerosas ocasiones la espectacular versión de Rudolf Nureyev pero también otras, como la de Neumeier. Admite que no ha sido un título que le haya dejado huella pero era muy adecuado para dar continuidad a la línea de ballet clásico que emprendió con la CND desde su llegada hace cinco años y una continuación lógica y perfecta después del éxito que supuso Don Quijote, el primer ballet clásico completo estrenado por la CND hace tres años con gran éxito y que todavía sigue girando.

“Después de Quijote queríamos seguir esta línea de hacer títulos del repertorio. No hay una razón especial para Cascanueces aunque también es verdad que nos interesaba porque no tenía esos actos blancos que hay en El lago de los cisnes o La Bayadera, que requieren un trabajo muy complejo de cuerpo de baile, algo en lo que seguimos trabajando para poder llegar. En este sentido, Cascanueces sigue más la línea de Quijote, donde hay muchos personajes y se puede jugar con la personalidad de cada uno de los bailarines”.

Tras la experiencia Quijote, Martínez cree que la compañía está en óptimas condiciones para afrontar las exigencias de Cascanueces. No hay que olvidar que de alguna manera la CND en sus manos ha venido a nadar a contracorriente, ampliando su línea tradicional de neoclásico y contemporáneo, con tendencia a compañía de autor durante los 20 años que la dirigió Nacho Duato, a sumar ahora el repertorio académico, decisión que impone unos bailarines técnicamente preparados para asumir estos retos.

“Yo creo que ya somos la compañía que quería que fuéramos, donde tiene cabida todo tipo de técnicas y espectáculos. Con los medios que tenemos hemos llegado al máximo de lo que podemos hacer pero ahora tenemos los problemas internos que no nos dejan ir más allá. A mi llegada hacíamos 32 representaciones al año y ahora vamos por 80, yendo y viniendo todo el rato. Esto nos limita a la hora de las nuevas producciones. Cuando nos lanzamos con un Cascanueces casi que no podemos hacer nada de la línea más contemporánea porque nos falta tiempo y dinero para poder hacerlo. Nos gustaría hacer crecer el número de producciones pero habría que estudiar cómo podremos hacerlo porque la evolución interna que podíamos tener ya la hemos hecho”, concluye.

Compañía Nacional de Danza. Cascanueces. Estreno mundial en Baluarte (Pamplona), los días 26 y 27 de octubre. Teatro Real (Madrid), del 3 al 10 de noviembre. Auditorio de El Escorial, el 8 de diciembre. Auditori de Sant Cugat del Vallés, 14 y 15 de diciembre. Auditorio Víctor Villegas (Murcia) Del 20 al 22 de diciembre.

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